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Carmen Martín Gaite ( Salamanca, 1925 - Madrid, 2000 )
Escribió su primer cuento, “Un día de libertad”, en 1953. Comienza su carrera literaria con “El balneario” obteniendo en 1955 uno de los premios literarios de mayor prestigio en España, el Café Gijón. Tres años después presenta la que sería su obra señera, “Entre visillos”, que obtuvo el Premio Nadal. Durante la década de los sesenta continúa cultivando la narrativa, con obras tan importantes como “La ataduras” (1960) o “Ritmo lento” (1963), pero es en los setenta cuando vemos la versatilidad de Martín Gaite. Publica sus dos ensayos sobre el proceso contra “Macana”z además de su tesis, recopila su poesía en “A rachas” (1976), y una de sus obras cumbre, la novela “Retahíla”s, sale a la luz en 1974. También a esta década debemos su primera recopilación de relatos, “Cuentos completos”. Entre otros logros, Martín Gaite destaca por haber sido la primera mujer a la que se le concede el Premio Nacional de Literatura con “El cuarto de atrás” en 1978, y por haber ganado en 1994 el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra.
•Extractado de la página dedicada a esta autora en "Escritoras.com".
Fragmento de “De su ventana a la mía”
Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adonde precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse. Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos.
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Carlos Rivera
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