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La obra poética de Julia Uceda
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La obra poética de Julia Uceda

*Texto de María del Mar Rodríguez Alvarado


A principios de los años 60, en aquella época de la Extraña Juventud, un poema construido en futuro categórico dibujaría con propiedad un singular YO/TU poético: "Julia Uceda, qué has hecho de tu sombra". Y así prosigue bordeando el abismo tenebroso de “La Trampa”: "Mujer sin huella, cuerpo/ sin apellido/ denominas al humo, a las lluvias y al viento."

Su autora, Julia Uceda, es de esas escritoras de talento y brillante trayectoria pero tal vez poco conocida en los círculos amplios de lectores. Eso hasta hace poco, ya que recibió el 2003 el Premio Nacional de Poesía por la publicación de En el viento, hacia el mar, una excelente antología de su obra a lo largo de más de cuatro décadas editada por la Fundación José Manuel Lara (Colección Vandalia) que sin duda contribuyó a la difusión de su producción poética.

Nacida en Sevilla en 1925 aunque afincada en El Ferrol, Julia Uceda estudió Filosofía y Letras en esta ciudad, donde además realizó su tesis doctoral sobre el poeta José Luis Hidalgo. Su trayectoria de vida es muy interesante, ya que después de obtener la cátedra de Literatura Española en la Universidad de Sevilla, Julia se trasladó a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Michigan, y allí dio clases de literatura en la Michigan State University. Su obra poética es abundante y ha sido traducida al portugués, inglés, chino y hebreo.

El acercamiento a la poesía de Julia Uceda ofrece la posibilidad de abordar un mundo de simbolismos recurrentes que llaman la atención y que confieren homogeneidad, significación, estructura en el tiempo y personalidad genérica a la expresión creativa de la autora andaluza. A efectos de este estudio, quisiéramos aplicar a la obra de Julia Uceda dos conceptos desarrollados en el ámbito de la psicología conductista y psicoanalítica: proyección e identificación.

Básicamente se entiende por proyección el mecanismo orientado a atribuir a objetos externos características, intenciones y motivaciones que el sujeto desconoce en sí mismo. La proyección puede realizarse tanto sobre objetos inanimados (existentes o creados) como sobre seres animados. De acuerdo a los planteamientos psicoanalíticos, la proyección consiste en atribuir al mundo externo procesos psíquicos reprimidos que no se reconocen como de origen personal, a consecuencia de los cuales el contenido de estos procesos se experimenta como percepción externa.

La identificación, cuya definición debe ser manejada unida a la de proyección, constituye un mecanismo psíquico inconsciente mediante el cual se establece un vínculo emotivo con otros elementos, personas o situaciones en las que el sujeto se conduce como si fuera el elemento mismo, la persona o como si participara de la situación a la que le une ese vínculo. La proyección puede dar como resultado una identificación, que en este caso se denomina "identificación proyectiva", en la cual el individuo experimenta como propias conductas de un objeto externo y vive dichas experiencias a través de otro.

Desde esta perspectiva, cobran significado diversos aspectos característicos de la poesía de Julia Uceda. En primer término, cabe destacar dos fundamentales: el ámbito de las vivencias oníricas y el terreno de un YO poético que busca sin tregua apoderarse de ese TU transformado persistentemente en sujeto amado (personal/colectivo).

Según las formulaciones psicoanalíticas, son tres los mecanismos a través de los cuales el inconsciente intenta aflorar de forma intempestiva y contundente a la conciencia: lapsus lingüis, actos fallidos y sueños. Esta apreciación es útil al momento de analizar el primero de los aspectos esbozados: la presencia reiterada de imágenes que remiten al universo de lo onírico y que desvelan una arista interesante en la creación de la poetisa andaluza.

En el poema “Diáspora” (Extraña Juventud, 1962), el vínculo sueño-recuerdo-palabra viene dado de una manera hermosamente manifiesta:

Qué dedo me bordea la boca, no el hastío.
No sé si son palabras o sueños lo que llevo,
ni quién es ese pájaro que oscuramente huye
cuando amanece. Ni qué recuerdo,
ni qué es lo que todos me dicen que recuerde.
Una mano aburrida me ha dejado en el suelo
-en camino de luces detectoras de alas-;
arcillas fugitivas por los cielos vacíos,
encadenada a un ansía de palabras prohibidas,
de palabras que esperan la señal para el grito
que devuelva los cuerpos a sus almas errantes.

