Biblioteca esencial de Emilio Prados
Una de las características de la generación del 27, que era entroncar la vanguardia lírica, en particular el surrealismo, con el tradicionalismo poético, en especial el ubicado en el folklore popular y las imágenes andaluzas, es muy apreciable en su primera época, significada en “Tiempo”. Con la llegada de la República y su sentir libertario y antifascista sus textos se manifiestan en su vertiente más social y política, prosiguiendo con elementos vanguardistas y una mayor incidencia en el surrealismo. “Cancionero menor para los combatientes” se encuentra en esta etapa. Después de exiliarse en México y desde un carácter independiente, Prados se vuelca en posturas de mayor calado metafísico y un tono pesimista con temas recurrentes como la muerte, la soledad, la nostalgia o el sueño, que, como gran parte de su obra, establece ligazones líricas entre vida, muerte y naturaleza. “Jardín Cerrado” es uno de los títulos claves de este período. Como ejemplo de su obra elegimos “Dormido en la Yerba”, incluido en “Jardín Cerrado”, probablemente su obra cumbre: Todos vienen a darme consejo. Yo estoy dormido junto a un pozo.
Todos se acercan y me dicen: -La vida se te va, y tú te tiendes en la yerba, bajo la luz más tenue del crepúsculo, atento solamente a mirar cómo nace el temblor del lucero o el pequeño rumor del agua, entre los árboles.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando ya tus cabellos comienzan a sentir más cerca y fríos que nunca, la caricia y el beso de la mano constante y sueño de la luna.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando apenas si puedes sentir en tu costado el húmedo calor del grano que germina y el amargo crujir de la rosa muerta.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando apenas si el viento contiene su rigor, al mirar en ruina los muros de tu espalda, y, el sol, ni se detiene a levantar tu sangre del silencio.-
Todos se acercan y me dicen: -Tú duermes en la tierra y tu corazón sangra y sangra, gota a gota ya sin dolor, encima de tu sueño, como en lo más oscuro del jardín, en la noche, ya sin olor, se muere la violeta.- Todos vienen a darme consejo. Yo estoy dormido junto a un pozo.
Sólo, si algún amigo mío se acerca, y, sin pregunta me da un abrazo entre las sombras: lo llevo hasta asomarnos al borde, juntos, del abismo, y, en sus profundas aguas, ver llorar a la luna y su reflejo, que más tarde ha de hundirse como piedra de oro, bajo el otoño frío de la muerte.
*www.alohacriticon.com/viajeliterario/ article1314.html?topic=5
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