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ALJUMA

La mirada violeta

Carlos Rivera

20/07/2005









Conozco bien esa "mirada violeta" que es el título del libro del que es autora Angels Filella, mujer de iglesia y creyente. Conozco bien esa mirada a través del mundo real tanto como a través del mundo de la poesía. En el Colectivo de Poetas Cordobesas esa mirada violeta se derrama en palabras que a los poetas hombres a veces nos arrastran a una difusa sensación de culpa de género cuando intuimos ese perfume de destierro, esa sensación de vulnerabilidad y esa rebeldía convertida en pétalos de reivindicación sobre tantos viejos asuntos que nos traemos entre hombres y mujeres en una sociedad que si es cada día más paritaria es en la epidermis y en la corola, que no en el fondo. Una de mis viejas amistades femeninas, Encarna García, confesaba el otro día en un poema "que cualquiera es de cristal y se rompe" y que "la mermelada no me quita/ la amargura de las sábanas". Lo decía tocándote el corazón, como una Silvia Plath, como lo dice Angels Filella en ese libro de La mirada violeta , en el que intenta recuperar la mirada femenina que la Iglesia católica hurtó de los textos sagrados. Cita Filella un viejo parlamento de Tomás de Aquino: "La mujer es algo defectuoso y ocasional, un varón frustrado y un receptáculo pasivo". Acto seguido pide la autora del libro : "Sólo pido que se devuelva a Jesucristo lo que nos dio explícitamente y que ellos, los hombres de la Iglesia, nos han robado". Pide que se devuelva esa mirada violeta, la espiritualidad que emanan los textos sagrados cuando son contemplados desde los ojos de una mujer. No tengo mucho trato con esa Iglesia a la que alude la autora, creyente católica. Lo que sí ocurre es que me acuerdo de otra mujer llamada Teresa de Jesús, aquella que decía que Dios andaba entre los cacharros o, en otras palabras, mezclado, si estuviera probada su existencia, de algún modo corpóreo con las manos, con la mirada, con las emociones de una mujer blanca, negra, india, pobre y enferma de sida. Eso tantas veces proclamado por voces femeninas: que Dios fuera mujer. Y aquí se entiende el asunto porque nos habla de una Iglesia que nos ha predicado y nos predica lo contrario: una Iglesia machista en los conceptos y en las formas que utiliza el nombre de Dios sexistamente (¿será por eso que han prohibido la lectura de El Código Da Vinci ?). Tal vez por ello se pregunta esta mujer catalana en La mirada violeta : ¿No está mucho más cerca esa esencia divina de la mirada de las mujeres que sufren y mueren, de los homosexuales que son perseguidos por su condición, de los enfermos de sida?. Pues por lo que oímos y leemos todos los días (y lo hemos manifestado muchas veces en esta página) parece que no. No sólo en el pensamiento católico sino corregido y aumentado en el Islam y en otras religiones que criminalizan o desvirtúan la sexualidad de la mujer. Parece que a Dios, de existir, lo habríamos inventado los hombres y de su divina virtud hemos hecho unas leyes llamadas religiones o unas religiones propagadas en leyes discriminatorias, autoritarias y poco compasivas con la verdadera realidad de la condición humana y, muy especialmente, de la condición femenina, siempre relegada y considerada poco menos que substancia impura por representar un sexo diferente. ¿Quién ha autorizado, en el nombre de ningún Dios, a considerar a la mujer con la misoginia con la que los hombres de todas las religiones la llevan discriminando siglos y siglos? Hay más compasión y entendimiento en esa mirada violeta de una mujer creyente y lúcida que en todas las campañas y condenas de los jerarcas religiosos. Ese Dios del que ellos hablan o cuyo nombre suelen usar tan reiteradamente no puede estar en contra de esos niños, mujeres y hombres de cualquier parte del mundo, puros esqueletos de hambre en Africa o muriendo poco a poco de esa terrible enfermedad del sida. Dios no es excusa de nada que condene en el nombre de ninguna moral ni religión a los más necesitados de su mirada compasiva. "No tomarás el nombre de Dios en vano" es una máxima que no se cumple por parte de aquéllos que dicen representarlo. Dios no debe ser el refugio para ningún tipo de represión. Ni su nombre debe ser usado para justificar ninguna guerra, ninguna cruzada moral que vaya en sentido contrario de su esencia, de su mirada sobre los que sufren. Una mirada que ni debe, ni puede, tener color alguno. Porque, si lo tuviera, sería la negación de Dios.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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