Se vale entonces la autora de la presencia del sueño como herramienta de conocimiento de la realidad poética, como útil instrumento de conocimiento, como vía de escape de la palabra transmutada en imágenes yuxtapuestas. En “Alguien que yo solía ser” (Poemas de Cherry Lane, 1968) es clara la identificación asumida como la vía empleada para conducirse a través de esa atmósfera generada entre el sueño, la vida misma y su propia identidad:

En torno a ese sueño me he movido
y tu imagen creó de la indecisa
sombra que fui lo que soñé que era.
El sueño no es dormir; quien sueña vive
y muere quien tropieza
con bultos al no ver lo transparente
del árbol, del silencio. [1]

En este ámbito de la obra de Julia Uceda cobran existencia estadios diferentes de respiración onírica: la más peculiar ensoñación, la inercia hedonista/castigadora del soñar despierto (visión placentera/lúgubre pesadilla [2] ) o la más profunda e incondicional entrega al retozo sin contemplaciones.

En “Memoria de otro Espacio” (Campanas en Sansueña, 1977), la importancia del "estar dormido" como estrategia de existencia no-romántica coloca sobre el tapete la identificación entre el YO poético (narradora interna) y el YO de la autora:

Cuando abrimos los ojos comienza la ceguera.
Ellos habían regresado -o vuelto yo hacia ellos-
encendidos por ocultas candelas.
Y quisiera retenerlos en el papel, hacer su sueño
-o el mío- vida, conocimiento;
y comprender por qué vinieron, qué decían,
qué pedían de mí -pobre mujer dormida- aquel grupo
de jóvenes
En esencia, el amor como categoría plasmada en el discurso poético y como punto de referencia a nivel del planteamiento simbólico, caracteriza en gran medida la creación de Julia Uceda. Este aspecto adquiere relevancia al relacionarlo con otra de las claves simbólicas de la poesía de la autora sevillana: la omnipresencia de las "sombras" y el acto de "ir y venir" de las penumbras. El poema “Libertad de la Luz” (Campanas en Sansueña, 1977) ofrece una pista de crucial relevancia para abordar el tema del amor en la poesía de Julia Uceda:

(¿He dicho que no creo en el amor
sino en la luz? Amor... He visto demasiado
esas palabras: conteniendo la vida,
engalanando la muerte, arrastrada por lechos,
desvaneciéndose en los idiomas -love,
Liebe, amore... amore mío, amor: sonidos,
confusión de sonidos que ocultan
algo. Luz: tan sólo en ella creo).

Unos versos más abajo en el mismo poema, el trinomio amor-luz-sombra adquiere un significado con vida propia:

Inevitable despeñarse
mas tal vez no terrible. La luz sólo
puede liberar a las sombras,
derretir sus cadenas,
dar a las aguas transparencia y vida
aire al espacio clausurado.

Se hace evidente entonces la identificación entre amor y luz como fuerzas magnánimas de lucha contra el poderío de las sombras. Es esa luz de diversas tonalidades, degradaciones y matices la que

redime [La luz sólo puede liberar a las sombras]
la que identifica [No sé: ¿cómo saber quién fui, quién, ellos, fueron,/ sin luz]
la que genera dudas [Porque ¿puede ser una garra el amor? ¿Puede ser/ una alta muralla?/ ¿Podría haber sido, yo sola, el amor y el amante/ viendo otro cuerpo donde nada había?]
la que ilumina certezas [Yo, a mí misma,/ regresaré por esa luz]
y la que otorga significado a la existencia [Porque ser o no ser destruida,/ sólo depende de mí: de que mi mano/ tape la luz o la deje pasar/ por el pequeño espacio que entre mis ojos vive,/ hasta el fondo infinito, y me incluya en su círculo] [3] .

