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ANIVERSARIOS


CARLOS RIVERA


Los dioses crucificados gozan de gran prestigio sólo después de muertos. Pasó con Cristo cuya palabra se convirtió en la verdad del hombre hasta que fue, como El, crucificada y corrompida por los mercaderes del templo. Pasó con el Guevara, cristo laíco de la revolución, cuya verdad, como la de Cristo, sólo perdura en el silencio de los corderos. Toda mística concluye en una crucifixión, en un olvido, en una luz que se apaga y algunos muertos gozan de una buena salud podrida. Pasa con Dios, con los pequeños dioses que fueron portadores de la palabra, aunque la palabra se haya olvidado, corrompido, convertida en la voz en el desierto de los poetas y los místicos. Sólo renace por los aniversarios. Se la saca a la luz. Se la toma como artículo de fé por un día o por una semana. Luego vuelve a la fosa común de las palabras que es la fosa común de los poetas. Se queda como está, muerta viviente, hasta el próximo aniversario. O centenario. Se prepara el del Alberti. Se celebró el de Lorca. Se está celebrando el de Cernuda. Comprendo que tengan menos importancia que el centenario del Real Madrid. No hay color. Cernuda era un poeta y sólo supo de una copa : la amarga copa del exilio. ¿ Y quién es un poeta en esta democracia oligárquica?. Sólo un icono clandestino.
Nada que ver con la rebeldía creadora ni con el compromiso ético de Cernuda. Ni con su obra en muy hermosos versos de lengua castellana. Nada que ver con la verdad de Luís Cernuda, acta de acusación a la moral, a la política, a lo más rancio de la sociedad española. Siempre “la estupidez sucede al crimen”. Pasó con Lorca. ¿Para qué tantos fastos?. Leerlos, distribuir su obra en los colegios, sería su homenaje. No ridículas ceremonias de la confusión con las que políticos y delegados de cultura, políticos también, pretenden usurpar la razón de ser de un genio. Los funcionarios de la política o de las letras nunca van a entender la libertad de un creador contra el poder y contra la misma sociedad que lo condenó y lo mandó a morir en el detierro. Primero fue el de Ovidio. El último está por llegar. El de Cernuda, en su “ponto euxino” de Méjico, fue una lenta crucifixión. Es lamentable que, ahora, la Sevilla oficial o la España oficial depreden su memoria. Que la dejen en la fosa común de las palabras. En la fosa común de los poetas. En los infinitos exilios de su voz por Sevilla, Madrid, Londres, Glasgow, Mount Holyoke, Ciudad de Méjico.
El absoluto poema de Cernuda, el único, el ininterrumpido, es el que comenzó de niño sentado en la escalera de mármol de su vieja casa de Sevilla, leyendo a Garcilaso, a su paisano Bécquer. El poema que, convertido en sinfonía ética, heroica y amorosa, continuó en “Ocnos”, en “La Realidad y el Deseo”, en la “Desolación de la Quimera”. Nunca lo entenderán los que lo echaron y los que lo celebran este año desconociendo lo que fue Cernuda : un hombre libre en una sociedad cerrada, no menos que la de ahora. Un hombre que se refugió (sin nunca ocultar su condición de homosexual, como Aleixandre) en la pasión del amor, la única eternidad que deseó y la única verdad que consideró cierta, aunque consciente de que en la vida humana jamás coinciden “realidad” y “deseo”.
“Cuando murió supieron todos/ como admiran las gentes al genio, una vez muerto”. Versos del poema “Mozart” (“Desolación de la quimera”), como si presintiera esta farsa de su homenaje. Como casi todos los homenajes, centenarios, aniversarios. Farsa montada por políticos para justificar un presupuesto económico, no un presupuesto moral como sería leer, difundir, entender a los poetas. Hay muertos que gozan de una buena salud podrida, aunque haya que esperar a los aniversarios. Lo malo es que sólo se celebra al icono. No se hacen homenajes a la poesía de Cernuda, de Lorca, de Machado, de Alberti o de Hernández, ni se editan sus libros para regalarlos a las conciencias del futuro. Hacen bien los políticos que organizan estos fastos, la Iglesia que conmemora la Navidad. La palabra del místico y del poeta puede ser peligrosa para ciertas conciencias susceptibles en los tiempos que corren.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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