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ALJUMA
Aparición gloriosa
Carlos Rivera
19/10/2005
Desde que sabemos, por boca del ex ministro de Exteriores palestino, Nabil Shaath, que Mambush se fue a la guerra por orden directa de Dios, ya nada es igual. Nos sentimos reconfortados moralmente, nos arrepentimos de haber acudido a las marchas contra la guerra de Irak, puesto que Dios la quiso y así se lo ordenó al presidente americano. De los otros aliados no conocemos, que se sepa, ningún contacto sobrenatural. ¿Imaginan a Blair encomendándose a Merlín en aquel mágico día de las Azores?. ¿O a nuestro Aznar apareciéndosele Santiago Matamoros ?. ¿O a Rajoy, con lo del "estatut", apareciéndosele Isabel y Fernando y Cánovas del Castillo? Nuestros políticos europeos (aunque haberlos en la derecha, haylos) no se atreverían a decir lo que esos iluminados americanos que creen tener a Dios de su parte en cada guerra, en cada palabra, en cada apelación a las sagradas esencias de la patria y de la cristiandad. Aquí, a más de uno le gustaría que cualquier día de estos se apareciera Franco si los nacionalistas catalanes insisten en sus pecados estatutarios. Si por ellos, los predestinados, fuera, nuestras democracias cívicas se convertirían en teocracias, tomando a Dios como referencia política y como fuente de derecho y jurisprudencia, tal pretenden hacer los iraquíes-maniquíes de Bush con su Constitución. De los predestinados puede esperarse todo. Que mientan. Que manipulen. Que tergiversen la verdad sobre la existencia de armas de destrucción masiva. Pero que tengan a Dios por cómplice de sus mesiánicas políticas genocidas, es demasiado. Si en su desquiciado fanatismo de "caraduras" llegan tan lejos, ¿qué será de este mundo en el inmediato y lejano futuro si Dios, esa respetable interrogación, está por el exterminio, la guerra, la mentira y la locura desatada? El nos libre, con todos los respetos, de tanta maldad como cometen en su nombre. O tendremos que invocar, de nuevo, a Nietszche y enterrarlo. Apostatar de tanta falacia y pensar que nuestros místicos, que nuestros ascetas, estaban equivocados. Que el Dios misericordioso y compasivo, no vengativo ni partidista, es una atrocidad, puesto que comparte la doctrina de ese sujeto belicoso, el Mambush que fue a la guerra. El pensamiento bíblico de los fundamentalistas cristianos y de los "neocon" se ha extendido de tal manera entre las conciencias de los nuevos apóstoles de la confusión que hasta nuestra derecha más española siente ese latigazo de las postrimerías propio de telepredicadores en su fascinación por el apocalipsis, como es legítimo deducir de sus altisonantes declaraciones de guerra contra todo aquello que no sea compartir sus doctrinas de juicio final en lo que se refiere a cualquier evolución positiva del sentido de la democracia. En la novela evangélica de Tim La Haye y Jerry Jenkins titulada "Glorius appearing" ("Aparición gloriosa" ) se contempla la terrorífica batalla de Armageddón contra el ejército del mal (islámico, por supuesto) y que puede resumirse en esta breve sinopsis: "El anticristo ha convocado a los ejércitos del mundo en el valle de Meggido y las fuerzas cristianas se despliegan en Oriente Próximo uniéndose a los supervivientes judíos, puesto que ha caído Jerusalén y los creyentes miran al cielo esperando la gloriosa aparición de Cristo". Resumiendo: la lucha contra el Islam y pro Israel se ha convertido, nada más y nada menos, que en la política exterior de Dios. Ya está claro: ahora comprendemos las razones por la que Mambush y sus aliados fueron a la guerra de Irak, a la de Afganistán y a la próxima (que Dios no lo permita) contra los persas. Pero ¿no quedamos que la política exterior de Dios era exclusiva del Vaticano? Parece que no. Que la extrema derecha americana y los que comparten sus ideas en el resto del mundo son los nuevos ejecutores de esa política. Y aunque es verdad que a lo largo de la Historia nunca dejaron de ejecutarla, esta vez es por directa inspiración divina. Para una mente racional todo eso es una pura estupidez. Dios, de existir ¿cómo iba a mezclarse con esos paranoicos que dirijen la política del mundo? El problema es que ellos lo creen de verdad o hacen como que lo creen. Y ya sabemos cuantas barbaridades se han cometido en este mundo en el nombre de Dios. No es para tomarlo a broma. Aunque lo desmienta la Casa Blanca, este Mambush es un sujeto alucinado. De eso somos conscientes. Sólo faltaba que le hablara Dios y guiara su mano, porque lo de penetrar en su supuesto cerebro hasta para Dios resultaría complicado.
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Carlos Rivera
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Aljuma (2005 )
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