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ALJUMA

Inocencias

Carlos Rivera

21/09/2005



Hay personas en este mundo que llevan a tal extremo su solidaridad, su grandeza de espíritu, su excepcionalidad de seres humanos, que son capaces de sacrificarlo todo por esa virtud civil tan poco frecuentada como es el amor por los semejantes. Es el caso de aquellos y aquellas que dejan bienestar, casa y familia para irse a los confines planetarios donde la desigualdad y la injusticia se hacen tan evidentes que privan de la vida cada día, por enfermedad o por hambre, a miles de personas de todas las edades. No importan los motivos, religiosos o cívicos, por lo que esos excepcionales seres humanos se entregan a esa utopía social y fraterna. Siempre tuvieron mi admiración por su mirada compasiva, por su entrega a una causa tan solidaria, a una guerra cuyo objetivo es la victoria de todas las victorias : la de conseguir ese mundo mejor por el que otros también luchamos, aunque cómodamente y con menos valor moral y personal que esos misioneros de la religión más vitalista y menos recompensada aquí en la tierra como en el cielo. El dios de estas personas tal vez no tenga nombre. Ni creo que importe. Ni que les importe. Ellos han hecho de sus vidas el menos común de los lugares comunes de la existencia humana: ama a tu prójimo, incluso más que a ti mismo. Ese precepto no se contempla en ninguna de las religiones conocidas.
La lucha de un inglés llamado Brian Haw no es comparable. Ni igual su sacrificio personal. Aunque no dejen de causar admiración y también perplejidad su idealismo ingenuo. El día 2 de junio del año 2001 instaló su campamento solitario frente a Westminster, sede del Parlamento británico, y haciendo suyo el estribillo de aquella utópica canción de Joan Báez ("¡No nos moverán!") sigue alzando su voz silenciosa y activa a favor de la paz. Las 24 horas del día. De este modo se ha convertido en un símbolo universal para todos los que rechazamos la violencia y en un quebradero de cabeza para el gobierno de Blair. Si usted va a Londres y pasa junto al Big Ben puede contemplar al bueno de Brian en medio de un enorme mural que ha desplegado y que es todo un santuario moral en honor de todas las víctimas de la absurda y nunca terminada guerra de Irak. Obviamente, Brian es un inocente utópico, como lo es nuestro presidente Zapatero al promover en las desprestigiadas Naciones Unidas esa Alianza de Civilizaciones que suena tan a música celestial como el foro promovido por Clinton o la Alianza contra el Hambre promovida por Francia, Chile y el Brasil de Lula. En mi también utópica inocencia resulta gratificante que esos políticos hayan tomado conciencia verdadera del enorme problema de la desigualdad. Lo que pasa es que se ríen de ellos, de nosotros. He leído en un "blog" de internet (por cierto, ¿saben ustedes lo que es un "blog", que yo no acabo de enterarme?) el calificativo de "zero Zapatero" con el que se mofa de la propuesta del presidente español un ilustre filibustero que un día fue comunista, después aznarista y ahora, ya sin máscaras, de la extrema derecha, como Ramón Tamames.
Pedirle respeto a semejantes individuos por las personas que intentan luchar contra el hambre y las desigualdades, resulta de una inocencia extrema. Es como pedirle a nuestros agricultores europeos que renuncien a sus subvenciones sobre el algodón, por poner un ejemplo, para que tenga salida al mercado el algodón que produce Níger, país donde la hambruna se está cebando en estos días.
Como inocente utópico que soy me siento impotente y consternado. Asistiendo, sarcástico, a ese intento de arreglo del eterno desarreglo que es la ONU desde su fundación. Nada ha llamado tanto la atención en estos días como esa foto en la que Bush, durante la asamblea reciente de la ONU, le escribe a Condoleezza Rice que necesita ir al baño. Se pregunta Manuel Rivas, otro inocente, si será la "toilette" el centro de lo oscuro, como en las novelas neogóticas. A mí me parece una metáfora de la situación: ante las propuestas de Zapatero, de Lula o de Chávez en la ONU, lo que intenta ejercer Bush es la estrategia lavatoria de Poncio Pilatos, dejando en manos del cruel mercado global la suerte de millones de personas que van a ser ajusticiadas por el hambre en los tiempos venideros.
Curiosa táctica de los neocón. Limpia y segura. Ellos no se manchan sino que se lavan las manos ante el oscuro destino de los desfavorecidos de todo el planeta. Contra esa táctica de los poderosos ¿qué podemos hacer sino seguir predicando en el desierto de nuestras inocentes utopías?
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Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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