Concha Lagos (1909)
Nacida en Córdoba, Concha Lagos es el nombre literario de Concepción Jiménez Torrero, que como otras mujeres -no sólo escritoras- de su tiempo, hace suyo el apellido del marido, no sabemos bien en este momento si apropiándose de él a manera de seudónimo o por lo que en un principio tuviera de presentación social. Por su matrimonio, se afianzará definitivamente en Madrid, a cuya casa de Gran Vía, concurrirán escritores, pintores y artistas así como fotógrafos y cineastas; uno de estos pintores, Anselmo Miguel Nieto, amigo íntimo del matrimonio, la pintará en uno de sus mejores y apreciados retratos. Reconocida no sólo por su aportación poética, sino también por su atención a la edición de poesía a través de las páginas de la revista Ágora, a la que se incorporó en la entrega número veinticinco y que dirigió en 1956; revista que sería el germen de la tertulia de los viernes y que daría nombre a una colección, actividades todas dirigidas a la búsqueda y difusión de nuevos valores poéticos contemporáneos, que no siempre terminaron por corresponder a aquella que tan generosamente había abierto las puertas y los cenáculos literarios madrileños, cuando todavía eran aspirantes a poetas recién llegados de provincias. Su valía y originalidad han sido reconocidas por críticos y poetas, estudiada en diversas universidades americanas, ha recibido premios como el «Ámbito Literario de Poesía» (1980) o el «Ibn Zaydun», del Instituto Hispano-Árabe (1984); con ellos se ha querido ratificar los valores poéticos de un corpus abundante en el que precisión, constancia, sinceridad, hondura expresiva y calidad poética se dan la mano. Concha Lagos concibe la creación literaria como un trabajo en el que se aúnan inspiración, criba y corrección. Tiene en Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y especialmente Luis Cernuda a sus mentores poéticos; de este último, confiesa estar imbuida de su tono y de su clima poético; entre las escritoras admira a Carmen Conde, Ángela Figuera, Pilar Paz Pasamar, Elena Andrés... en las que reconoce la originalidad, la fuerza y el misterio de sus palabras. De los extranjeros, Rilke será el poeta más admirado. De vocación temprana, aunque aparición tardía como escritora, a Concha Lagos se la conoce como poeta, pero cuenta también con abundante producción en prosa: cuentos –“El pantano” (1954), “La vida y otros sueños” (1969)-, aparecidos en diarios y revistas como Ágora, Ya, Papeles de Son Armadans, La Estafeta Literaria...; novelas –“Al sur del recuerdo” ( ) «mitad diario, mitad libro de comentarios y reflexiones » (M. Fraile), con Galicia y la guerra civil como trasfondo-, artículos periodísticos, guiones para televisión, e incluso teatro –“Después del mediodía” (1962), estrenada en Madrid-. Su presentación como poeta la hizo con “Balcón” (1954), que recuerda inevitablemente a “Entre visillos” de Carmen Martín Gaite, por su conversión de los lugares físicos en el punto de vista desde el que contemplar, descubrir, juzgar y comunicar el mundo con ojos de mujer. Poesía «culta», pero también popular, del pueblo –“Arroyo claro” (1958), de resonancias infantiles, “Canciones desde la barca” (1963), muchos de cuyos poemas pasaron a ser «copla». Su reconocimiento progresivo fue logrado poco a poco, como el respaldo concedido por su inclusión en la colección santanderina «Cantalapiedra» con el libro “La soledad de siempre” (1958), siendo ella la primera mujer que figuraría en la misma. Su temática, de orientación existencial, se debate entre la fe y la duda comunicada mediante un agonismo religioso que la fuerzan a actitudes extremas en donde se hacen presentes rebelión y nihilismo. Vacila entre el arraigo y el desarraigo vivencial y poético; duda e inseguridad acosan a la autora desde los primeros libros sin que excluya por ello otros temas como el mundo de los niños -el ya citado “Arroyo claro”-las preocupaciones maternales –“Agua de Dios” (1958)-, la frustración –“La soledad de siempre” (1958)-, el amor –“Luna de enero” (1960)-, la naturaleza como elemento vivificador que consuela e impulsan a su autora a seguir la búsqueda de la luz y del conocimiento, sólo revelado a través del sueño y el recuerdo –“El corazón cansado” (1957), “Tema fundamental” (1961), “Golpeando el silencio” (1961)-; con frecuencia Concha Lagos se plantea la necesidad de volver a los orígenes como única manera de recobrar el conocimiento –“Para empezar” y “Canciones desde la barca” (1963), “Los anales” (1966), “El cerco” (1971), “La aventura” (1973)..
*Texto de “ Mª José Porro Herrera”. Universidad de Córdoba.
5 de junio
Te lo escribo en voz baja desde un 5 de junio. Cuando baje la espuma (porque siempre desciende). Enciérrate este ahora en el recuerdo, no señales el día. Para ovidar no hay fechas. Escríbele postales al entonces. En alguna ventana se quedará tu mano alcanzándome estrellas.
No sé por qué me afano en cosas del futuro cuando puedo mirarte y saber de tus ojos. Qué cerca por tus sienes al latir de tu sangre, al instante infinito que perdura en el beso.
Quisiera preguntarle a todas las semanas dónde estabas oculto sin domingos ni lunes, mientras yo caminaba ya por sueños de ahora.
A veces cambia todo al volver una esquina.
Levantaré la copa mirando hacia la tarde. Te quedará mi gesto bajo la luz tranquila con músicas lejanas y renovadas lunas.
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