Blanca Varela : más allá del dolor y el placer
Mas alla de tendencias, modas, afanes innovadores, la ruta expresiva de Blanca Varela se distingue por el imperturbable apego a la verdad interior que la impulsa. Asi ha sido y sera. Y aunque esa verdad haya surgido penosa, grave, el lenguaje ha tratado de serle fiel, de recortarse segun sus limites, de ajustarse a sus complejas modulaciones. Con el tiempo, ese lenguaje ha llegado a moverse dentro de los linderos precisos de lo que debe ser dicho, ¿para que mas en un universo ppoetico que no es conceesivo en lo mas minimo?. La obra de Blanca Varela hasta hoy recogida tiende a la parquedad y a la concentracion. Seis libros publicados desde 1959, ninguna prisa y una severa autocritica. Son sus titulos: “Ese puerto existe”, “Luz de dia”, “Valses y otras falsas confesiones”, “Canto villano”, “Ejercicios materiales” y “El libro de barro”, ademas, una edicion de poesia reunida , bajo el titulo de “Canto villano”, y dos antologias aparecidas en Lima y en Madrid. En todos ellos habita un ser estremecido por las condiciones de la existencia, no unicamente la suya, y cuyo genero es solo relativamente importante en funcion del tratamiento de algun tema especifico. Casi nada hay en estos versos que se identifique con patrones aceptados de lo femenino. La mirada que sustenta la expresion revela una femineidad que cuestiona, que se hace fuerte en la debilidad, que llama a las cosas por su nombre, que no esconde sino encara; una femineidad, repito, poco coomun, poco reconocida, que no ha dado lugar a un topico. Enclavada en la que se ha dado en llamar "generacion del 50", su voz es inobjetablemente evolucion de su poetico. Pero en los inicios de su lenguaje poetico este se expandia dando vuelo a la imagen, una inclinacion sin duda emarentada con los usos surrealistas que se difundian en el Peru de los años cuarenta. La trayectoria poética de Varela no confirma una filiación surrealista, antes bien, con el tiempo la imagen se hace emnos azarosa y menos espléndida, sigue siendo imagen, pero escueta, incisiva, al servicio de la idea y del pensamiento y no del propio lenguaje. Tal vez por una necesidad de autorreconocimiento y de uniformidad, decide eliminar trece poemas del primero de sus libros en la edición mexicana de su poesía reunida, diez de ellos formaban "El fuego y sus jardines", título de la primera parte del poemario, y los otros tres aparecían al final. Curiosamente en la mayoría de ellos las imágenes de influencia surrealista se extienden autogenerándose, y su eliminación reduce la huella de este "ismo". Uno de esos casos es "La ciudad", poema que abría Ese puerto existe
Su viaje a París, en 1949, la puso en contacto con el pensamiento existencialista, el cual echaba sus raíces en la realidad de la Europa en posguerra. El existencialismo se alimentaba en cierta forma de la vida cotidiana, de sus situaciones extremas, y era fácil embeberse de él viviendo en una ciudad que había conocido los límites de la supervivencia. En la poesía de Varela se irán acentuando la honda reflexión existencial y los sentimientos de desencanto y náusea, rasgos que, aunque asociados a este ámbito, invaden, sin embargo, toda su producción pues se hallan identificados con una manera personal de ver el mundo. Cuando diez años después publique su primer libro en México, Octavio Paz recordará en el prólogo las preocupaciones y los sentimientos de esos años vividos en común con otros artistas latinoamericanos y en sus palabras puede también advertirse cierta consonancia con el existencialismo, debido a la inevitable huella dejada por los tiempos: "No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo. El poema o el cuadro eran exorcismos, conjuros contra el desierto, conjuros contra el ruido, la nada, el bostezo, el claxon, la bomba. Escribir era degenderse, defender a la vida. La poesia era un acto de legitima defensa. Escribir: arrancar chispas a la piedra, proovocar la lluvia, ahuyentar a los fantasmas del miedo, el poder y la mentira". Para Octavio Paz, la poesía de Blanca Varela era un signo de su tiempo, el cual no hacía más que nombrar: "Después de la guerra no salimos al Paraíso o al Infierno: estamos en el Túnel.
*webs.demasiado.com/aedosmil/1-varela.htm
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