A Roma por todo
Expresión figurada mediante la cual se pretende insuflar ánimo o coraje antes de acometer una empresa. Es un dicho muy antiguo que hacía referencia a la costumbre cristiana de peregrinar a Roma por devoción o en busca de indulto. La expresión se acuñó cuando la Iglesia Católica dictaba auto de excomunión, lo que obligaba al excomulgado a dirigirse a la Santa Sede en busca del perdón eclesiástico. De hecho, el dicho original es : “Voy a Roma a pedir la absolución por todos los pecados que he cometido”. Los peregrinos, en sentido estricto, solían encaminarse hacia Santiago de Compostela.. Los que iban a Roma, en cambio, se denominaban “romeros”. Y los que se arriesgaban nada menos que a visitar Jerusalén, Tierra Santa, eran llamados “palmeros”.
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