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ALJUMA

Bienvenidos a la calle

Carlos Rivera

15/06/2005



En otro tiempo, lo de manifestarse estaba prohibido. Era muy de mal gusto hacer público el rechazo al poder. Eso era cuando gobernaba la derecha no democrática (la otra lo admitió a regañadientes). No estaba permitido salir a la calle con pancartas de protesta, dado que entonces no se podía protestar. Vino la democracia y algunos, poco a poco, lo fueron entendiendo. Verán: no es nada malo manifestarse. Ahora lo van a hacer hasta los curas y los obispos. Están en su derecho. Un derecho que no se nos había reconocido hasta ese pacto que se llamó y se llama Constitución española. Así que bien está que se manifiesten quienes no hace mucho estaban en desacuerdo con esa forma de reivindicar públicamente cualquier derecho que creían vulnerado. La izquierda, cuya representación más moderada ahora detenta el gobierno de este país, solía manifestarse cuando no estaba bien visto. La calle no le pertenecía. La calle era de los ministros del Interior, antes Gobernación. Uno de ellos, don Manoliño Fraga, manifestó cierto día que la calle era suya. Y mandaba a los representantes del orden a reprimir las manifestaciones, utilizando los métodos más persuasivos. La cachiporra y las balas de goma eran excelentes argumentos de persuasión cuando, en los albores de la democracia, éramos tan ingenuos que creíamos que la calle era nuestra. Ilusos.
La calle como espacio de libertad supuso una conquista difícil. Y los que entonces prohibían el uso de ese espacio para expresar las protestas de los ciudadanos, ahora lo entienden. Han tenido que pasar muchos años. Ha costado víctimas esa conquista de la calle. Bien está que, habiéndolo entendido a su manera, los que entonces negaban ese derecho al uso del espacio público, lo aprovechen ahora para manifestarse contra lo que sea. No en vano se han convertido en una fábrica de "noes", como decía hace unos días Forges , en una de sus viñetas. Ahora dicen que no a todo: a las leyes emanadas del Gobierno que (ocasionalmente) no ocupan, a los papeles de Salamanca, a las bodas esas que ellos llaman "contra natura". Y la verdad es que, cuando se manifiestan, parecen muy aguerridos y seguros, gritando innumerables consignas en nombre de la libertad, palabra cuyo significado hasta hace muy poco tiempo tampoco entendían.
A mí me gusta verlos en la calle porque eso me pone de muy buen humor. ¡Fíjense lo que hemos conseguido: que ejerzan uno de los derechos fundamentales de la democracia de los ciudadanos! Palabras (democracia y ciudadano) que antes consideraban altamente sospechosas. Palabras que ellos han sabido reciclar a su manera: sólo cuando no gobiernan pretenden darles, egoístamente, su verdadero contenido. Cuando y donde gobiernan, en muchas ocasiones dichas palabras son harina de otro costal. Algunos de los que profesan la ideología de la derecha no llevan genéticamente asumida ni la etimología ni la sintaxis política de esas dos cruciales palabras: democracia y ciudadanía.
Ultimamente están en el pronóstico de una España absolutamente pesimista, sobre la que dicen que van a caer todas las maldiciones. Y es por ello que, metafóricamente, han recobrado el pleno sentido de "limpieza histórica" que siempre tuvieron. Un historiador ha retornado al anatema de las viejas palabras inquisidoras: Ricardo de la Cierva ha dicho que Zapatero y un montón de ministros son masones. Sólo que ahora no tienen el suficiente poder de persuasión para emprender nuevas cruzadas. Han perdido el respeto de muchos ciudadanos con su manera absolutamente negativa de ejercer la oposición que les es más querida: ¿de qué se trata?, que me opongo. Con sus aliados sociológicos de toda la vida han decidido, no obstante, que eso no basta. Y han acordado ejercer la oposición en la calle, lugar menos propicio y natural que el Parlamento.
Pues sea: bienvenidos a la calle, que es de todos. O como dirían el irónico Millás o la mordaz Maruja Torres: bienvenidos a la subversión. Aunque no tratan de subvertir sino de volver a lo que ellos consideran el orden natural de las cosas. Es decir, sus enunciados tradicionales acerca de la familia, los homosexuales, la España eterna, maniqueísta y noña, bendecida (ellos creen) por un Dios que da por bueno todo lo que ellos piensan y ejecutan. Porque siguen creyendo erróneamente que ese Dios está de su parte. Y bendijo la guerra que ellos apoyaron. Esperemos que en las próximas manifestaciones no lo utilicen como pancarta.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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