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CARONTE : EL GEN IDEOLOGICO
CARLOS RIVERA
Leída en el suplemento científico de un riguroso periódico de tirada nacional, la noticia causó cierta agitación a los ensimismados fantasmas de mi cerebro : “Un complejo baile de genes produce células de derechas o de izquierdas”. Las cuales células transmiten a los genes del proyecto de persona la determinación del carácter, desde las primeras fases del desarrollo embrionario. Así que, hasta la identidad política, la ideología, no es casual ni es influída por los códigos de la conducta educativa ni el medio convivencial ni la herencia sociológica. Días tiene la vida en los que nos levantamos del lecho del escepticismo y nos restregamos los ojos con noticias como ésta del determinismo político de los genes, publicada en la prestigiosa revista “Nature” por un biólogo español del Instituto Salk de California. De ahí que mi destino izquierdista como el destino derechista de mi vecino obrero no tengan otra explicación que la propia naturaleza de nuestras respectivas bibliotecas biológicas. “Caronte” se llama el gen (como el nombre del mitológico barquero del Hades) que interacciona el programa genético de cada indivíduo con ideología, que tampoco somos tantos, habida cuenta de que la mayoría de los votantes e incluso de los militantes de derechas o de izquierdas suelen llevar la identidad política en el estómago o en la cartera, los más oportunistas, o en el corazón, los más ingenuos. Puestas así las cosas tiene su explicación el aumento de las fachadas deslucidas por los desconchones de la causa. Que el PP (cuya procedencia ideológica derechista emana de los años antecesores a nuestra democracia) se niegue a considerar un “golpe de estado fascista” el levantamiento militar de Franco, tiene su explicación. Los genes de sus parlamentarios no han querido traicionar su identidad biológica. Como mis genes consideran antinatural que un partido político con supuesto revoque centrista-reformista no condene, aunque sea a toro pasado, tal acto de rebelión militar. Magnífica ocasión perdida para demostrar a sus votantes más coyunturales que el centro de gravedad de la derecha es tan asimétrico como sus políticas neoliberales que anuncian la próxima llegada a nuestra Andalucía del ciclón “revolucionario” de Doña Teófila Martínez, aventajada alumna de la señora Tatcher. Y que, por cierto, no sé por qué, me recuerda a Madeleine, aquel personaje de “La invención de Morel”, que nunca se supo, ni Borges llegó a explicarlo, sí era una dama fantasma con perfume de diamelas en el pecho, o una imagen evadida de los espejos de la Historia, pura reminiscencia de un ciclo antecesor, como el de la “dama de hierro” de la Inglaterra anterior a Tony Blair en el caso de Doña Teófila, mujer muy convencida de sus principios, muy leal a sus genes cuando confiesa que ponerse a hablar a estas alturas de una condena al golpe militar de Franco es como retroceder al tiempo de los fenicios. Tal vez olvida la señora Martínez que aún somos millones, muchos millones, los que nacimos y vivimos bajo las consecuencias posteriores de aquel golpe militar. Los que bajo la determinación de nuestros genes (que no son, por supuesto, de la misma identidad que los genes de Doña Teófila) tuvimos que soportar aquella sensación de pesadez histórica que supuso el franquismo. No es para echar “pelillos a la mar” así como así, para olvidar aquel epílogo que lastró nuestras jóvenes vidas de entonces. La señora alcaldesa de Cádiz y sus compañeros de partido han tenido la ocasión de convencernos de que el revoque de las fachadas deslucidas es auténtico, de que hay verdadera voluntad en convertir a un partido de la acérrima derecha española en el partido centrista-reformista que quieren vendernos. No ha podido ser, por el determinismo de los genes de quienes se abstuvieron. Y, sobre todo, por una razón fundamental : el voto de la extrema derecha, muy abundante y más políticamente determinativo que el voto coyuntural de los oportunistas y los ingénuos.
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Carlos Rivera
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