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FUMARADAS


Manipulando

CARLOS Rivera

(01/03/2006)


Que se maten los shiíes y los sunníes no es nada nuevo. Ellos, como los fanáticos de otras religiones, llevan en sus monólogos de fe la semilla de la dualidad, el ying y el yang, lo bueno y lo malo, nosotros y los otros. Es la esencia del ser humano a la que las religiones y sus exégetas proporcionan material explosivo suficiente para hacer saltar las almas y los cuerpos una y otra vez por los aires contaminados de la Historia.
Guerras de religión o guerras tribales a expensas del fanatismo predicado, manipulado en generaciones de odios inextinguibles. Cualquier excusa vale para provocar la discordia. Aunque, en el fondo, sea sólo cuestión de poder y de dinero, como sabemos desde Tácito, lo que los lleve a las manos, a empuñar las armas de la palabra fanática o las armas reales que ejecutan designios destructivos. Ellos las llaman "guerras santas", como si fuera posible santificar esa barbarie de la guerra. "Os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener a Dios de su parte", sentenció Anouhil . Pero ése es el disfraz. Esa es una de las muchas máscaras del subterfugio común que es "mataos los unos a los otros" como ningún Dios os ha mandado. Y es el cuento de nunca acabar, dado que uno de los derechos de la victoria consiste en humillar al perdedor, al vencido. Esos son los inhumanos precedentes históricos de una espiral de violencia que nunca cesará.
Puede que sea la política la que ejecute la guerra. En cierto modo es una manera de hacer política. Aunque el combustible para que el incendio se propague lo proporcionen los fanatismos de uno y otro grado, tanto los políticos como los religiosos. Desde nuestras cruzadas de la cristiandad a las guerras de religión que asolaron media Europa durante siglos, fue la interpretación de Dios según los intereses materiales de los hombres la que alentó el exterminio. Como ahora ocurre en Irak. Como ocurrió y puede repetirse en los Balcanes. Nuestra Europa es experta en la sangría. Todo por el estúpido pretexto de una manipulación de la idea de Dios a la imagen y semejanza del hombre, de sus bastardos intereses, de su ambiciosa ceguera.
En la manipulación interesada está, pues, la madre del cordero no sólo de las guerras sino de las infinitas discordias, divisiones y enfrentamientos de los seres humanos. Sucede en Irak entre chiíes y sunníes. Sucede o puede suceder en cualquier lugar del mundo, y no sólo a propósito de esa interpretación de la idea de Dios sino de la interpretación de los propios intereses humanos en cualquier faceta de la vida, de la política, de la sociedad.
Hay países como el nuestro en el que la convivencia social ha sufrido de las filias y las fobias de tirios y troyanos, de romanos y cartagineses, de derechas y de izquierdas, de liberales y absolutistas, de dos Españas, en suma, discordantes en los efectos y en las causas de división y enfrentamiento a propósito de la interpretación, convertida aquí en confrontación, en diálogos para besugos y monólogos de sordos. Hasta las víctimas del terrorismo ha llegado esa perversa dualidad. Como si las víctimas no fueran nuestras víctimas, las de todos los españoles, sino del ying y el yang de dos maneras de entender la vida, los dos impulsos destructivos de nuestros demonios familiares.
Todo reside en la interpretación política de un tema sobre el que ha dicho Maite Pagazaurtundúa que "la manipulación y la tergiversación son peores que el olvido y la indiferencia". Y, desde luego un partido, el PP, electoralmente, políticamente, está manipulando.
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Carlos Rivera » Fumaradas (2006) » Respuesta

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