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El día de la banderita
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EL DIA DE LA BANDERITA


CARLOS RIVERA


En lo tocante a nacionalismos y símbolos no conviene irracionalizar las adhesiones. Ser español, como ser andaluz, como ser cordobés, no significa que se tenga que ser españolista, ni andalucista ni “cordobita”. Cuestión de relativizarlo todo : no es que los símbolos me parezcan mal sino sus inconvenientes aplicaciones y usos. Viene a cuento por lo del “día de la banderita” (es un decir, por lo del tamaño) que acaba de institucionalizarse para todos los terceros miércoles de mes en unos delicados momentos políticos, con una parte de España a punto de secesión confesa. No es la ocasión, creo yo, para liarse a simbolazos ( y perdonen la fealdad de la palabra ) como en los viejos tiempos en los que la bandera de España no era símbolo de unidad sino de confrotación. No entiendo esa utilización partidista ni esa manía de atizar los fuegos de la fragmentación política con lo que nos ha costado asumir la fragmentación territorial de la que esa bandera es símbolo unitario y constitucionalista. ¿ O es qué queremos volver a aquellos años en los que pijos y añorantes del franquismo exhibían aquellas pegatinas de la bandera predemocrática como si fueran los únicos españoles con denominación de origen ?. No creo que sea el caso sino un malentendido cultivado con premeditación como respuesta a la demanda de “estado libre asociado de Ibarretxe”. Sólo que, por la carga simbólica que aún gravita sobre la memoria colectiva de muchos españoles, tal utilización patidaria de la bandera es, cuando menos, un error político, por diversos motivos.
En primer lugar, en el acto de homenaje a la bandera de la Plaza de Colón sólo estaba presente una parte de la realidad fragmentada : el Partido Popular, con el alcalde de Madrid y el señor Trillo-Figueroa, ministro de Defensa. En segundo lugar, la presencia militar añadía un simbolismo de culto innecesario, puesto que la bandera representa a toda la sociedad española, es la bandera de la Constitución que nos hemos otorgado, pero no es la bandera de un partido político ni mucho menos un símbolo castrense. En tercer lugar, el dichoso homenaje es un acto unilateral promovido por el PP sin consultar ni invitar al resto de los partidos representados en el parlamento español. Eso significa, a mi entender, apropiación indebida de un símbolo constitucional por parte de la derecha. De ahí que el acto del “día de la banderita” pueda ser considerado como una más de las muchas torpezas políticas que añadir al bagaje del “patriotismo constitucional” que tan poco está contribuyendo con su retórica, tan nacionalista como la de los otros, y con sus hechos consumados a la convivencia natural de todos los pueblos y nacionalidades de España.
Aunque tampoco conviene desmadrar la cuestión. Los símbolos, sean cuales fueren, sólo son estereotipos y cada uno los entiende a su manera o pasa de ellos. Supongo que hay sobradas razones para que una bandera ondee con naturalidad en la Plaza de Colón de Madrid o en cualquier lugar de la geografía española. En el Arco del Triunfo de París ondea una enorme bandera francesa. En todos los paises del mundo está presente la bandera en los edificios públicos. Lo que no cuadra es inventarse de prisa y corriendo y sin consenso alguno el “día de la banderita”. Ni que al día siguiente los de CIU y Esquerra Republicana de Cataluña protagonicen, en paralelo, un homenaje a la “senyiera”. Nada que objetar a que se grite “Viva España”, “Gora Euskadi” o “Visca Catalunya”. Están en su derecho quienes lo hagan. Como lo están los fetichistas de todas las banderas del país.
Lo malo es que se comienza celebrando el “día de la banderita” con toda la parafernalia musical y castrense que conlleva y acabamos mirándonos con desconfianza los unos a los otros como en los tiempos de la transición democrática. Ya está bien, pues, de sobredosis de patriotismo superficial. La bandera no debe convertirse en banderín de enganche de ninguna idea ni en sinónimo de bandería sino de unidad, para quienes así lo consideren. Y el “día de la banderita” vamos a dejarlo para la cuestación de la Cruz Roja.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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