.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
"Oigo, Patria, tu aflicción"
 Novedades
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales
- De "Madame Bovary" a "La orgia perpetua" (fragmento)
- Lo trágico en Georges Bataille
- Georges Bataille
- Otros poemas de Jorge Teillier
- Un poeta de la tierra de nunca jamás
- Mira la mar, de Olga País
- Algunos poemas de Juana Bignozzi
- La ley tu ley de Juana Bignozzi
- Fragmento de “La insoportable levedad del ser”


Inicio » Aljuma (2005 )

  Versión Imprimible

» "Oigo, Patria, tu aflicción"
ALJUMA


"Oigo, Patria, tu aflicción"

Carlos Rivera

09/11/2005



¡Qué gran sesión de teatro barroco la que nos ofreció don Mariano Rajoy en el debate de la admisión a trámite del Estatuto catalán! En él estaba el verbo haciéndose carne (de patria) y habitando entre nosotros, pobres palurdos que no entendemos nada del peligro que se nos avecina cuando España se está desmoronando. En él estaba el neoclasicismo de Manuel José de Quintana y su llanto de pérdidas innumerables cuando clamaba contra el intruso francés: "Oigo, patria, tu aflicción". Por las mismas fechas y en otro escenario, don José María Aznar se lamentaba ante un grupo de empresarios norteamericanos de la próxima e irremediable "balcanización" de España. Después de esas emocionantes escenas he tenido pesadillas tales como que mi cuerpo, apátrida, buscaba el lugar en el que había nacido sin encontrarlo y, lo más doloroso, no tenía dónde caerme muerto en mi hora final, puesto que mi patria, España, había desaparecido del mapa, y la lengua con la que había escrito mis poemas era una lengua muerta, sin identidad precisa, vagando como fantasma clandestino en el diccionario de las tinieblas. A ellas habíamos sido arrojados desde aquel día, maldita la hora, en el que el Congreso de los Diputados admitió a trámite por mayoría absoluta el Estatuto catalán. En las periferias de aquella pesadilla esperaban con su guadaña dialéctica los demás Estatutos de autonomía dispuestos a la segregación de la patria común en tiempos venideros. Y aquí fue donde me desperté. Se lo comenté a mi mujer y ella me dijo: "¿No te habrás dormido escuchando la Cope ? ¡Mira que te lo advertí!". Todo eso me pasa por ser lo que soy: un juanlanas que se deja influir por los florilegios gramaticales de aquéllos que han estado salvando mi destino casi toda mi vida. Sin pedirme permiso. Pienso que no me han bastado treinta años de democracia para curarme en salud ante los que llevan toda mi existencia advirtiéndome: la Patria está en peligro y tú ahí, tan egoísta y flojo, sin tomar la palabra para defenderla de sus enemigos que son cada día más abundantes. Y en estas que recuerdo que tuve en la escuela, como libro de aprendizaje, uno que se titulaba España, mi patria , en el que aprendí a perfeccionar mi idioma y, sobre todo, a enamorarme de aquel paisaje plural en el que cabían todos los paisajes de mi imaginación infantil.
Todo eso debe de estar en vías de extinción. Desde que en la tarde del pasado 2 de noviembre (día de Difuntos, también es coincidencia) me senté ante el televisor. Fue tomar la palabra don Mariano Rajoy y tuve esa certeza. Su voz se convirtió en soflama, cuando, como Júpiter tronante, sus palabras perdieron el habitual tono conciliador para convertirse en armas arrojadizas contra todo aquél que no estuviera de acuerdo con el PP respecto al Estatuto catalán, que debería ser rechazado, nada de componendas ni enmiendas, devuelto a los corrales como los toros que cornean a discrección en su indescifrable mansedumbre. En vez de ser vehículo de comunicación y de diálogo, las palabras se convirtieron en sarcasmos intencionadamente malignos. Era aquel un lenguaje rencoroso. Nos amenazaba con las tinieblas del infierno político y convertía al estupefacto Zapatero en un satanás impreciso. Toda España pudo ver aquellos rostros de incredulidad y desasosiego del resto de los diputados. Hasta que el discurso del señor Rajoy terminó y nos quedamos temblando ante las vísperas sicilianas que parecían salidas de los más horrendos agujeros negros de nuestra Historia.
¡Gran sesión de teatro barroco! Un auto sacramental la puesta en escena. Y creíamos haber llegado a la modernidad, a la convivencia pacífica, al escenario en el que se habían cumplido todas nuestras esperanzas democráticas. Nada de eso. Y ahora, dentro de unos días, esas palabras van a tomar la calle. Esta vez convoca monseñor Rouco Varela, por lo de la obligatoriedad de la enseñanza de religión (católica, por supuesto) en las escuelas. ¡Arrepentíos, perversas conciencias laicas por haber dado lugar a toda esta descomposición de un país, de un espíritu, de una cultura! La transgresión de las esencias nos llevarán, esta vez sin remedio, a los abismos en los que merecemos estar por votar lo que votamos, un Gobierno en el que los enemigos de España están en mayoría. Todavía estamos a tiempo de conjurar los males que se nos avecinan. De evitar que los versos premonitorios de Manuel José Quintana se cumplan : "Oigo, patria, tu aflicción y escucho el triste concierto que lloran, tocando a muerto, la campana y el cañón".
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1