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Carmen Laforet
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Carmen Laforet


*De Wikipedia

Carmen Laforet Díaz (Barcelona, 6 de septiembre de 1921 - Madrid, 28 de febrero de 2004) fue una escritora española. Aunque nacida en Barcelona, a partir de los dos años se trasladó a las Islas Canarias. Allí transcurrieron su infancia y adolescencia. Estudió Filosofía en Barcelona y Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, pero abandonó ambas carreras a los 21 años y marchó a Madrid, donde se casó. Salta al primer plano de la literatura española cuando en 1944 gana el primer Premio Nadal con su novela “Nada”, narración en primera persona de la apertura al mundo de la joven Andrea, quien se instala con unos familiares en Barcelona para iniciar sus estudios universitarios; sin embargo, el medio que la rodea la conducirá al desengaño. La novela es también el testimonio del desmoronamiento físico y moral de algunos sectores de la pequeña burguesía en los primeros años de la posguerra, pues en ella retrata la burguesía catalana del principio del franquismo. La obra sintonizó con las expectativas del público y se vendieron tres ediciones sólo en el mismo año de su publicación y ganó en 1948 el Premio Fastenrath de la Real Academia Española; figura entre las obrea clave del realismo existencial que dominó el panorama narrativo europeo de los años cuarenta.
En 1952 publica “La Isla y los Demonios”, donde narra el paso de la niñez a la adolescencia –en un mundo también degradado- de Marta, fundándose en su propia experiencia juvenil en Las Palmas de Gran Canaria. “La mujer nueva” (1955), sobre su reconversión al catolicismo, ganó el Premio Nacional de Literatura de 1956 y el Premio Menorca de Novela de 1955. Siguió La Insolación (1963, primer volumen de la trilogía “Tres Pasos fuera del Tiempo”). Viajó a Estados Unidos invitada en 1965; sobre la vida americana publicará su libro de viajes y ensayo “Mi primer viaje a USA” (1981); allí conoció además al novelista Ramón J. Sender, con el que intercambió una interesante relación epistolar. Entre sus libros de cuentos destacan “La Llamada” (1954) y “La Niña y Otros Relatos” (1983). Casi toda la obra de esta autora gira en torno a un mismo tema central: el del enfrentamiento entre el idealismo juvenil y la mediocridad del entorno.
Escribió además, novelas cortas, libros de cuentos y narraciones de viaje. En 2003, su hija Cristina Cerezales publicó “Puedo contar contigo”, que contiene la relación epistolar entre su madre y Ramón J. Sender, un total de 76 cartas en las que la escritora desvela su silencio literario, su patológica inseguridad y su deseo de resguardarse del contacto social, que después cristalizó en un distanciamiento paulatino de la vida pública acelerado por una enfermedad degenerativa que afectaba a su memoria, mal de Alzheimer. Su situación personal era dura, ya que se había separado en 1970 y le faltaba estabilidad económica, pero también por las circunstancias generales: el clima político y social, con un machismo que hacía que en las entrevistas deba responder a preguntas como si quiere más a sus hijos o a sus libros y por lo gris del mundillo literario, que ella ve repleto de envidias, enemistades y rencillas. Laforet no quería adscribirse a ninguno de “estos reinos belicosos”, por lo que, asegura, la consideraban “enemiga de todos. O tonta, o malvada, o lo que sea. Yo no soy luchadora”. El infatigable Sender es su antítesis, y la anima constantemente a que escriba. Sender le confiesa que “el césar pequeñito” es la única persona a la que guarda rencor. El autor de “Réquiem por un campesino español” detallará a su amiga sus crisis de ansiedad “porque no me avengo a ser viejo”. La religiosidad es otro tema de las cartas, pues ambos creen en Dios con distintos matices y comparten una devoción hacia Santa Teresa de Jesús. Falleció en Madrid el 28 de febrero de 2004.

Obras

•Nada (1945), novela
•La isla y los demonios (1950), novela
•El piano. Madrid: Rollan, 1952
•La llamada (1954), relatos
•La mujer nueva (1955), novela
•Un matrimonio. (1956). Novela.
•Gran Canaria (1961), ensayo
•La insolación (1963), novela
•Paralelo 35. Barcelona: Planeta, 1967. Libro de viajes.
•La niña y otros relatos (1970), relatos
•Artículos literarios. Eastbourne: Stuart-Spencer Publications, 1977. Artículos.
•Mi primer viaje a USA (1981), ensayo.
•"Rosamunda. Cuento". En: Cuentos de este siglo. Encinar, Ángeles (ed.). Barcelona: Lumen S.A., 1995, pp. 73-78.
•"Al colegio. Cuento". En: Madres e hijas. Freixas, Laura (ed.). Barcelona: Anagrama, 1996. Cuentos.
•Al volver la esquina (2004), novela



Fragmento de “Nada”


Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos. Estoy segura de que mi madre y mis hermanos tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, que saben en todo momento lo que quieren, lo que les parece mal y lo que les parece bien… Y que han sufrido muy poca angustia ante ningún hecho.
(...)
Me compensaba el trabajo que me llegaba a costar poder ir limpia a la Universidad, y sobre todo parecerlo junto al aspecto confortable de mis compañeros. Aquella tristeza de recose los guantes, de lavar mis blusas en el agua turbia y helada del lavadero de la galería con el mismo trozo de jabón que Antonia empleaba para fregar sus cacerolas y que por las mañanas raspaba mi cuerpo bajo la ducha fría.

De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras y las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo.
Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons. Durante cinco días había yo intentado almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente. Hasta entonces me había sido fácil dar la espalda a lo que quedaba atrás, pensar en emprender una vida nueva a cada instante. Y aquel día yo había sentido como un presentimiento de otros horizontes.
Mi amigo me había telefoneado por la mañana y su voz me llenó de ternura por él. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito. Me acordaba de un sueño que se había repetido muchas veces en mi infancia, cuando yo era una niña cetrina y delgaducha, de esas a quienes las visitas nunca alaban por lin- das y para cuyos padres hay consuelos reticentes.
Esas palabras que los niños, jugando al parecer absortos y ajenos a la conversación, recogen ávidamente: «Cuando crezca, seguramente tendrá un tipo bonito», «Los niños dan muchas sorpresas al crecer»... Dormida, yo me veía corriendo, tropezando, y al golpe sentía que algo se desprendía de mí, como un vestido o una crisálida que se rompe y cae arrugada a los pies. Veía los ojos asombrados de las gentes. Al correr al espejo, contemplaba, temblorosa de emoción, mi transformación asombrosa en una rubia princesa —precisamente rubia, como describían los cuentos—, inmediatamente dotada, por gracia de la belleza, con los atributos de dulzura, encanto y bondad, y el maravilloso de esparcir generosamente mis sonrisas… Esta fábula, tan repetida en mis noches infantiles, me hacía sonreír, cuando con las manos un poco temblorosas trataba de peinarme con esmero y de que apareciera bonito mi traje menos viejo, cuidadosamente planchado para la fiesta. «Tal vez —pensaba yo un poco ruborizada— ha llegado hoy ese día.»
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Carlos Rivera » Nuestra literatura » Respuesta

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