|
|
|
Inicio
»
Artículos de opinión (1998-2003)
|
Versión Imprimible
|
|
» Al otro lado de la pantalla |
AL OTRO LADO DE LA PANTALLA
CARLOS RIVERA
Debemos felicitarnos, compañeros de la ciudad vacía, por cosas tan triviales como que los autobuses no lleguen a su hora, como que no tengamos donde comprar el periódico ni tomar una caña de cerveza al mediodía. Media España está de vacaciones. La otra media descansa a su manera del insoportable vecino, del jefe agobiante, de la felicidad de recorrer las calles en plácido paseo y, sobre todo, de la tabarra de las televisiones que en estos días de agosto sólo te nutren de basura enlatada, trofeos de verano y telediarios de reales regatas. Es una gozada, compañeros y compañeras de la ciudad desierta, no tener que soportar a los fantasmas de la España rosa alucinándote con sus cuernos en el papel couché, con el romance de la niña bien y el torero de buena familia. Todos están sumidos en los agujeros del verano, bañándo sus espléndidos cuerpos y sus pequeños cerebros en mares exóticos y fiestas de madrugadas. Debemos felicitarnos, compañeros, por esa ausencia de la teleEspaña que no es otra cosa que un frívolo escenario de vecindones y vecindonas gritando estupideces para que sepamos de su irrelevante existencia, o sea, para salir en la televisión con sus irrisorias naderías, embistiendo con el testuz de la palabra soez en aras de lo primario y lo morboso. La ópera bufa que congrega a las masas en torno a la boda de tronío, el traje de la modelo especialista en cuernos de alta cotización, el insignificante y descerebrado gigoló en cueritates, nos han abandonado, para nuestro placer. Todos están en remojo por esas playas de Dios, asistiendo a cenas proanimales abandonados, mientras en los aledaños de sus placeres aparacen cadáveres de marroquíes y negros del Senegal que se creyeron el cuento de nuestro paraíso europeo. Entretanto, la verdadera España se levanta temprano para ir a trabajar ( la que tiene esa suerte ), va a la compra, lee el periódico disminuído de páginas y se felicita de que al otro lado de la pantalla no estén ellos con el terciopelo de sus sueños falsos, halagando al rebaño de papanatas que tiene el mal gusto de arrobarse ante ellos y necesita de la princesa y del torero, de los cuernos dorados de la modelo que colecciona ex cincuentones, de los cuartos de baño y porcelanosa de las damas encopetadas de Madrid. Aunque, lógicamente, el rebaño de papanatas no tenga otra culpa que la de su inocencia al creérselo todo de lo bien que lo pasan, cuando lo verdaderamente cierto es que se aburren como ostras de fiesta en fiesta y que las hermosas circasianas de multiplicados lechos que lloran y cobran por su honor perdido tienen una cara “que se la pisan”, que diría un castizo. La teleEspaña que vive y se alimenta de la incultura popular sigue siendo aquella de charanga y pandereta que denunció Machado. Con toda su pompa y circunstancia es utilizada por el poder para el deslumbramiento de los ignorantes que se extasían con sus recepciones a las que suelen invitar a las muchachas de la plebe cuya belleza es digna de figurar en los aristocráticos reductos de sus salones de Madrid o sus mansiones de Marbella. Esa es la nueva corte de los milagros de la España que se multiplica a golpes de audiencia televisiva haciendo de lo público privado y de lo privado público para alimento de las masas cuyas carencias cerebrales son más alarmantes que sus carencias materiales. Debemos, pues, felicitarnos de que, al menos durante el verano nos dejen en paz. De que no nos alucinen con su exhibicionismo. De que no nos agobien televisándonos sus galas, sus vestidos maravillosos, sus escotes provocativos. Es a esa España a la que algunos periodistas y gacetilleros han llamado con pleno desacierto la “España real”, ignorando que no todo lo que entra por los ojos y por los oídos es real. Ellos sólo se representan a ellos y a sus irrealidades. Porque la otra España, la que no vive del cuento del papel couché, suele ruborizarse y cambiar de canal cuando ellos aparecen al otro lado de la pantalla.
| Importante:
Se permite la reproducción de los textos siempre que se
cite la fuente |
|
Carlos Rivera
»
Artículos de opinión (1998-2003)
» Respuesta |
Envía este
artículo a un amigo CLICK
AQUÍ |
|
|
|
|
|
|