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Canneti : el escritor que postuló al indivíduo como medida de todas las cos
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Canneti : el escritor que postuló al indivíduo como medida de todas las cosas



De origen sefardí, su obra recorre el siglo XX con una extraña mezcla de sabiduría y terror, de candor y desolación. Su fe en las palabras le hacía cuestionarlas, arañarlas "y humillarse ante ellas", sin olvidar jamás una profunda compasión hacia el ser humano en el siglo más trágico. Por eso, el Nobel de 1981 reconoció su pasión intelectual y su responsabilidad moral.

Varias son las claves, según los expertos, para entender la controvertida y arrolladora personalidad del autor de "Auto de fe" (1935), si bien en las ponencias se han subrayado algunas especialmente importantes, como su miedo a la muerte, su pasión por los mitos, la vital importancia de la figura materna o el interés por la metamorfosis.

En 1939, él y su esposa huyeron de los nazis a Inglaterra. Entonces —de acuerdo con los tiempos que corrían— Canetti empezó un estudio sobre las masas humanas, un trabajo que incluyó los planos antropológico, psicológico y mítico y que terminó siendo su obra más importante: "Masa y poder", que se publicó en dos volúmenes en 1960/62 y donde trató de responder por qué la masa atrae al individuo. Es que para Canetti, el individuo era la medida de todas las cosas.

La obra de Canetti , "Masa y Poder", aporta un punto de luz sobre unos hechos que muchas veces resultan incomprensibles tanto para los periodistas que no conocen la lengua como para los diplomáticos que desconocen que en realidad son distintas las guerras y los totalitarismos que afronta hoy el mundo.

Canetti expone en sus brillantes ensayos el problema de lo que denomina "masas invisibles", es decir, los muertos y las fuerzas motivadoras que desarrollan: le llama poderosamente la atención lo "vivos que son los muertos" en ciertas culturas. Uno no puede evitar pensar en América Latina y sus heridas jamás cerradas en torno a la violencia y muerte que padeció la región desde los años ´50 y cuyas consecuencias hoy seguimos padeciendo.

Por ese motivo, el crítico Horacio Gónzalez dice que "quien entra en la obra de Canetti por "Masa y poder" enseguida se ve sobrecogido por el uso alegórico del lenguaje, la atrevida invocación a las metáforas biológicas y la idea de poder como resultado de fantasmagorías corporales, minerales, vegetales, orgánicas. Ese contacto con la obra, que creo es la fundamental, para quienes estaban formados en una visión canónica de las ciencias sociales resulta una definitiva asociación entre el pensamiento político y todas las metáforas que inventó la humanidad para referirse al espacio, al tiempo y la naturaleza en desorden".

Su obra estuvo influida por el pensador vienés Karl Kraus, con quien compartió, aparte de la vehemencia satírica, el renegar de sus raíces judías pero permaneciendo bien consciente de éstas. De él heredó una obsesión por las palabras, una visión ácida de la sociedad y un marcado pesimismo. En 1963 murió Veza y en 1971 Canetti se casó con la restauradora Hera Buschor, con quien tuvo una hija.

En 1981 le dieron el Premio Nobel de Literatura por su "posición crítica ante ciertas tendencias enfermas de nuestro tiempo, por ejemplo, su estudio de los movimientos de masas y de manera especial en relación con la brutalidad del nacionalsocialismo germano y de las dictaduras en general".

Después del Nobel recibió varios premios literarios, como el Buechner, el Gran Premio del Estado Austríaco, el Kafka y el de la Academia Bávara, entre otros.

Mario Muchnik su editor, los decribe así: "A menudo se escribe que Canetti era un hombre esquivo, irascible, muy difícil, un malvado gruñón, pero no es cierto, en todo caso mi Canetti era amable y tenía mucho sentido del humor. Le encantaba reír con sonoras carcajadas y bromear. Cuando le concedieron el Nobel, según me contó, durante el gran banquete el rey de Suecia le ofreció un cigarrillo. Canetti lo rechazó. El rey insistió varias veces, y tanto que Canetti le confesó que acababa de dejar el tabaco. "¿En serio? ¿Cuánto fumaba?", le preguntó el rey. "Seis paquetes al día", respondió, no ya exagerando sino mintiendo. "¡Ciento veinte cigarrillos! ¿Tanto?", se asombró el rey. "Tanto", confirmó Canetti. Cada vez que sus miradas se cruzaban esa noche, el rey murmuraba: "¡Ciento veinte!". Y era mentira, Canetti no fumó un cigarrillo en su vida –pero cómo se reía esa tarde en Zurich imitando al rey, asombrado y farfullando incansable: "¡¡¡Ciento veinte, ciento veinte!!!".

El crítico argentino Horacio Salas lo califica como uno de los grandes escritores del siglo. "Su pensamiento, su exilio, las persecuciones que sufrió lo constituyen en una especie de paradigma de las persecuciones del siglo XX. El pensó lo que era estar fuera de su lengua, de su tierra y, a través de ello, realizó una obra permanente. La obra de Canetti nació clásica. Personalmente me resultó muy cercano por el hecho de haber sido exiliado".

De Canetti se sabe que era un gran observador, y se ha dicho que era un odiador colosal, cierto es que reflexiona sobre el odio, la ira, que descubre las debilidades e imbecilidades de los individuos a los que observa, y elabora con todo ello una obra de gran tensión moral. En este libro se le ve expuesto a sus propias debilidades, libro que por ser íntimo descubre un mundo que hace que nos encontremos en un territorio extraño.

Contradictorio, pasional y singular, Canetti fue para Jeremy Alder una especie de "matador de dragones que había venido al mundo para salvarnos a los seres humanos de las tragedias, que él mismo se encargada de hacerlas más grandes al pasarlas por el filtro literario". A su vez, añadió que algo que aterraba al autor de "Comedia de la vanidad" (1950) era precisamente que esas historias fantásticas pudieran caer en el olvido por culpa de la sociedad moderna. Ese momento terrible y último que Canetti temía a pesar de ser "una persona basada en la racionalidad y de una gran suspicacia", según Dreymüller, llegó mientras dormía en 1994, a la edad de 89 años.

Sin embargo, el autor de "La lengua salvada", "La antorcha al oído" y "El juego de ojos" dejó su obra inédita recluida en los sótanos de la biblioteca de Zurich, con el deseo expreso en su testamento de que no se hiciese pública hasta 2024, cerca de tres décadas después de su muerte.




* www.eldiarioexterior.com/noticia.asp?idarticulo=6199
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Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

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