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ALJUMA
Vencedores y vencidos
Carlos Rivera
26/10/2005
Resulta curioso que algunos de los hijos y los nietos de los vencedores de la guerra civil española acumulen tanto odio. Las agresiones a los socialistas durante el pleno municipal de Getafe al abordar el tema del Estatuto catalán y los insultos a Santiago Carrillo al recibir el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid, son dos recientes manifestaciones de ese odio. Acaba de hacer mutis por el foro del teatro de la vida (sin cremación, sin entierro, legando su cadáver a la ciencia médica) un hombre que tan bien conocía ese atávico odio, que hasta el último momento de su vida dio testimonio de ese revanchismo de los triunfadores, de los bien instalados, sobre los perdedores de la guerra civil: Eduardo Haro Tecglen. Parece como si todavía viviéramos en esa postguerra del nacimiento de nuestra historia personal. Desde el momento en el que este Gobierno ganó las elecciones generales, no han cesado las manifestaciones de ese estado de permanente crispación en el que están sumidos ciertos políticos por cualquier asunto que suceda en este país, desde un incendio forestal al accidente de un helicóptero o la discusión en las Cortes Generales de un Estatuto. Resulta curioso, se lo comento a Ana, que una parte de la población que vota a la derecha, por lo que se les supone un cierto bienestar económico y social, estén permanentemente agitando la bandera del revanchismo, de la intolerancia, contra los que defienden y votan otra manera de hacer política, de entender el sentido de la democracia. "Debe ser que lo quieren todo", me dice ella. Pues será. Con lo que cívicamente se ha perdido el respeto que tan bien nos fue durante los primeros años de esta democracia siempre agitada por fantasmas del pasado. No hay día que no nos levantemos con un improperio de mal gusto en cualquier debate político que pueda surgir en nuestra sociedad. Y tanta intolerancia me lleva a pensar que o bien nuestra democracia no ha cuajado del todo entre algunas personas o tienen en tan alta estima el concepto patrimonial de España, que da qué pensar que detenten ellos todas las plusvalías de esa empresa del destino común que estamos construyendo, si es que nos dejan convivir en paz con esas profecías del desastre que se avecina si no gobiernan ellos. Cierto es que no son muchos los malos agoreros, pese al ruido que hacen. Han libado desde la más tierna infancia ese veneno maniqueísta que los tiene tan alterados. Un poco de respeto y tolerancia no les vendría mal a esas personas. Les reportaría el beneficio de poder dormir en paz, sin esa rencorosa pesadilla de que sus adversarios políticos sólo pretenden dividir a España, llevarla a esos abismos de la Historia que dice Aznar. A mí, de oírlos, me sube la tensión. Como cuando oigo en la Cope a ese Jiménez Losantos (¡lástima de inteligencia perdida por el odio, por el sectarismo!). Y, hablando de la Cope : hace unos días recibí un correo electrónico del periodista Iñaqui Errazquin. Me adjuntaba un archivo de audio con dos cortes pretendidamente "humorísticos" acerca del problema de los subsaharianos. El primer corte del audio se titulaba "El salto de altura en la olimpiada de Ceuta y Melilla". El segundo, era el remedo de una vieja canción del verano ("María Isabel") y se titulaba "La valla estaba repleta". Me dio lástima pensar que la Conferencia Episcopal Española patrocine una emisora de radio que se mofa de una manera tan cruel y tan poco cristiana de esos pobres desgraciados, parias en su propia tierra y en todas las fronteras del mundo. ¿Cómo es posible que los cerebros envenenados por el odio a unas ideas políticas llegue a tal extremo?. Hasta una persona nada extremista como el líder del PP catalán, Josep Piqué, ha vuelto a recuperar públicamente la que ya creíamos extinta dialéctica de "vencedores y vencidos" que no se utilizaba desde la muerte de Franco. Creo que tales argumentos no ayudan, ciertamente, a nuestra convivencia común. La España actual no es tierra propicia para discursos de otros tiempos. Tal vez el PP, como ha dicho el diputado socialista Yáñez Barnuevo, "tiene pendiente de redefinir todavía sus propias referencias históricas" y, añado yo, las paternidades de sus ideas políticas tan fuera, a veces, del contexto de la democracia. Y es de esa siembra de malos vientos de las que vienen esas tempestades de la intolerancia, de la agresión y del insulto por parte de unos energúmenos que nos retrotraen a los tiempos cainitas de "vencedores y vencidos" que ya creíamos superados.
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Carlos Rivera
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Aljuma (2005 )
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