LUIS ANTONIO DE VILLENA
El muro de Berlín Autor: Joaquín Marco Editorial: DVD Páginas: 90 Precio: 9 €
La serena desolación de la elegía se nos antoja propia de quienes han amado --aman-- vivir, pero raramente ven sus sueños cumplidos. No sería difícil añadir: y ahí, en esa misma encrucijada, ¿no estamos todos?. Si, ciertamente, en todo poeta habita un espíritu elegiaco --que en parte responde a la alteza del idealismo--, entre los componentes de lo que se suele llamar Generación del 50 (cuyo inicio tanto tuvo que ver con Barcelona, como ha contado Carme Riera, recién premiada con el Sant Jordi de novela) la historia personal y colectiva --no hay duda-- acentuó notablemente esa elegía. Joaquín Marco (Barcelona, 1935) --como Félix Grande, como Luis Izquierdo-- pertenece al sector más joven de la Generación del 50 (cuyo patriarca hoy es el asturiano Ángel González, nacido en 1925), pero comparte con los mayores no escasas señas de identidad, como descubrirá enseguida el lector de El muro de Berlín, sin tener que acudir a las citas de Jaime Gil de Biedma, José María Valverde, el mencionado Ángel González o el más joven Joan Margarit, cronológicamente en otra generación, pero muy cerca de estos poetas que han buscado, sobre todo --sin desdeñar la palabra grávida y la cultura en que se inserta--, una lúcida reflexión sobre el yo en la historia. Marco, crítico pero siempre poeta pese a sus largos silencios y catedrático de Literatura Española de la Universitat de Barcelona, pretende que El muro de Berlín puede ser su último libro de versos. Se acabó la Musa. Pero no hay que hacer caso, porque el poeta --como el taumaturgo-- no sabe el porqué ni el cuándo. Cierto que El muro de Berlín --título sin duda simbólico, que parte de un poema que evoca imágenes históricas de la ciudad alemana-- es un libro de gran desolación íntima. Cansado por el avatar de un vivir que no ve fecundo ni pleno, y con escasas esperanzas en el futuro, el poeta se entrega a una mesurada pero honda elegía. Un medido planto por el engaño de la vida. Así desde Por qué escribo hasta La encrucijada de la felicidad. La vida es elegía para Marco, porque apenas cumple, y es elegía también la poesía (que ama por encima de todo) porque se duda poeta a la altura de la poesía misma. De ahí el verso que repite En el poema, penúltima composición incluida en el libro: "La poesía más bella jamás fue escrita". Aunque no son los mejores, tampoco faltan en el libro de Marco poemas de clara materia social (entre ellos El blanco que tenía el alma negra y De folletín), que alertan al lector de la importancia de la conciencia cívica en los hombres que --como el propio Marco-- guardan aún la herida íntima de la infinita posguerra española: sabio en su hacer, metafísico a ratos (Rosa de Invierno), condenado a la historia y a la lucidez otoñal, El muro de Berlín --lleno de vivencias barcelonesas y de nostalgia por su propia ciudad-- no es un libro triste, pese a lo elegiaco. Es un bello libro crepuscular escrito por un poeta estoico que duda, persigue aún y tiembla... La obra de un poeta veraz.
Fuente : El Periódico de Cataluña
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