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FUMARADAS
El plató
CARLOS Rivera
(15/03/2006)
Ahora resulta que al EGM (Estudio General de Medios) le ha salido un contubernio, una trama que ha manipulado las estadísticas en lo referente a las audiencias de la radio. Acusan a la COPE. ¡Caray, siempre la emisora de los monseñores dando el cante! Pero no es eso lo que me preocupa, sino esa sensación de desfachatez moral en la que han caído ciertos medios, radiofónicos o televisivos, utilizando mil y una artimañas para tejemanejar al personal con encuestas manipuladas a mayor gloria de los números de oyentes, televidentes, que proporcionan cuantiosos beneficios económicos tanto a la voz como al amo. Eso no me parece ético. Pero ¿cómo vamos a preguntar por la ética en estos tiempos en los que se apalizan niños hasta dejarlos en coma, se reincide continuamente en mentiras políticas, se extiende como una mancha de aceite por doquier la corrupción urbanística más o menos solapada o se comete una bajeza política, como la que ha cometido la comunidad de Madrid, gobernada por el PP, de retirarle la ayuda a la Asociación de Víctimas del Terrorismo del 11 de Marzo? Ahora que estamos todos tan globalizados en el redil de lo que llaman presuntuosamente "el estado del bienestar" la única ética posible es la de la resistencia militante, tras habernos convertido sin rechistar en un pasivo económico que proporcionamos pingües beneficios a los que manejan el cotarro, tanto en audiencias, como en dinero, que es el resultante de este tinglado de la eterna farsa. Desde que a principios de los años sesenta del siglo pasado la televisión comenzó a sustituir a la familia orgánica como unidad de destino en lo convivencial, productores de programas y comunicadores estudian los pormenores morales de la tribu para venderle lo que quiere. Es el control remoto al que estamos sometidos con una absoluta impunidad por parte de quienes lo perpetran. Con las pesas y medidas del morboso placer de entrometerse en las vidas ajenas, evalúan al personal, buscan los ingredientes adecuados e invitan a la gente a promiscuirse, aunque sea lavando los trapos sucios en ese público corral donde los gallos que más cacarean se convierten por unos días en los héroes del vecindario de su barrio o de su pueblo. Tal es la situación moral que han generado los incomedimientos de ciertos medios de comunicación que nos preguntamos, como se preguntó Wyoming a propósito de la televisión generalista, si existe vida inteligente entre los habitantes del plató real y del plató virtual de los receptores del mensaje. Me asombra ciertamente que tanta degeneración televisual no haya convertido todavía a este país en un desierto de ignorancia. Sólo si me refresco la memoria veo el proceso. Al principio todos nos hacíamos maravillas ante aquel plató fantástico que ponía al mundo en nuestros ojos, aunque fuera un mundo en blanco y negro. Luego, con la llegada de las televisiones privadas la competencia sólo generó incompetencia. Y en los tiempos de ahora, con tanto cable y tanto digital, la situación no ha mejorado sino que ha dividido el plató televisivo en un plató desigualitario. Aquel "interés general" que nos vendía Alvarez Cascos sólo está al alcance de quien pueda pagar la multiplicada oferta televisiva. Supongo, en definitiva, que es lo que el sistema siempre había deseado: mantener el orden natural también dentro del plató, cada uno en su sitio y todos relajantemente hibernados y dirigidos por el control remoto. El verdadero mando a distancia.
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