.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
Banderas
 Novedades
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales
- De "Madame Bovary" a "La orgia perpetua" (fragmento)
- Lo trágico en Georges Bataille
- Georges Bataille
- Otros poemas de Jorge Teillier
- Un poeta de la tierra de nunca jamás
- Mira la mar, de Olga País
- Algunos poemas de Juana Bignozzi
- La ley tu ley de Juana Bignozzi
- Fragmento de “La insoportable levedad del ser”


Inicio » Aljuma (2005 )

  Versión Imprimible

» Banderas
ALJUMA

Banderas

Carlos Rivera

02/02/2005






Alguna gente de la derecha española, con la patriotera necesidad de exhibir la bandera nacional a cada ocasión que se presenta, tiene un problema de cuidado: ¿necesitan demostrar que son españoles o que son los únicos españoles que quieren a su país? Menudo complejo. A los que no somos de derecha y sí somos españoles y queremos a nuestro país, no nos es necesario hacer bandera de esa bandera que nos representa ante el mundo, ni es exclusiva de esos que necesitan exhibirla aunque sea para embestir contra aquellos que consideran adversarios políticos.
¿Volvemos a las andadas para justificar el viejo aforismo de Antonio Machado: "De diez cabezas, nueve embisten y una piensa"?.
Desde el 14 de marzo del pasado año parte de la derecha española, con bandera o sin ella, ha caído en el mal gusto de la bronca y el resultado es evidente: la agresión al católico y patriota confeso José Bono en la manifestación de las víctimas del terrorismo, sólo por ser un "sociata". A este paso vamos a tener que crear la Asociación de Víctimas del Patriotismo, por si en tanta estúpida refriega dialéctica y banderil alguien resulta perjudicado.
Se me ocurre que para intentar paliar la crispación existente, cada vez que haya una manifestación, por el motivo que sea, que lleve cada uno su bandera nacional. Nada de banderas republicanas ni ikurriñas ni la de Andalucía ni la de la Rioja ni la del Papa: todos con banderas nacionales que proporcionarían los convocantes a la manifestación de turno a cargo de los presupuestos del Ministerio del Interior o de quien corresponda. Más que nada para que puedan mirarse a la cara y no verse como irreconciliables enemigos sino como ciudadanos de un país llamado España, sean de derechas o de izquierdas o del limbo ese de los que nunca saben ni contestan, que a ver quién lo averigua si todos llevan la misma bandera aunque no coreen los mismos gritos de consigna en lo que sería una barahunda sin igual. No crean que es mala idea. Incluso si por lo de los gritos desiguales se averigua la fobia y la filia del que se lleva al lado y llegan a las manos emprendiéndola a banderazos unos contra otros, que conste que lo han hecho todos por la misma causa, la causa de España y su bandera. No sé si así se rebajaría la tensión existente. Lo que es seguro es que se verían todos haciendo el ridículo a estas alturas en las que vamos a votar la Constitución de Europa.
Eso: ¿por qué no ser todos portadores de la bandera de Europa cuando vayan a manifestarse por cualquier causa de esas que tanto gustan a los españoles para fastidiar al resto de los que no acuden a la manifestación? Si es lo que yo digo: en el fondo de la cuestión no somos tan cainitas. Si yo tengo amigos de derechas, como Manolo, con quien me puedo tomar una copa todos los días discutiendo el Plan Ibarretxe . Todo en dialéctica civilizada y cada uno sin abdicar de sus principios ¡faltaría más!: Manolo queriendo mandar a la Legión al País Vasco y yo diciendo: diálogo, diálogo. Al final resulta que no resolvemos el problema y quedamos tan amigos: él con su bandera en la solapa de la conciencia y yo racionalmente desbanderado a propósito.
Banderas, banderas. Llevo toda mi vida viendo cómo vecinos con muchos años de convivencia pacífica que se tomaban unas copas, se ponen hechos unos basiliscos por culpa de esa cosa simbólica que no deja de ser una tela con escudos y colores que representa el lugar donde nacimos y donde deberíamos convivir.
Pues eso es lo que pasa: que un día mi vecino se pone la bandera nacional en el reloj de pulsera o en la solapa de la chaqueta como si quisiera presumir de español ante los que lo somos pero no tenemos necesidad de demostrarlo. Y es que a mí me da igual, que cada quisque se ponga lo que le parezca, pero es que lo hacen por fastidiar, como esas chicas modelos de metro ochenta de las fiestas que andan sobre tacones como si quisieran humillarnos a los bajitos o bajitas que estamos alrededor. Y eso sí que no. Que se pongan la bandera o los tacones, pero que sean civilizados. Que nos respeten a los que no tenemos necesidad de usar la bandera. Y muchos menos con tan malos modales como los de la manifestación de víctimas del terrorismo que por poco acaba siendo la de víctimas del patriotismo. ¡Pobre Bono! Le dieron de su propia patriótica medicina.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1