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El esplendor en las ruinas
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EL ESPLENDOR EN LAS RUINAS
A Pablo García Baena
CARLOS RIVERA

Cuando las laderas del Yébel-al-Arus, el Monte de la Novia, se cubrían de nieve con la flor del almendro de cada primavera, resplandecía una leyenda de amor entre los muros de Medina Azahara. El aire que bajaba de la sierra de Córdoba por los linderos de lo que hoy es San Jerónimo se hacía transparencia. En los parterres de la ciudad estival de los omeyas florecían las rosas y cantaban los pájaros. A la sombra de las bibliotecas la cultura de Grecia adquiría madurez intelectual en la ciudad omeya y volaba desde los pergaminos a los confines de una Europa en incógnito. Desde el tratado de botánica médica de Dioscórides a la filosofía de los helenos, toda la sabiduría del Oriente y del Occidente se forjaba en luz de Córdoba y al-Amiryya estaba poblada de luceros. Eso fue antes de que Ben-Suhayd dijera con sus lágrimas : “creía la gente que nunca se ajaría aquella hermosura”. Antes de que la ruina lo trastocara todo y los poetas de varios siglos venideros sembraran elegías por la hermosura fenecida entre los desolados vientos de la Historia. Desde al-Zahra lloraron Ben-Zaydun y Pablo García Baena y Antonio Muñoz Molina y los que a mediados de los años setenta del pasado siglo sentimos la nostalgia y la presencia de la ciudad transparente y seguimos pidiendo inútilmente noticias de Córdoba. Nos llegan ahora. Vienen como una emoción para recordarnos el esplendor entre las ruinas. La princesa Wallada con un sueño de amor. El corazón tembloroso de Azahara, flor de las nieves. Los versos de “El collar de la paloma”. Sólo las piedras nos dejaron. En cada piedra habla un poeta y pervive una fragancia errática. Mas los jardines se convirtieron en desiertos. La delicada vegetación de los capiteles y las arquetas de marfil y el cervatillo ausente son como lágrimas que el tiempo nos devuelve para una exposición de las metáforas.
La refinada Córdoba esparcida en el tiempo retorna fragmentada. Todo excita al recuerdo del céfiro, a la aromática pupila del nenúfar. Vuelve a nosotros y nos deja sedientos. Nuestra mirada se jactará de lo que rehusamos, de lo que vendimos, de lo que expoliamos y perdimos. El esplendor es sólo una caricatura del pasado. Una imposible cita para ladrones del placer. “Regada estaba por las lluvias de la vida”, decía Ben-Suhayd. ¿En qué lluvia hemos perdido su rastro?. Lo que retorna es la tristeza como una palmera solitaria. A seiscientas pesetas compraremos la entrada del deseo de contemplar su memoria como si fuera la memoria nuestra. De veras, querido Pablo García Baena, ¿ a quién pediremos realmente noticias de Córdoba ?. ¿ A los museos de medio mundo ?. ¿ A nuestra propia nostalgia ?. Nuestros vándalos se dedicaron a vender los despojos : jarrón cerámico, pieza catalogada número uno. Epitafio de Ukar. Mármol de llanto en memoria de la concubina de Muhamad I. Plato con dromedario. Se han borrado las huellas de las hermosas casas de Balat Mugit. Los arqueólogos las hallarán un día como vírgenes espiritualmente insepultas en los aledaños de la nueva ronda de poniente. Los deliciosos días de vino y rosas están en cualquier parte. Sólo soñándolos los recordaremos en los astrolabios de la Historia, perdidos entre una vegetación de polígonos industriales o convertidos en un aire de mayo por las calles de cualquier arrabal de la noche. Algún muchacho del siglo XXI se enamorará de su espectro. Sabrá que la nieve de los almendros que poblaban el Monte de la Novia es cálida como los besos de una udrí. Y escribirá un poema nuevo. Como si Ben Suhayd y Pablo no hubieran existido seguirá inquiriendo noticias de Córdoba. Dirá : “no había más bellleza en este mundo”. Y un domingo, con un hermoso libro de versos bajo el brazo, se sentará en las ruinas, subastará sus lágrimas entre los turistas accidentales , conocerá qué fue de ella en su destierro. Y de repente se cumplirá la profecía : mirando en torno suyo verá erguirse palacios, correr los ríos del Edén y toda la ladera del Yébel-al-Arus poblándose de almendros.. Como si nevara. Como si noviara.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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