.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
Arte, de Félix de Azúa
 Novedades
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales
- De "Madame Bovary" a "La orgia perpetua" (fragmento)
- Lo trágico en Georges Bataille
- Georges Bataille
- Otros poemas de Jorge Teillier
- Un poeta de la tierra de nunca jamás
- Mira la mar, de Olga País
- Algunos poemas de Juana Bignozzi
- La ley tu ley de Juana Bignozzi
- Fragmento de “La insoportable levedad del ser”


Inicio » Escrituras

  Versión Imprimible

» Arte, de Félix de Azúa
Arte, de Félix de Azúa

Novelista y poeta de reconocido prestigio, la obra ensayística de Félix de Azúa le ha revelado también como a uno de los escritores con mayor capacidad para generar ideas y crear polémica en ámbitos tan diversos como la estética, la política o la literatura.


Arte


El público, cabizbajo, se desplaza de tela en tela muy despacio y en silencio. Las grandes pinturas de Rothko exigen distancia y recogimiento. El espacio de la Fundación Miró es pequeño para estas piezas, pero los visitantes nos apañamos. Cedemos el paso, nos retiramos discretamente para dejar lugar a los recién llegados. No es fácil permanecer unos minutos delante de ese azul ultramar que acaba por emerger del alquitrán si le das una oportunidad. Constantemente has de ceder el sitio a otros curiosos. Nos saludamos con un sencillo golpe de cabeza. Parecemos congregantes. Nostalgia del sombrero.

Claro que el propio Rothko afirmó una y otra vez que sus pinturas eran mitológicas y trágicas. Así que todos miramos intensamente los grandes rectángulos negros, azafranados o amarillos con la misma fe que, siendo niños, rezábamos: "¡Señor, dame una prueba de tu existencia! ¡Haz que apruebe la física!". Pero en un momento de exaltación me percaté de que ya había yo visto aquel azul trágico en algún lugar y tras un heroico esfuerzo recordé un montón de sublimes rothkos en el metro de Nueva York.

Las pilastras de hierro forjado que sostienen algunas estaciones reciben capas y capas de pintura cada año. En la luz tenebrosa del subsuelo, la presencia de los colores me había perturbado. ¡El azul de la calle 81, líneas B y C, comido por la luz cárdena! ¡El lila oscuro de la línea E! ¡El plomo irisado de la 7ª avenida, línea B! Aquellos colores en perpetuo conflicto con sus capas inferiores, mordidos por las crueles luces de neón, reverberando contra los muros de mosaico mugriento, ahora saltaban a las telas de Rothko y me resultaban familiares, en absoluto sagrados, aunque sí un tanto trágicos.

Entonces comprendí la razón de la célebre insistencia de Rothko para que sus telas se exhiban con luces débiles o sin luces, en penumbra, casi a oscuras. No es una infección mística, es la nostalgia del Averno y la catacumba, porque no hay mejor lugar para la pintura de Rothko que una estación de metro, su lugar natural, su morada. Y mirarla tan sólo durante la parada de nuestro vagón. Transitoria y refulgente como el fantasma de un pasajero.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1