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BELEN, EUROPA
CARLOS RIVERA
Para creyentes o no creyentes Belén es una metáfora sagrada de nuestra civilización de significado no sólo religioso sino cultural. Simbólicamente, Belén es un centro espiritual del mundo y el lugar de origen de la civilización cristiana a la que pertenecemos, queramos o no, y en la que fuímos educados. El ataque a Belén y a su basílica de la Natividad ha sido un atentado por el que nos sentimos aludidos, al margen de nuestras creencias o no creencias religiosas. La Europa política ha tenido, como siempre, una tardía reacción cuando el símbolo ha dejado de ser respetado por el ejército judío. Como respuesta ha recibido la humillante bofetada de Sharon en las personas de dos españoles, Solana y Piqué, representantes de la Comunidad Europea. La prohibición de la entrevista con Arafat a nuestros emisarios y la autorización al enviado americano no es tan sólo un detalle de lo que realmente significamos en el mundo sino que revela la carencia de autoridad moral de Euopa por su subordinación a los Estados Unidos. ¿ Somos una potencia política o, simplemente, un protectorado americano ?. La pregunta queda respondida ante la Historia y debería servirnos de reflexión. El acatamiento pusilánime ante el “amigo americano”, sobre todo después de los sucesos del 11 de septiembre, nos ha devuelto a la realidad desde nuestros míseros sueños de grandeza. Puestas así las cosas y dada la carencia de autoridad moral y política de Europa, el ataque a Belén y a su basílica de la Natividad, sólo tenía dos salidas : la de romper los acuerdos de asociación con Israel o exigir la resarción de pérdidas de las infraestructuras palestinas costeadas por la Unión Europea. Mal asunto para la presidencia de turno de España, que ha quedado tocada en la persona de Aznar cuyas palabras no han pasado de una tibia condena, por miedo a herir al prepotente “amigo americano”. Un reconocimiento de lo que somos : perros falderos de la política de la Casa Blanca que, cuanto más nos humilla, más dependencias nos crea. Echa uno de menos en estos días a políticos con el valor y la dignidad necesarias para representarnos ante el mundo. Tenemos la misma autoridad ante el conflicto que la de ese ridículo Consejo de la ONU a quien nadie respeta. Los europeos ( y no sólo los antiamericanos que procedemos, según Aznar, de la “izquierda senil” ) no podemos entender esa retórica del “eje del mal” para guerras de entretenimiento contra naciones empobrecidas. No podemos entender la permisividad de la venta libre de armas en un país que se llama civilizado ; el trato contra todo derecho humano a los prisioneros “talibanes” en Guantánamo ; la servidumbre a los intereses económicos de un país que no respeta ni a las personas ni al medio ambiente ; la creación, como en las más negras dictaduras, de tribunales militares sin ninguna garantía jurídica para juzgar, es un decir, los delitos terroristas. Frente a todos esos procedimientos de la barbarie la Europa de la razón y la cultura, calla y otorga. El poderoso “amigo americano” no sólo nos domina económica y militarmente sino que nos humilla a la menor ocasión. Con estos amigos para qué queremos enemigos. A la vista de la situación Europa debería plantearse hasta su propia razón de ser. Pero me temo que los políticos de nuestra comunidad no tienen demasiadas ideas para un futuro previsible en el que nos encontremos con otras humillaciones. Todo se andará, dado que nuestros hijos han recibido como educación lo más dañino de la cultura americana, si podemos darle con dignidad ese nombre. Luís Goytisolo decía en un reciente artículo como nuestros muchachos que van a Estados Unidos a instruirse en un “máster” universitario suelen volver hechos unos “capullos” (sic) y convertidos en ardientes defensores de la pena de muerte. Como ellos serán los dirigentes del futuro de Europa, es obvio que los “bárbaros” vuelven a amenazar las fronteras morales de nuestra civilización europea, como sucedió a la caída del Imperio Romano. Si es que no están aquí, todavía como avergonzada avanzadilla, dirigiendo los destinos de Europa.
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