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Bartolomé Leonardo de Argensola (Barbastro, Huesca, 1562-1631)
Cursó estudios en Huesca y Zaragoza para luego trasladarse a Salamanca donde estudió derecho canónico entre 1581 y 1584. Durante este período tuvo ocasión de conocer a Fray Luis de León con quien compartía la afición por los clásicos. Entre 1584 y 1586 Bartolomé y su hermano Lupercio fueron protegidos de Fernando de Aragón, Duque de Villahermosa. Ejerció como rector hasta la muerte del duque en 1592, tras lo cual pasó al servicio de la Emperatriz María de Austria como capellán hasta 1603. Ocupó el puesto de canónigo en la Catedral de San Salvador en Zaragoza y fue nombrado cronista del Reino de Aragón, cargo que había ocupado su hermano hasta el año de 1613.Fue coetáneo de Miguel de Cervantes (quien le elogió en el canto de Calíope de La Galatea), Luis de Góngora y Lope de Vega. De su obra poética publicada junto con la de su hermano en 1634 (al margen del culteranismo y el conceptismo) destacan los sonetos "Dime, Padre común, pues eres justo" y las epístolas morales, composiciones de corte clásico que se caracterizan por la gravedad de tono y su espíritu reflexivo predominante. Compuso también canciones, epigramas, sátiras y tradujo salmos y algunas obras de Horacio. Sus obras poéticas fueron recopiladas por su sobrino junto con las de Lupercio, y publicadas bajo el título: “Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola” en 1664. Como cronista diversificó su interés entre varios temas, prosiguió los Anales de Aragón de Jerónimo Zurita entre 1516 y 1520, escribió “Alteraciones populares de Zaragoza en 1591”(revueltas en las que participó junto con su hermano Lupercio) y “Conquista de las Malucas” (1609), a raíz de la conquista de la isla de Ternate.
* (Citado de Wilkipedia)
Viéndose en un fiel cristal
Viéndose en un fiel cristal ya antigua Lice, y que el arte no hallaba en su rostro parte sin estrago natural, dijo: «Hermosura mortal, pues que su origen lo fue, aunque el mismo Amor le dé sus flechas para rendir, viva obligada a morir, pero a envejecer, ¿por qué?»
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Carlos Rivera
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