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CORDOBA EN “POLAROID”
CARLOS RIVERA
Ciencia de la mirada, ciencia del orden. La geometría está llena de posibilidades. Como el bosque de una ciudad. Miras dentro de tí y encuentras la arquitectura poética. Como la encuentra Manuel Angel Jiménez. Juntos hemos vivido la aventura minicosmológica de buscar el punto de Zenón Eleata en el espacio congregado a la música y a la nostalgia de un jardín, de una estatua, de un ángel difuminado en las nieblas del río, mañana de enero en la Córdoba celeste de Federico enjuto aquí, mirando a Córdoba como nosotros la mirábamos, cercana y nuestra. Aquel audiovisual, “ELEGIA EN CORDOBA”, no tuvo mucho eco, aunque pusimos mucho amor en el. Las ideas y las formas, la geometría sensible de una ciudad desmenuzada verso a verso como ahora en el libro “DE TU TIERRA”. En el alma de la “polaroid” la geometría se ilumina porque está oculta y está presente como una mágica partición. La sustancia disgregada del espacio y del tiempo e integrada en el orden del realismo mágico : el de la fotografía esculpida que hace posible el milagro de convertir a las formas que pesan en las formas que vuelan. Córdoba. He aquí la pincelada matefórica del bosque de la ciudad. O el poema de la “polaroid” en la mirada de Manuel Angel. No es retrato, es visión. No es imagen, es sentido estético. El color, cuando juega a ciertas sombras, designa epifanías. Los vencejos que vuelan en un cielo platónico sobre la torre de San Nicolás parecen elevarla de sus raíces, convertirla en alada distancia de su inmovilidad serena. Como la Albolafia, varada en un rincón del universo como un cuenco de luz. La calle de la Muralla sólo refleja en el agua estancada el aura mística de un jardín de piedra. Como un inmenso pétalo de niebla el arquetipo de la página 37 : Córdoba ausente donde sólo el escorzo de los pájaros del tiempo tienen arquitectura. La Virgen de la Cuesta del Bailío bajo el dosel del musgo de un rincón del olvido. El Cristo de los Faroles atrapado en el espacio íntimo de la dulce fragancia inagotable. Las fuentes que parecen provenir de un poema de Blake son la sustancia líquida de la Córdoba de los pasos perdidos en las noches que están en mi memoria. La estatua de Averroes dilucidando desde un abismo metafísico lo más desnudo de la condición humana. Los torreones del Alcázar al declinar el día le cuentan a la rosa del crepúsculo que un siglo es un momento, antes de sumergirse en los estanques de la noche. Calle de los Judíos, escueta, ¿ hacia dónde conduce, sin por qué ni cuando?. Arcos y arcos del laberinto de Córdoba, formas plurales que dan acceso a los peldaños de las lágrimas cuando están ciegos y se birfucan en espejos múltiples cuando se abren en secretos caminos a quien se atreva a penetrar en ellos. En el quiosco de la música del Paseo de la Victoria yo también he soñado violines como Eduardo García. Cuando el viejo maestro Dámaso Torres rompía en música las mañanas dominicales de la primavera y Dios y todo estaba azul como en aquel poema de Juan Ramón Jiménez. La “polaroid” lo ha rescatado para mis ojos como un quimérico museo deshabitado de aquella incierta forma de la dicha. Como cada estatua. Muñones absolutos de nuestra identidad. Clámides silenciosas amugronadas de palomas. Alzadas en el verbo de la sabiduría de Séneca o Lucano. ¿ A dónde miran?. Ahora son invulnerables como los dioses, aunque las decapiten. Pálidos monumentos de las tardes contemplando los vértigos de la ciudad moderna. Una ciudad ruidosa y profusamente viva reinando sobre la otra, la que la “polaroid” y el sentido estético de Manuel Angel nos la otorga ilesa, herida o rota, lágrima del pasado, idea y forma de nuestra nostalgia. No, Manuel Angel : no has fotografiado a tu tierra, a nuestra tierra, como un extranjero. Aunque a veces nos sintamos así. Extraños en el paraíso de la ciudad epifánica. Como en otro tiempo y en otro lugar. En una ciudad que no reconoce ni valora a sus creadores. Todos aquellos que hemos intentado penetrar, como tú, en su paisaje interno con el temor de no saber hallarla. Amada Córdoba indescifable y nuestra.
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Carlos Rivera
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