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FUMARADAS


Marbellas

CARLOS Rivera

(05/04/2006)



La gran Marbella que prometía el sátrapa de Gil y Gil cuando arrasó en las urnas la construyeron los pobres con sus votos, aunque la inmensa mayoría de aquella mayoría absoluta no consiguiera participar del gran festín de la corrupción urbanística. Son esos mismos pobres los que ahora insultan a la alcaldesa Yagüe , que se limitó a seguir, como Julián Muñoz , el indocumentado novio de la Pantoja , el hilo de la trama. En el reparto de culpas del gran latrocinio de la especulación hay que adjudicarle su cuota alícua de responsabilidad a los electores de Marbella, una cuota importante, sin presunción de inocencia porque ellos, en las sucesivas elecciones municipales, siguieron el juego sin importarles las consecuencias. Los partidos convencionales, con sus tránsfugas vendidos al mejor postor como la otrora modelo ético Isabel García Marcos en el PSOE y otros en el PP y en el Partido Andalucista, no escapan a esa culpa. Ni la Junta de Andalucía que, oliendo a podrido, pecó por omisión mirando hacia otro lado y dejando que las moscas que acudieron al panal de rica miel hicieran su agosto. ¿A qué viene ahora ese hipócrita rasgamiento de vestiduras? Todos ellos, sin olvidar a los gobiernos centrales, han conseguido que Marbella se transforme en mal vista y que su modelo de crecimiento se haya convertido en símbolo de lo más innoble del noble arte de la política. Y es sólo un aviso de lo que está ocurriendo a la vista de todos en otros lugares de nuestros paradisíacos litorales y bellos interiores. Que no se ponga a investigar en cada ayuntamiento de España la Fiscalía Anticorrupción porque nos podríamos seguir encontrando marbellas , giles , yagües y julianes muñoz en todo lugar donde la palabra "ayuntamiento" se interprete como "hay untamiento" o como "mangoneo", perla grabada por la SER de ese edil de Orihuela.
Antes de Gil y Gil, cuando las playas eran "lugares arenosos e improductivos de la costa" como se decía en el chiste de Mingote , llegó la plaga de la especulación franquista. Tiempos en los que los Banús, Girón de Velasco y otros ilustres depredadores compraron por un precio menos que simbólico casi toda la costa malagueña. Ya se olían aquel panal de rica miel que iba a resultar el turismo consagrado por Fraga con el lema del Spain is different . De aquella plaga especuladora nada se dijo. Era aquel tiempo el "Tiempo de silencio" de la novela de Luis Martín Santos . La plaga se extendió de costa a costa. Los blancos pueblos marineros se convirtieron en objetivo de constructores codiciosos que amasaron inmensas fortunas a costa de la corrupción del paisaje. Cuando llegó la democracia ya estaba consolidada tal corrupción. El panal de rica miel fue creciendo y las moscas pasaron de constructores a políticos populistas cuyos discursos embaucaron a los incrédulos y a los que, no siéndolo, contribuyeron tácitamente a la corrupción descarada.
En muchos de esos lugares turísticos donde la especulación sin conciencia sigue amasando fortunas, gobiernan casi siempre no los partidos convencionales sino grupúsculos que bajo las siglas más curiosas e "independientes" están integrados por tránsfugas de los grandes partidos. Y ahí no se salva nadie. Eso da idea de la dejación de los gobiernos autonómicos y centrales ante el problema de la corrupción urbanística. Lo que ocurre es que la táctica de mirar hacia otro lado, después de la punta del "iceberg" de Marbella, ya no estará exenta de presunción de culpa. Habrá que exigir responsabilidades políticas antes de que cada ayuntamiento de España se convierta en una cueva de ladrones.
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