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El gordo y el flaco
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ALJUMA

El gordo y el flaco

Carlos Rivera

02/03/2005




La pobreza, la enfermedad y la degradación del medio ambiente son el verdadero eje del mal. Lo dice el "Informe sobre la situación del mundo 2005" de la organización "Wolrdwatch Institute" y se publica en los grandes medios. ¿Y ahora lo descubren? ¿No decían que el eje del mal eran Irak, Corea del Norte, Siria, Irán y todos esos pobres países a los que amenaza Condoleeza " Arroz"? Hipócritas. Con tanta hipocresía sobran los números y las palabras. Incluso los de esa cifra aterradora de que cada veinticuatro segundos alguien muere de hambre. Hay que confiar en la providencia divina: los pobres al cielo y los ricos a pasar por el hilo de la aguja. Tanta patraña para legalizar la tenebrosa injusticia cotidiana. Sigan pasando por las televisiones la eterna película del gordo y el flaco. Para algunos es un hambre retórica. No se televisa en directo. Y lo que no se televisa no existe: ni el hambre, ni la miseria de los emigrantes contra las alambradas protectoras del Estado de bienestar. Contra ellos, racismo y xenofobia, policías y fronteras. Hay que limitar el movimiento de los no alimentados. Delimitarlo en sus orígenes: que no vengan, que aquí lo acaparamos todo. Clínicas para obesos y gimnasios. El culto al cuerpo. Pasar hambre por necesidades de belleza o de salud es lo que se lleva. Hambre lujosa de los no necesitados. Hambre retórica de los no hambrientos.
La última conferencia de la FAO sugirió soluciones de dietética: que los hambrientos se hagan vegetarianos, cuando ya lo son algunos alimentándose de raíces, por pura necesidad. Alimentemos a los desnutridos con los cereales que come nuestro ganado. A falta de ética humanitaria, dietética humanitaria. Siempre que no pase del 0,25% del PIB. Cifras y letras. Con ellas se alimentan esas conciencias dignas de los consejos de gobierno, de las conferencias del primer mundo. O encogerse de hombros proclamando la inevitabilidad de las catástrofes naturales. Sólo que el hambre no es una catástrofe natural, sino esas inútiles reuniones de políticos para declaraciones de buenos propósitos. Aprobemos por aclamación nuestra conciencia humanitaria. Queda muy bien para presumir con los amigos: nosotros hemos apadrinado a un niño. Total, por veinte euros al mes se puede ir por la vida de familia solidaria o cristiana. Y conste que los pobres de los países ricos son los más solidarios. Dan más que lo que tienen. Mil por uno de lo que dan los gobiernos que votan para que hagan retórica política con los problemas de los países pobres. Retórica como globalización, comercio justo, excelencias del libre mercado. Mientras subvencionan a los terratenientes de Europa con cifras millonarias persiguen al emigrante o hacen leyes injustas de regularización.
Sobran los pobres. Todos los pobres de cualquier mundo, sea cual sea el orden del desorden. Ellos lo llaman el orden natural: siempre habrá ricos y pobres. Lo dicen con naturalidad, sin mala conciencia. Organizan fiestas benéficas, mesas petitorias, cuestaciones. La mayoría lo hacen por egoísmo, para salvar el alma. Convierten el milagro de la multiplicación de los panes y los peces en la cínica multiplicación de la riqueza propia y las desigualdades ajenas.
Siempre el hambre es ajena. Desde el origen del mundo unos tienden a quedarse con lo que tenía que ser de otros. Hay un mundo que muere de obesidad y otros de hambre. No tiene fin esa vieja película del gordo y el flaco. Sólo que Laurel y Hardy ya no dan risa. Producen rabia e impotencia. Se han convertido en paradigma de las desigualdades humanas y en guión de conferencias políticas. En cifras y letras para la aceleración histórica del juego de los que huyen de su propia muerte por inanición y los que ponen a dieta sus cuerpos bien alimentados por razones de belleza o de salud.
Para la mayoría de esos mafiosos que diseñan la política del mundo la pobreza, la enfermedad y la degradación medioambiental son los que llaman sus ministros de Economía "unidades de gasto" en las que no conviene invertir. Ese "eje del mal" del que habla el informe no puede ser asumido para los que consideran que por encima del derecho, de la libertad, de la pobreza, del medio ambiente y de la justicia, está la seguridad. Y es así como diseñan sus luchas contra el terrorismo y no contra la pobreza. Esa no es su amenaza.
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Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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