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Cállense o hablen claro
*Texto de Todd McEwen publicado en The Guardian sobre la novela de Javier Marías “Baile y sueño”, segunda de la trilogía “Tu rostro mañana”.
Julio de 2006
Este segundo volumen de la trilogía Tu rostro mañana prosigue con su relato de la vida y las opiniones de Jaime Deza. Este, un nostálgico y elocuente español que está a punto de darse cuenta de que ha alcanzado la mediana edad, ha abandonado a su esposa y se ha ido a Inglaterra, donde le suceden algunas de las peores cosas británicas posibles. Debe pasar mucho tiempo en Oxford. Trabaja en la BBC. Luego es reclutado por uno de los servicios de seguridad. Aparentemente. O posiblemente. Jaime es intérprete (aunque un intérprete con una diferencia). A pesar de interesarse tanto por la historia, la lengua y la muerte, Baile y sueño es en ocasiones fantásticamente divertido. Una noche, en “el campo” con su superior, Jaime se topa con su archienemigo, un libertino ordinario y obseso de los toros con una sinecura en la embajada española. Su “absoluta presunción al comparar (digamos) el trabajo que implica seducir a una mujer con entrar en el ruedo y enfrentarse a un toro enfurecido delante de una multitud de espectadores definitivamente era fascista”. Más tarde, en busca de este especimen y una mujer con la que tal vez se haya fugado, Jaime, un individuo esencialmente retraído, se ve obligado a realizar un exhaustivo reconocimiento sólo para hombres en el lavabo de una mujer. Con audacia, abre la puerta, repitiendo la palabra “seguridad” una y otra vez: “Y allí estaba, esa hilera de piernas… Noté detrás de mí más expectación o curiosidad que indignación o alarma, los oportunistas que nos gobiernan han hecho que la gente tenga tanto miedo que nos hemos vuelto dóciles rápidamente, sobre todo cuando nos enfrentamos a alguien que blande la aterradora y omnipresente palabra –‘Seguridad'- que todo lo justifica, incluso supuestamente usos y abusos irónicos de ella, y humillaciones que fingen no ser humillaciones, sino, cómo puedo expresarlo, puramente funcionales”. A partir de ese tipo de comentario se nos introduce en la visión del mundo de Jaime, y es una visión apasionada: apasionada por épocas de sentimientos mejores, nostálgica de los años cincuenta de su infancia, tal como la vivió durante la pesadilla franquista. Jaime es un idealista, pero un idealista que no puede viajar a ninguna parte sin la música de Henry Mancini, nada menos. Jaime ha sido contratado para trabajar en un “edificio sin nombre” por su capacidad no sólo como intérprete entre español, italiano e inglés, sino también para interpretar a personas y vidas enteras, incluso hasta el punto de narrar historias que todavía no han ocurrido. Lejos de ser clarividente, se hace patente al leer estos libros que la facilidad de Jaime es precisamente la del novelista. En uno de sus muchos niveles fabulosos, Tu rostro mañana es una nostálgica exploración de lo que el futuro de la conciencia del escritor puede ser en el mundo. El mensaje no es que los escritores serán usurpados por los gobiernos para sus sórdidos propósitos, sino que cualquier mente literaria será incontenible, que siempre se alzará y seguirá ofreciendo al mundo lo que siempre ha necesitado del arte de la ficción: un diálogo entre vivos y muertos. La estructura de estas novelas es totalmente artística. Javier Marías puede dejar caer varias cargas de profundidad en una página. Uno podría interpretar que Jaime no es distinto de los neuróticos y aislados narradores de la ficción “posmodernista” (por utilizar un término que él mismo reconocería como algo carente de significado). Al principio, Marías mantiene un estricto control del mundo, casi como si fuera un vacío; el ligero aire a novela de espías, y no es más que eso, aumenta la tensión que uno siente en este hermoso y gesticulado debate sobre la historia y la verdad. (En estos libros hay una tensión insoportable, y una humanidad igualmente insoportable, o una lucha por ser humano). Luego, de forma repentina y asombrosa, nos aparta de este mundo claustrofóbico y especulativo reproduciendo una conversación entre Jaime y su padre, víctima y superviviente de la Guerra Civil española. Esto forma parte de un debate cíclico y diestro sobre la memoria, que se forja con pasión en Jaime y se convierte en su lucha por decidir qué visión del mundo debería tener el ciudadano moderno. Te ves inundado por mentiras, manipulaciones y blogs: ¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Callarte y salvarte? ¿O hablar, puesto que hablar y respirar son la misma cosa? Jaime explora ambas opciones. Utiliza el don de su novelista, o su “maldición”, como él dice en varias ocasiones, comparando historia y cotilleo con lo que se puede ganar de una confesión directa y honesta. (Pedro Almodóvar comentaba en una ocasión que creía que era un buen realizador porque es un buen confesor). Marías es espléndido en las muchas formas en que faltamos a la verdad, nuestro poder aparentemente ilimitado para olvidar el sufrimiento que hemos infligido.
*Obtenido de “El boomeran(g). Blog literario latinoamericano.
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Carlos Rivera
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