.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
Criaturas rotas
 Novedades
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales
- De "Madame Bovary" a "La orgia perpetua" (fragmento)
- Lo trágico en Georges Bataille
- Georges Bataille
- Otros poemas de Jorge Teillier
- Un poeta de la tierra de nunca jamás
- Mira la mar, de Olga País
- Algunos poemas de Juana Bignozzi
- La ley tu ley de Juana Bignozzi
- Fragmento de “La insoportable levedad del ser”


Inicio » Artículos de opinión (1998-2003)

  Versión Imprimible

» Criaturas rotas
CRIATURAS ROTAS

CARLOS RIVERA

Me fascinan las criaturas rotas, tal vez porque cualquiera de nosotros lo seamos también, en cierta manera, cuando en la disección anatómico-espiritual de nuestras soledades nos reconocemos, en más de una ocasión, como el ahogado que quejándose del frío sale a rastras del mar. La parte en sombras no pensada de nuestra conciencia es ese hilo conductor que nos une al naufragio. Incluso en los espíritus más sólidos y poderosamente claros hay un entrecortado grito de ansiedad entre las nieblas de la vida. En las ciudades viven, pulverizadas en el anonimato, esas criaturas rotas de todas las edades, cada una con su tentativa crucial y su desolación a cuestas. No es difícil reconocerlas de cerca. En la calle, en las cafeterías, en los parques, en los supermercados, entre las apariencias que engañan, en chandal, en pijama o en traje de etiqueta, se perciben soledades profundas, amnesias del excitante ritmo de la vida, aconteceres humanos que son como ese retrato de las cosas de Mallarmé : “bibelots abolidos”. Abolidos y dispersos, como títeres manipulados por la fuerza del destino, tan caprichosa ; como guiños o como guiñoles sobreviviendo con el sarcasmo sobre la herida a la busca de un tiempo siempre perdido.
Silvia Plath, la desgraciada poeta inglesa, fue una de esas criaturas rotas en cuya existencia de personaje literario se concentró la luz de los interiores más exquisitos y el perfume en el que la escarcha toma forma de flor y el rocío toma forma de estrella. Desde mi adolescencia tengo con Silvia Plath una deuda de naturaleza íntima : de ella aprendí que cada día de la vida es un movimiento hacia la continuidad del ser, una necesidad de expresión del deseo de conservar la vida, pues hasta en los más nimios paisajes de la existencia humana late siempre una canción matutina. Aunque, a la postre, el mal ejemplo de la poeta inglesa, suicidándose, es el resumen, el punto fijo de un mundo tan irrecuperable como el de la sonrisa que cae sobre la hierba. Su condición de mujer tuvo mucho que ver con el trágico final de Plath, autora de poemas tan destructivos y lúcidos como este : “Ya no me sirves más, zapato negro – en el cual he vivido como un pié – durante treinta años, pobre y blanca – atreviéndome apenas a respirar, a estornudar”. Cierto es que una vida tan efímera y tan atormentada por un fracaso matrimonial, como la de Silvia, no es el modelo fidedigno de las criaturas rotas. Los conflictos egocéntricos y autodestructivos suelen ser el dudoso privilegio de los artistas singulares y sus desavenencias con la vida real. El caso de Marilyn Monroe es la penumbra de la mujer de cristal que, en pleno éxito, salta hecha añicos por su vulnerabilidad personal. En el poema de desamor de la muerte en el mar de Alfonsina Storni late el mensaje de la autodisolución compasiva. Fue escándalo, hace bastantes años, el internamiento en un manicomio de una actriz inglesa, Madeleine Robinson, la cual, durante una representación en París de la conocida obra del norteamericano Abee “¿ Quien teme a Virginia Woolfe ?” comenzó a pelearse de veras en el escenario con su pareja en la ficción, transformando un conflicto teatral en un conflicto personal. En otros muchos seres humanos la inadaptación a la vida real no es sino la ficha psiquiátrica de la inmadurez para afrontar los percances del destino.
Entre tanta criatura rota hay un nexo común : el recuerdo de los días que fueron como verdura de las eras y que se convierte en orfandad absoluta de todo, en nostalgia de todo, en deseo de finitud de todo cuando las experiencias personales conducen a la sensación de que el tiempo es sólo la medida del cuerpo, lo cual no deja de ser una fragmentaria meditación sobre la muerte, una metanoia que los poetas malditos del siglo pasado utilizaron con frecuencia y a la que no fue ajena Silvia Plath que convirtió las circunstancias de su vida en el único plan de evasión perfecto, encarando el final de su destino (“morir es un arte”) con una arrogancia irónica.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1