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Plegaria matinal, de Antonio Manilla
Que todo sea ahora, que se cumplan tus sueños y los míos al instante -nos corre el mismo sueño por las venas-, que ya reviviremos luego el fuego contemplando los restos de la hoguera. Que sea aquí y ahora el resto de la vida. Ésta es mi súplica. Para el final no pido privilegios. Me basta algo común y despreciado por casi todos: la disolución. Bendita enfermedad es el olvido: desierta la conciencia, esperar a la noche sin angustia y nada recordar de cuanto amamos. Plegaria nocturna Concédeme el olvido si vas a darme años. Que al paso de la edad lo acompañe la fuga hacia la nada de todos mis recuerdos -primero los felices. Que la salud y la memoria decrezcan juntas para que, cuando la hora llegue, al menos pueda uno recibirla dignamente, sin lamentar las pérdidas.
*Antonio Manilla (León, 1967) es autor de los libros de poesía “Una clara conciencia” (Comares. La Veleta) y “Canción gris”(Pre-Textos. Premio Emilio Prados).
*Fuente : Antología de Babel. Babelia. Diario El País
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Carlos Rivera
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