El valor de signo propuesto es prácticamente invariable a lo largo de toda la obra de la poetisa andaluza. Luz y sombra se presentan como polos antagónicos de estados de ánimo, de sensaciones, de reflexiones, de impulsos (pulsiones de vida y muerte), de reclamos y de expectativas generalmente asociados a la inquietud connotada y denotada del amar y ser amado. En “Tregua” (Viejas Voces Secretas de la Noche, 1981), se hace patente la proyección asumida desde la perspectiva psicoanalítica como la atribución a lo externo de procesos psíquicos subyacentes reconocidos como de origen personal pero experimentados (en este caso plasmados poéticamente) en otro tipo percepciones exteriores. Comienza el poema de la siguiente manera:

Las horas de vigilia se fueron anunciando,
como un leve y lejano punto de luz
entre un dormir y un despertar.
Luz que, en el horizonte, se fue elevando, altísima,
solitaria en la playa del final de la tierra
e invadió, lentamente, todos los territorios.

Previamente forjada la expectativa de sentido en una dirección determinada, la autora reorienta el rumbo del poema hacia un final que revela una identificación proyectiva cónsona con el patrón simbólico interpretativo amor-luz-sombra. El interlocutor final es un mundo humanizado y antropomórfico al cual el YO poético reprocha enérgicamente de la siguiente manera: "-Cuantos años mirándote a la cara, mundo,/ para saber si te gustaba/ mi manera de atarme los zapatos-". Este mundo de humana impronta se convierte, a través de un sutil manejo proyectivo y de desplazamiento simbólico, en el eterno sujeto amado:

Aquí, bajo esto a lo que llamo luz,
he recogido suficientes violetas
para ponerlas, mundo, sobre tu aprobación
-que ya no espero-;
sobre tu olvido
-que ya he dejado de temer-.

No obstante, más allá de la acepción de sombra vinculada al amor y a la luz, existe otro nivel de interpretación al respecto: la sombra del ser humano como proyección del en-sí- mismo corporal y metafísico (carne-alma). En este terreno se plantea entonces otro aspecto de gran importancia para la compresión de la poesía de Julia Uceda vinculado al análisis de la identificación/proyección como mecanismos reconocibles en su manifestación literaria: la problemática de la identidad, del Yo poético oscilante y de su habitual desdoblamiento.

En un primer momento es la sombra del cuerpo la que adquiere dimensión: "Ved a este hombre./ La sombra de su cuerpo cubre todo el camino" (“Ved a este Hombre”. Extraña Juventud, 1962). En “Diáspora”, también de Extraña Juventud, es la duda sobre la existencia misma la que cincela los contornos físicos irregulares de la sombra:

Si supiera qué indican cuando me indican...
Quién puede asegurarme que no soy sólo un nombre,
quién puede hallarme, cierta, en los contornos
maltrechos de mi sombra.

La proyección real de la sombra, manejada con frecuencia en la poesía de Julia Uceda, orienta la interpretación de su obra hacia el manejo continuo del desdoblamiento como método de creación poética. El empleo reiterado de contraposiciones con valor simbólico de semejante equivalencia interpretativa a lo largo de su poesía da cuenta de un tratamiento poético de dos realidades (reconocibles por ejemplo en el manejo de los pares trabajados con mayor frecuencia: luz-sombra, muerte-vida, ser-no ser). Estos planos de la realidad cabalgan de forma paralela, se sobreponen, se distancian, se confunden, se entrelazan o divergen ofreciendo al lector el multidesdoblamiento de una narradora interna empecinada en la problemática de la identidad.

Ese protagonismo del YO (narradora interna/ autora) vinculado a la reflexión sobre la identidad o pérdida de la misma, define la obra de Julia Uceda: "Y rota, qué trozo seré yo y cual no-yo" explica en “Yo me iré como si un largo viento me chupara hacia atrás” de Mariposa en Cenizas. Asimismo, el persistente empleo del nombre de la autora llama la atención al momento de analizar las marcas pragmáticas en el doble circuito de la comunicación. Son interesantes los siguientes versos de “El Secreto” y “La trampa” (Extraña Juventud, 1962) y en "No trespassing" (Sin Mucha Esperanza, 1962):

No me conozco en mí, ni me conozco
cuando me llaman: Julia.
Julia... ¿quién eres? Dónde
estás, por qué túnel
has huido. Por dónde
muelen tus pasos la desierta sombra.

Julia Uceda, qué has hecho de tu sombra.
Mujer sin huella, cuerpo
sin apellido,
denominas al humo, a las lluvias y al viento.
A todo lo que pase y se borre y se pierda.

Nadie dirá: "Murió otra Julia Uceda"
porque su cuerpo pasa todavía
entre nosotros. Porque se sienta y habla.
Nadie dirá "Por qué..."

