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ALJUMA
Burbujas negras
Carlos Rivera
02/11/2005
En las novelas cosmopolitas de Blasco Ibáñez el "champán" era un símbolo de "glamour" en las fiesta sociales de los hoteles de las Rivieras francesa e italiana, donde los ricos ociosos alternaban inviernos y veranos en dulce endogamia de clase. El "cava", nuestro cava, vino después del champán francés, de la mano de Don Joseph Raventós y Fatjó, que hizo saltar el primer tapón del espumoso en el año de 1872. Aunque se dice que fue el golpista general Espartero quien descorchó la primera botella en una bodega de la Rioja. El "cava" se convirtió en una de las señas de identidad de Cataluña, como el "champagne" de Francia. Del burbujoso francés se dijo que "es el único vino capaz de volver más bella a una mujer después de haberlo bebido". Quien así dijo fue Jeanne Antoinette, amante de Luis XV, amiga de Voltaire, que pasó a la Historia con los apelativos de Marquesa y Madame de Pompadour. Aunque no está claro que fueran los franceses los primeros en consumir tan deleitosa bebida. Virgilio, en la "Eneida", ya hablaba de las copas de vino espumoso, si bien tendrían que transcurrir algunos siglos para que el "champán" se convirtiera en virtud del placer. Fue en la abadía de Hautvillers, en la región francesa de la Champagne, que dio su nombre al vino. El monje Dom Pierre Pérignon diseñó la botella en forma de manzana y con tapón de corcho para que las burbujas de la vida saltarán al descorche como una epifanía de la felicidad. Aunque a mí el cava o el champán me ponen muy triste. No por nada especial sino porque aquí solemos hacer uso de tal bebida en fiestas tan epilogales como el fin de año. Y cuando un año se va y nace la incertidumbre del nuevo no puedo evitar, al brindar con la familia o con los amigos, esa melancolía que produce el tiempo pasado en las profundas cavas de la conciencia de un poeta. En mis memorias del tiempo, y entre mis destierros esenciales, aún recuerdo el fin de año que sembró un desamor. Y lo recuerdo por las burbujas negras de la voz de Edith Piaff que cantaba con la garganta rota en el instante en el que dos corazones se rompían para siempre en un beso de despedida. Hoy traigo a colación este vino espumoso de los brindis por el desasosiego que me produce que, en nuestro propio país, se le esté haciendo el "boicot" al cava catalán por motivos políticos. El brindis de Rajoy con los empresarios del cava más bien parecía un brindis al sol o un "brindis zarista", como se llama a los que se hacen con agua. La proclama de Rajoy de que el cava catalán es tan español como el jamón de Jabugo me pareció eso, ya que por una parte se esta creando una conciencia anticatalanista a propósito del Estatuto, y por otra se intenta reconciliar dicho propósito con una afirmación de identidad española del cava. Mal juego. Y viene de lejos. Todos los años, por estas fechas cercanas a la Navidad, me llegan correos electrónicos o al móvil advirtiendo en plan patriotero españolista contra el consumo de cava catalán. Es peligroso que se esté incitando desde ciertos medios y sectores de la derecha al incordio entre las comunidades autónomas. Eso sí que es dividir a España con la historia de siempre de buenos y de malos y los estereotipos de costumbre. Cuando debería apostarse por una España integradora, se le está haciendo el juego a la España integrista. Y el pobre cava está sirviendo de chivo expiatorio en esta controversia de radicalismos que a ciertos políticos se les ha ido de la mano. Aunque lo peor de la cuestión es ese telón tremendista del anticatalanismo que se está predicando y que tiene muy mala pinta para nuestra convivencia futura. El primer partido de la oposición no debería prestarse a participar en tan insidioso juego. Y mucho menos a promoverlo con declaraciones que alimentan "boicots" y siembran cizañas en las conciencias de los ciudadanos. Ahí está el peligro de la fragmentación de España y no en las intenciones de un Estatuto que podrá reformarse y adaptarse a la Constitución o rechazarse como se hizo con el Plan Ibarretxche. A nadie interesa la confrontación entre comunidades autónomas. Por eso convendría convocar al sosiego. Esa es la asignatura pendiente del PP, que debería ir más allá de ese brindis de Rajoy en San Sadurní de Noia. Por Navidades, cuando se celebra la convivencia pacífica, todos deberíamos brindar por el futuro. Con cava, con sidra, con vino de Montilla o con champán francés. No vaya a ser que con tantas agitaciones estallen las burbujas negras de la discordia civil con resultados indeseables.
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Carlos Rivera
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Aljuma (2005 )
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