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ALJUMA

La noche de la vida

Carlos Rivera

01/06/2005




Hay días en los que no está uno para nada, en los que prefieres refugiarte en tu urna de cristal, ir por la calle como un ausente y no enseñarle a nadie ese abismo que se ha posado en tus ojos. Días negros a plena luz de este anticipo del verano, con la ciudad en feria, chicas guapísimas vestidas con sus trajes de faralaes y pensamientos desoladores como el que te produce que una persona se haya arrojado al vacío desde la planta novena del Hospital Provincial. Estaba allí esa mañana y por segundos no contemplé la escena. El cáncer o cualquier otra causa de desesperación han pesado más que el amor a la vida, de la que esa persona ya había abdicado.
La ya desaparecida Susan Sontag publicó en 1978 un ensayo sobre la metáfora y la enfermedad, en el que se refería a dos enfermedades tan mitificadas como la tuberculosis y el cáncer. Decía Susan que "la enfermedad es la noche de la vida". La tuberculosis, hoy prácticamente desaparecida en el mundo desarrollado, tuvo en su día una aureola maldita y romántica. Enfermedad de poetas, artistas y escritores consumidos por el eros o por el hastío, se decía. Enfermedad tan incomprendida como la del cáncer, para la que todavía no tenemos remedios infalibles, pese a los avances de la ciencia médica. La destrucción solitaria, tan bien contada por el Ivan Ilych de Tolstoi o en la novela "Pabellón del cáncer" de su compatriota Solzhenitsyn.
En otros tiempos las enfermedades epidémicas y de procedencia desconocida, como la peste, la sífilis o la tuberculosis siempre eran atribuidas a causas sobrenaturales, como si fuera la mano justiciera de un Dios terrible la que ejecutara la pandemia para castigo de los pecadores. En nuestra sociedad descreída tal castigo solemos atribuirlo a la naturaleza, por la polución y agotamiento del medio ambiente, el imprudente uso de productos químicos y sustancias radiactivas. La enfermedad, como un mal premio de la lotería del destino, te toca porque sí o por la herencia, vía código genético, de algún cercano o remoto antepasado. En el caso del tabaco, ya está señalado claramente el culpable homicida. Lo que te deja perplejo es que se desarrolle un cáncer de pulmón en una persona que no ha fumado en toda su vida. He visto casos, incluso en el mundo rural, ambientes sanos, alimentos sanos y dietas casi ascéticas. En vano intentamos buscar las causas de ese mal premio de la lotería del destino, cuando se trata de un niño, de un adolescente o de un joven en plena floración de la vida.
Dylan Thomas, el poeta irlandés, se revelaba contra la agonía de la luz en el poema "Y la muerte no tendrá dominio" . Bello apunte para su biografía literaria, del que debió acordarse cuando en la noche del 4 de noviembre de 1953, al terminar su cuarta gira por Estados Unidos, se sintió tan mal que optó por beberse dieciocho güisquis puros, cayó en el "delirium tremens" y murió diciéndole a su acompañante: "Te amo, pero estoy solo".
En ocasiones en las que he debido estar de acompañante en la habitación de un hospital, he podido observar no sólo el contraste entre aquel mundo de la casa del dolor y el mundo exterior, sino la relatividad del tiempo y del espacio en las largas horas que pasas allí, contemplando el sufrimiento ajeno. Por mucho que entendamos el final de la vida como la simple aplicación arbitraria de una ley biológica, acabamos por utilizar fórmulas de encubrimiento, como la fe, en ese momento final y desolado ante el que Dylan Thomas sólo supo decir: "Te amo, pero estoy solo".
No he tenido más noticias de la identidad de esa persona que se arrojó desde la planta novena del Hospital Provincial, lugar propicio para esos casos de desesperación, con su enorme terraza corrida abierta ante el paisaje. Han sido ya numerosos los suicidios que se han producido en este establecimiento hospitalario, razón por la que se deberían tomar materiales medidas persuasorias. Aunque es obvio que ante un caso de desesperación extrema poco o casi nada puede hacerse. Un caso repetido el mismo día en Elda, donde una chica de dieciséis años, objeto de acoso escolar, se suicidó arrojándose desde un puente.
Y para rematar la semana, la perversión de las perversiones: el descubrimiento de esa red de pederastas que violaban bebés. Decía Canetti: "Estudiar todas las maldiciones. De este modo sabrá uno lo que aún tiene que venir".
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Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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