A la par, existen otros dos elementos que contribuyen a reforzar esta idea del desdoblamiento y de la identificación proyectiva en la poesía de la autora sevillana: el espejo roto en mil pedazos (o la imagen reiterada de un algo que se descompone en pedazos) y la huella. Sin lugar a dudas, en Julia Uceda la identidad es como un todo que puede ser desmembrado ofreciendo nuevos ángulos de reinterpretación de una misma identidad originaria.

La totalidad escindida en trozos aparece con frecuencia en la poesía de la escritora andaluza: "Y yo danzaba/ sin detenerme nunca/ trozo de papel en el viento." (“Broadway, Una Noche”. Poemas de Cherry Lane, 1968); "Qué ancho eco la tierra fría y rota/ sobre una larga noche de gemidos" y "Cómo podré decirlo cuando mi sangre/ inmóvil no responda./ Si tendré que romperme en dos pedazos, yo,/ la sola soledad que camina" (“Último Día” y “Yo me iré como si un largo viento me chupara hacia atrás”. Mariposa en Cenizas, 1959); "Quisiera ver, a un tiempo, su luz y su sombra [4] / y no sólo su ausencia; no sólo/ su ignorancia de la muerte; no sus fragmentos perdidos;/ no su introito a las sombras." (“Profundo Mar Azul”. Campanas en Sansueña, 1977).

Inconfundiblemente reflejada en el espejo y proyectada a través del cristal, la ansiedad por la búsqueda de la identidad se hace manifiesta por ejemplo en “Ved a un Hombre” (Extraña Juventud, 1962):
Pasa la cinta presurosa
de muchos que sonríen con labios estrenados,
agitando la ropa que en serie echaron fuera
de algún laboratorio, o sus gestos de slogan
-todos iguales. Como en un espejo-.

... y en “El Cristal”, de Campanas en Sansueña:

Al otro lado del cristal, silencio.
Una caja de música, que tampoco se oye,
ha puesto en movimiento delicadas
figuras de un retablo
al que pertenecí: queda un vacío,
algo abolido y, a la vez, logrado,
que me realiza y, a la vez, destruye.

También aparece en la poesía de Julia Uceda la huella como signo de identificación personal inimitable e insustituible y como mecanismo orientado a atribuir a un elemento externamente apreciable características, intenciones y motivaciones de la narradora interna. Al respecto, de nuevo el poema “La Trampa” de Extraña Juventud: "Julia Uceda, qué has hecho de tu sombra./ Mujer sin huella, cuerpo/ sin apellido,/ denominas al humo, a las lluvias y al viento". En “Memoria de Otro Espacio” (Campanas en Sansueña, 1977) la huella se erige en elemento definitorio de la memoria individual y colectiva: "Que en la memoria no quedan pasos/ sino huellas".

Cabe destacar que en toda la creación de Julia Uceda se manifiesta una profunda inquietud ontológica: la presencia de un ser supremo como patrón de referencia regulador de los procesos de proyección e identificación. En tal sentido, la figura de Dios aparece asociada en diversas oportunidades a los símbolos de la sombra y del sueño, tal como lo expresa en el poema “Yo me iré como si un largo viento me chupara hacia atrás” (Mariposa en Cenizas, 1959):

Y dónde estarás tú. Y a dónde habré de irme
no sabiendo
si junto a Dios hay pájaros o sombras.

... y en “Reflexiones sobre una Historia para Niños” de Poemas de Cherry Lane:

Probablemente tú soñabas -somos
tu sueño- al hombre en una suave
penumbra coloreada
por tu alta sonrisa y tus esquivas
brumas organizadas. Sueños
de anciano que prefiere
ver como el niño juega tras el leve
cristal de la pecera. Y Más:
el sueño temeroso
y estático del padre que previene
en el hijo unos ojos
sin temor al misterio.

La vivencia poética en Julia Uceda, cargada de luces y sombras, de vida y de muerte, de certezas y de dudas, se presenta a quien se acerca expectante como la ensoñación que precede a un sueño reparador.




*Mª del Mar Ramírez Alvarado (2004): "Imágenes en palabras: identificación y proyección en la poesía de Julia Uceda", en Mundo Posible. Literatura y Comunicación. Enseñanza, I, Sevilla.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Ars poética » Respuesta

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