DE CALIFAS Y PRINCIPES
CARLOS RIVERA
Una crucial cuestión para el devenir y el prestigio de la ciudad va a dilucidarse : nombrar “califa” a un famoso torero retirado. A título municipal, aunque más legal hubiera sido someterlo a referendum entre el personal que se considere implicado en tan altísima idea, porque no faltarán los discrepantes. Perdona, alcaldesa, mi ignorancia : ¿qué título de dignidad local es ese de califa?. ¿Hay que ser o haber sido torero para merecerlo?. Para empezar, la palabra califa, del árabe “halifa”, sucesor, fue aplicada como título de dignidad a los príncipes sarracenos, a esos que llaman en “Las Mil y Una Noches” comendadores de los creyentes. Que tal título honorífico de “califa” sea de decisión municipal es algo que no entiendo. Siempre pensé que lo otorgaba la imaginaria popular de los creyentes en la fiesta del toro. Que la designación para tan etérea como populista dignidad era parte de ese juego simbólico del senequismo contemplativo que a falta de califas reales pretende rescatar la nostalgia de los tiempos gloriosos significándola en un personaje a quien la admiración de los taurófilos y del pueblo llano convirtió en leyenda, como Guerrita, Machaquito, Lagartijo o Manolete. Cuestión, en todo caso, de descendientes de Séneca y Tertulio, que mientras paladean tertuliando o tertuliando paladean con una copa de Montilla-Moriles en los labios, sostienen discusiones filosóficas en torno a la belleza de una verónica o el salto de la rana como elementos de cohesión social. Recurrir al juicio de Salomón del Municipio me parece algo extraño y, cuando menos, discriminatorio. Vistas así las cosas propongo a los ediles que extiendan tal título de dignidad al resto del orden ciudadano. Que, a partir de ahora, se otorgue anualmente el título de “califa” de las artes y las letras, de la economía, de la ciencia y la investigación, etc., etc.. Menos mal que tal título pintoresco de “califa” no conlleva dotación económica a cargo del presupuesto municipal. Es, simplemente, simbólico. Descansa mi conciencia en tal sentido, habida cuenta de que otros títulos reales si conllevan canonjías y gastos suntuarios a soportar en nuestros democráticos bolsillos. Como la “casita” que el príncipe heredero se ha construído en los Montes de El Pardo, a tiro de piedra de la Zarzuela. Con lo que bien que le cae ese joven discreto y educado a mi republicano corazón, me veo en la necesidad de discrepar. No poque crea que no tenga derecho a una residencia privada sino por lo espectacular del edificio : tres plantas, diez cuartos de baño, mil cochocientos metros cuadrados útiles. Los cronistas de la Corte han eludido, elegantemente, la categoría arquitectónica no llamándolo palacio, ni siquiera palacete, sino “casita” o residencia. Sólo que si entendemos que ha sido construída a costa del erario público y que su precio, hasta el momento, es de 4.237.130 euros, uno se permite estar en su derecho de contribuyente para aclarar cuestiones de agravio comparativo. No están los tiempos para gestas imperiales, y conste que no voy a referirme a la próxima boda de la hija del presidente del gobierno en El Escorial, sino a la realidad de nuestros días, cuando miles y miles de jóvenes de la edad del Príncipe tienen que seguir viviendo en la casa de sus progenitores por falta de un trabajo estable, o, simplemente, por falta de dinero para formar su propio hogar. Aunque sea esta una imperfecta democracia oligárquica y todos, en este sentido, sabemos a qué atenernos, hay ciertas consideraciones engorrosas en las que no conviene pasarse. Hoy que los reyes y los príncipes van o intentan ir de normales por la vida no es de recibo “dar el cante” con estos gastos suntuarios que pueden producir ciertos molestos picazones en la opinión pública. El ojo crítico del pueblo ya no es un ojo de vasallos como en los tiempos de los antiguos reyes. Y a la mayoría de los jóvenes españoles que teniendo pareja no pueden casarse, por falta de vivienda, les puede resultar poco ejemplar que el Príncipe, que no tiene pareja, disfrute, a costa nuestra, de tan particular “casita”.
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