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Un aymará en la Corte
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FUMARADAS

Un aymara en la Corte

Carlos Rivera

(11/01/2006)





Un aymará en la Corte con su suéter de alpaca, dando la nota para los que sólo juzgan a las personas por las apariencias. En los "blogs" de internet de la derecha la noticia de la visita de Evo Morales, electo presidente de Bolivia, se anuncia con señales de peligro, con un desdén despreciativo (indio y de izquierdas, lo que faltaba) y esa retahíla a la que estamos acostumbrados: pueblos sin libertad, el de Venezuela, el de Cuba, ahora el de Bolivia. Lo de sin justicia, no lo dicen. La derecha, quién lo diría, se ha convertido en ardiente defensora de las libertades. Cuando vino Chávez pasó lo mismo. La derecha es muy suya y además de estar permanentemente cabreada juzgando el continente y no el contenido de los problemas políticos, ahora resulta también maleducada. Ni siquiera por esa razón tan obvia de la cortesía política se ha entrevistado con el aymará que anda suelto (peligro), según dicen sus medios de opinión. Rajoy le ha negado esa cortesía a la persona de Evo Morales, que ha sido recibido por el rey, por Zapatero, por los empresarios y los sindicatos. La derecha anda a la que salta y si hay que negarle la dignidad a un pueblo hermano, como el de Bolivia, pues se le niega sin contemplaciones. Mal, muy mal, señor Rajoy, usted que parecía tan educado, tan de buenos colegios donde se enseña el protocolo.
Ese aymará ha sido elegido democráticamente por la mayoría pobre de un país que no lo es. Bolivia es la segunda potencia de América del Sur en recursos energéticos. Bolivia es, sin embargo, la segunda potencia en pobreza absoluta y relativa. La riqueza potencial y material del país andino la detentan las multinacionales norteamericanas y europeas, entre las que figuran algunas españolas. Lo que ha ocurrido en Bolivia, como en Venezuela, es que alguien ha sido elegido por los que sufren la pobreza con un claro objetivo: el de la redistribución social de los recursos del país. Lo que se le pide a las multinacionales es que sean socios y no patronos del Estado boliviano, algo insólito en la Historia de la América profunda. Y aún más insólito, que sea un aymará llamado Evo Morales el encargado de esa misión casi imposible. Llevan razón los "blog" y medios de la derecha: indio y de izquierdas, inmimente peligro. Ya lo ha advertido la Casa Blanca. También es mala pata que los pobres se empeñen en serlo menos, eligiendo a uno de los suyos como paladín de una utopía en estos tiempos tan poco propicios (¿cuándo lo fueron?) para el cumplimiento de esa máxima entelequial conocida con el nombre de justicia. Mal corral en el que se ha metido ese gallo aymará de nombre Evo Morales, que con su suéter de alpaca no pretende desafiar al neoliberalismo económico rampante, sino sólo hacerse entender en sus razones éticas, en sus necesidades éticas, que son las de todo un pueblo sumido en una pobreza inmerecida.
El destino de Evo, como el de Chávez en Venezuela, es una bomba de relojería. Pende del hilo de las circunstancias previsibles de que cualquier día de estos se levanten de mal humor o con los cables cruzados el habitante principal de la Casa Blanca o los patrones de Wall Street. Era obligada, pues, para el aymará, la visita a Europa, que todavía mantiene las distancias entre los procederes mafiosos y los procederes políticos. Europa es más sutil en estos enredos de la diplomacia. Europa, sin comprometerse demasiado, suele dar consejos aúlicos a esos ilusos que no quieren someterse del todo a las reglas del juego, que ya sabemos quién las marca, como sabemos quién las ejecuta llegado el caso, pasando por las armas de la disuasión al advenedizo que intente cambiar las reglas que los poderosos han diseñado.
Bolivia ha elegido, saltándose todas las reglas de su historia, a un aymará soñador. Cuando un aymará contempla el cielo bajo la Cruz del Sur se siente tan abocado a soñar como aquel monje que, según Borges, descubrió la primera etimología en la biblioteca de Aquitania. La etimología del aymará es la de esa palabra que en el mundo conocemos con el nombre de justicia. A eso ha venido a la Corte. A solicitar comprensión y ayuda para intentar que esa justicia se cumpla con su pueblo. Como es un hombre inteligente, ha tomado sus precauciones. Una de ellas ha sido ponerse ese suéter de alpaca como símbolo de dignidad. Arriesgándose a que, con esas apariencias, sea juzgado como un paria no digno de ser recibido por quienes representan a una ideología cuya actitud con los pobres, aunque ya no esté de moda, ha sido la de sentarlos a la mesa el día de Nochebuena.
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Carlos Rivera » Fumaradas (2006) » Respuesta

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