CUENTAS Y CUENTOS
CARLOS RIVERA
El señor ministro de Economía, Don Cristóbal Montoro, salió reciéntemente en un telediario de la tarde con cara de modestia para anunciar modestamente que nuestro país había conseguido en el pasado año 2001 el equilibrio presupuestario. Es decir, el déficit cero. Supongo que, después de esta hazaña, la próxima meta será conseguir el superavit público en las cuentas del Estado. Como ciudadano responsable y respetuoso y al margen de la ideología que profeso, no tengo inconveniente en proclamar que tal éxito, sin antecedentes en la política económica de España, es consecuencia de la buena administración de una empresa llamada Estado. Sólo tengo una duda : ¿ es el Estado, realmente, una empresa ?. Sin necesidad de recurrir a Montesquieu y al diccionario de autoridades, debo suponer que no lo es, al menos en el sentido capitalista de la palabra. Lo que me lleva a plantearme otra pregunta : alcanzar el equilibrio presupuestario y conseguir el défict cero ¿ quiere decir que están satisfechas todas las necesidades del país o de los ciudadanos?. Como me considero un lego en materia económica, consulto a la confiable autoridad de un amigo, profesor de una ciencia tan abstrusa para mí. Su respuesta, más o menos traducida a términos coloquiales, es la siguiente : una cosa es que cuadren las cuentas del Estado y otra, muy diferente, es que se hayan alcanzado todos los objetivos del bienestar ciudadano, lo que, políticamente, es imposible, ni aún considerando que vivimos en la metafórica Jauja cervantina, nadando en la opulencia. Mi amigo, el profesor, me habla de un término que parece estar de moda en los salones de la economía liberal : la “contabilidad creativa”. Me sonaba la música por haberla escuchado en alguna de las amenas columnas periodísticas de Joaquín Estefanía o Pepe Borrell. Dice mi amigo que consiste en una cuestión tan sencilla como “adecuar las realidades económicas a los criterios contables” y que es una fórmula muy utilizada para lo que se llama “maquillar” el défict público. ¡Ya!. Es como y cuando mi compañero Gutiérrez cuadraba los balances de la empresa. ¿Qué sobraba un millón de alguna cuenta de ganancias ?. Pues, nada, lo llevaba a lo bestia a las cuentas de pérdidas y todos tan amigos. Tiene que ser eso, ya les digo que soy un lego en materia económica, que soy de letras. Eso de de ser de letras es un nido de dudas, créanme, y no sólo de dudas metafísicas sino de las otras, de las razonablemente materiales. Así que me pregunto : lo de la contabilidad creativa, ¿no será una trampa, una fabulación interesada de la armonía pitagórica ?. Mi amigo, el economista, me lo aclara diciendo : “No es como sacarse el conejo de la chistera sino como un maquillaje de situación”. Pero eso es teatro, le digo. Y él : “O parecido a un cuento. Se trata de una operación de camuflaje”. ¡ Qué tíos, y encima son artistas!. No me extraña que en cada una de sus encuestas de opinión saquen, no una, sino dos mayorías absolutas y puede que, dentro de poco, tres. Cuidado, a ver si a va a pasar lo de Chávez en Venezuela, que lo copen todo. Y mi amigo, cándidamente, me fulmina : “Ya lo han hecho”. Luego me explica que, con el superavit de la Seguridad Social, han conseguido que se esfume el défict público, por lo que se me ocurre (elemental, querido Watson, que diría Holmes) que podrían haber subido las pensiones. O, por ejemplo, hacer más hospitales. O aumentar la protección familiar, cuestión en la que estamos a la cola de Europa. Imagino que la mayoría del país debe estar en las nubes, en Babia y no en Jauja, para creerse milagro tan asombroso como alcanzar el déficit cero, con la de cosas que hay que arreglar. Se me ocurre que ¿ por qué no le explican a los ciudadanos que los asalariados españoles pagamos a la Hacienda pública el doble que las rentas del capital ?. Que somos los penúltimos de Europa en protección social, en investigación y desarrollo y los últimos en gastos de educación secundaria. Se me ocurre que a eso se llama ocultación de datos. Y, si me lo permite, señor Montoro, inmoralidad política.
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