El mundo según Irving
*Texto de Isabel Núñez (“Culturals”. Diario La Vanguardia)
John Irving (Exeter, New Hampshire, 1942) es el prolífico y dotado autor de “El mundo según Garp”, “Una oración para Owen” y “La mujer difícil,” por citar algunas de sus más emblemáticas novelas, publicadas en España por Tusquets, de un libro de relatos o del guión de “Las normas de la casa de la sidra”.
“Hasta que te encuentre” es la undécima novela del escritor norteamericano. En las cerca de mil páginas que la componen encontramos todos los temas recurrentes de John Irving: su fascinación edípica, con una variación de su escena original (el niño que sorprende a su madre con un amante, y su graciosa interpretación), el abandono y la búsqueda del padre o la construcción de la identidad y la atracción sexual por las mujeres mayores. Pero si en sus anteriores novelas el autor había mostrado una intensa empatía por sus personajes femeninos, parece que esa comprensión se terminó: esta novela concentra su despecho contra las mujeres, aquí hábiles manipuladoras, depredadoras, mentirosas, incluso abusadoras del pobre Jack y fervientes adoradoras de su prepubescente falo.
Jack es hijo de Alice, una tatuadora de origen escocés, y de William, un organista enganchado al tatuaje, que los ha abandonado. Alice emprende una búsqueda por el mar del Norte, Copenhague, Amsterdam, Oslo, etcétera, siguiendo los órganos y los tatuadores que pueden haber atraído a William, para que asuma su responsabilidad paterna. En su itinerario, Alice se mantiene tatuando a los clientes que encuentra o prostituyéndose cuando eso no basta. El niño contempla fascinado la atmósfera circense o de gabinete de curiosidades de tatuadores y tatuados, lisiados, ciclistas, prostitutas y organistas, en un cásting algo almodovariano. Tal vez la estancia en el barrio de las putas de Amsterdam (la madre le dice a Jack que los clientes acuden a ellas en busca de consejo) sea uno de los mejores y más fecundos momentos de la novela. Después, Alice se cansa de buscar y mete a Jack en un internado de niñas, donde las mayores le inician en el sexo.
Su concepto de abuso resulta curioso: parece que Jack lo pasa muy bien y que echa de menos a sus seductoras. A su traumático despertar contribuye una niñera que también es su entrenadora de artes marciales, la señora Machado. El adolescente está hechizado con los poderosos gestos de su cuerpo de luchadora de sumo y parece incluso agradecido del supuesto daño.
En cierto momento, Jack descubre que su madre le mintió y que esa mentira ha condicionado su vida. Tras convertirse en actor de Hollywood -muchas veces travestido-, emprende su propia búsqueda de William y acude a una psiquiatra.
Entre genial y exasperante
Dijo el Nobel serbio Ivo Andric que al buen escritor no se le conoce por su capacidad de escribir, sino por la de borrar. Irving, que sin duda muestra aquí genialidades capaces de transportar al lector, también le agota y exaspera. Parece como si hubiera perdido la capacidad de cortar (un crítico ha contado aquí más de 117 personajes, con nombre y trayectoria) y su autodisciplina. Hace falta una aportación más potente para justificar mil páginas.
La solidez de algunos pasajes, la inteligente fluidez con que escribe (y aquí no es ajena la impecable traducción castellana de Carlos Milla Soler), los destellos de su excavación autobiográfica, el humor y la ironía conviven aquí con la falta de contención y de economía, y una tediosa manía fálica, una visión del mundo alrededor del Señor Pene que encaja con el vacío del personaje paterno y las lagunas de la personalidad del perdido narrador.
A diferencia de lo que ocurre en este país, donde los escritores encumbrados apenas reciben malas críticas (y sólo los desconocidos se someten a la máxima exigencia), John Irving ha sido vapuleado en algunas prestigiosas publicaciones literarias anglosajonas por esta novela. Pese a todo, el autor ofrece a sus lectores páginas de entretenimiento y placer. Lástima que haya renunciado a la economía.
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