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Días de enero
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DIAS DE ENERO

CARLOS RIVERA

Cada primero de enero que suele amanecer sobre los campos de La Coronada está sazonado de ese color inverosímil, entre blanco y azul, de la escarcha. Es como la nieve que no llega a ser nieve. Como la lluvia que enniñada en rocío vela la tierra del secano. Bajo ese velo y al contacto del primer rayo de sol el incipiente verde de los campos fertiliza de promesas los ralos sueños del campesino. En los hermosos pueblos de la sierra de Córdoba, desde mi valle del Guadiato al valle de los Pedroches, cada año nuevo es, absolutamente, la yema blanca, incierta, de la repetición de los ciclos agrarios. Los días de enero, si hace sol, son tan intensamente azules y con la tierra tan llena de lágrimas, que da frío de mirar al cielo de donde todo proviene para el campesino : la luz, la sombra de la lluvia, la vida y la muerte, la incierta cosecha de los días de un hombre. De este contacto íntimo que se establece entre los habitantes del secano y el paisaje de enero nace una relación genesíaca. Todo parece estar sucediendo aquí por primera vez pero de un modo eterno. Debe ser por la influencia optimista de la luz, acristalada por el frío, lo que le da una transparencia única en estos pueblos, donde se está tan cerca de la realidad de la vida y en los que se siente la pequeñez y, contradictoriamente, la grandeza de la naturaleza humana.
Cierto es que los días pasan indiferentes. Ni nuevos ni viejos. Repetitivos hasta la ansiedad. Los viejos campesinos que se muestran escépcticos ante cualquier cambio que pueda producirse en sus precarias existencias nada saben ni quieren saber de que este año de 2.002 ha nacido el “euro”. A ellos ni les viene ni les va. Si no tuvieron pesetas cuando podían disfrutar de la vida, a estas alturas les trae al pairo la nueva moneda. No tendrán muchas para gastar ni donde. El vaso de vino en la taberna. El café de la tarde jugando al tute. Y poco más. A ellos les importan las cabañuelas, que el dios del secano sea propicio, que las ovejas no dejen de parir y que sea haga realidad esa fábrica que dicen que van a poner en Peñarroya, el pueblo más importante de la comarca, que vive de su memoria ilusa desde que se acabó el carbón.
Y es que tanto en el bajo como en el alto Guadiato sigue habiendo sembrados de gleba que corren a la par con el pequeño pobre río que es como un símbolo del bajo nivel de vida de esta zona en la que yo nací. Una zona en la que la pobreza secular es un estado místico del hombre.
Bajo el frío cielo de enero los veo caminar, contemplando la escarcha que vela los campos, con el alma de secano sometida a la resignación del viejo proverbio : “Si tu mal tiene cura, ¿ por qué te apuras?. Y, si no tiene cura ¿por qué te apuras?”. Así son las cosas. Con el euro y sin el euro saben que todo va a seguir igual. Bajo el mismo paisaje de enero a diciembre. Toda su filosofía de la vida se basa en esperar. Mirando al cielo de donde provienen el bien y el mal de sus azarosas vidas. Ahora está limpio y frío. El nuevo año sólo es un número de la lotería del destino de mis paisanos. Como el euro o como la peseta que casi nadie tuvo. Ciento, miles de años de soledad, viejos y nuevos.
Tal vez sea así y que todas las alegorías del paisaje que nos inducen a la relación genesíaca del optimismo en estos días claros sólo sean barruntos de las isobaras de la felicidad. “La vida es vasta y la amargura es dulce y claro el ánimo” (Paul Valery). Un paisaje de enero. A lo que un viejo amigo del que nada sé hace años (“Falico” Alvárez Merlo) con íntima satisfacción crepita “donde el íntimo espacio es un dardo sonoro”. Así bajo la escarcha, donde la nieve no llegará a ser nieve, bajo los pétalos del rocío que vela la tierra y hace soñar con la lluvia al campesino de mi pueblo y al “aymará” que contempla el cielo bajo la Cruz del Sur. La vida de hoy para beber mañana. Un año nuevo en el que inicio estos “itinerarios” de incertidumbres. Plotino decía : “Vivir aquí con las cosas del mundo es un sometimiento”. Donde Borges hubiera escrito “costumbre”. Aunque con la esperanza de cada amanecer.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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