Fumaradas
Humores que matan CARLOS Rivera
(08/02/2006)
¿Hay humores que matan? Según depende, que diría el castizo. Las viñetas humorísticas publicadas en un diario danés en las que se representa a Mahoma con una bomba en el turbante como símbolo del terrorismo islámico están dando bastante que hablar. Y que sólo se quede en eso. Como se dice en mi pueblo: "en buen lugar hemos puesto la era". Para los fundamentalistas islámicos, como para cualquier otro fundamentalista religioso, una humorada como esa no sólo es una falta de respeto hacia el profeta Mahoma, sino una ofensa en toda regla hacia su religión. La libertad de expresión, como cualquier otro tipo de libertad, debe tener en cuenta ese factor imprescindible en la convivencia humana que está implícito en la palabra respeto. La libertad de expresión, si se hace un uso adecuado del sentido común, no debería cometer la inoportunidad de gritar "fuego" en un teatro lleno de gente, porque se originaría una catástrofe. El uso de la libertad como es debido tiene que guardar unas formas, respetar unas normas. De no ser así la convivencia, ya de por sí difícil, sería insoportable. Porque respeto es también ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, para que el otro no sea el infierno aquel del que filosofaba, según sus miras existencialistas, Jean-Paul Sartre. Con palabras inadecuadas, con imperativos dogmáticos, con actos que faltan al respeto, hemos creado lo contrario al respeto: intolerancia. De los unos a los otros. Del blanco al negro. Del negro al blanco. Del blanco al blanco. La falta de respeto, en la vida, en la política, en la religión, cava trincheras para el enfrentamiento en la sociedad, deteriora la convivencia. De eso sabemos bastante en este país. Respeto es miramiento y consideración hacia nuestros semejantes. No es el utópico "amaos los unos a los otros" de la coletilla cristiana, sino una amplia base en la que debe sustentarse la moral cívica. Si no hay respeto no nos podemos llamar civilizados. El humorista de las viñetas ha establecido, tal vez sin pretenderlo, un conflicto entre lo laico y lo sagrado. Tal como está la situación mundial en lo tocante al terrorismo islámico, puede traer consecuencias. Viendo como se las gastan los fundamentalistas de cualquier religión, no se puede ni se debe provocar. Las viñetas, vistas desde el fanatismo religioso, pueden ser consideradas una afrenta por los creyentes en la fé de Alá. Ya se están viendo las primeras hogueras incluso en los países árabes más cercanos a nuestro modelo de convivencia occidental. Porque ni todos los árabes son terroristas ni la religión que predicó Mahoma enlaza en su simbología religiosa con ese icono de la bomba que han representado en su turbante. En el fondo de la cuestión es innegable el derecho al ejercicio de su propia libertad del humorista que ha diseñado las doce viñetas. El humor, como decía Lyn Yutang , tiene una función química, que es la de cambiar el carácter de nuestros pensamientos. El humor y la risa son privilegios exclusivos del hombre, teniendo en consideración, también, que hay escaso sentido del humor en este mundo y aún más en las religiones dogmáticas. Tal como está la situación en el conflicto de civilizaciones, las viñetas de marras pueden ser interpretadas como un ejemplo de violencia moral. El humor como arma de destrucción masiva de la intolerancia entre los hombres, que sería su función verdadera, no ha lugar en este caso. ¿Traerá consecuencias? Ya estamos viendo como lo que intenta provocar la sonrisa puede acabar convirtiéndose en llanto.
| Importante:
Se permite la reproducción de los textos siempre que se
cite la fuente |
|