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EL “RUFO DEL BILDIN”

CARLOS RIVERA

Todas las madres jóvenes de mi barrio, como las de cualquier otro barrio de la ciudad, tienen una obsesión : que sus criaturas, desde el inocente parvulario, se “apunten” al inglés. Sé que es una compulsión más en estos tiempos compulsivos. Tiempos en los que numerosos jóvenes y adultos del planeta se pasan buena parte de la vida haciendo “links” de “web” en “web” en busca del maná hipertextual del “gif” insólito o del efecto “Java” sorprendente. Tiempos de culto al cuerpo, aunque en ocasiones dicho culto consista en el engorde, y no precísamente de la materia gris ( ya hemos hablado, en alguna ocasión, de la civilización, si así puede llamarse, de los comedores de grasas ) o en el alienamiento más contrario : la delgadez extrema. Las colonizaciones informáticas procedentes del Gran Hermano del Oeste nos están haciendo usuarios del “Excel” y del “Word” tanto como del soporte idiomático imprescindible para movernos en la Red, nuevo eldorado en el que nuestros hijos, si no saben inglés, no lograrán jamás la verdadera felicidad de este mundo, que consiste en alcanzar la identidad de pobladores electrónicos de todas las “geocitys”. Lo que no me parece inconveniente, ya que yo mismo me convierto en internauta de ocasión los fines de semana, en un desdoblamiento paranoico que me lleva de la lectura reposada de un libro de Benedetti al correo electrónico. Y aquí entramos en la materia del asunto, la dependencia del idioma inglés para “linkar”, algo así como el “zapear” televisivo. Sin el inglés serás un naufrago en el mar proceloso de la Red. Un insignificante ciudadano del mundo virtual lleno de palabrejas del idioma de los bárbaros, como diría, si viviera, Rubén Darío.
Aunque lo peor ocurre al otro lado. En el país del Gran Hermano del Oeste, de donde nos vienen todos los males que afligen a este mundo, se está produciendo la degeneración de nuestro bello idioma castellano. Me refiero a ese extraño mejunje llamado “spanglish”, que es la tercera lengua de Nueva York, la segunda de Miami y la primera lengua de las masas hispánicas en los barrios marginales de Los Angeles y otras ciudades norteamericanas. El “spanglish” es, básicamente, la lengua de los hispanos pobres, la mayoria casi analfabetos en los dos idiomas. La lengua, también, de los hispanos educados que se averguenzan de su origen e intentan parecerse a sus conciudadanos anglosajones. Esta invasión del inglés sobre el idioma castellano es la última amenaza del imperialismo norteamericano, la imposición de un modo de vida que es económicante dominante pero, en ningún sentido, culturalmente superior. El espíritu de una civilización como la nuestra no es medible, en absoluto, con una calculadora. La esencia y la dignidad de nuestra lengua harán imposible que el chocante “spanglish” acabe por imponerse. Aunque el idioma brota en la calle y luego llega a las Academias, no hay peligro de que nazca una literatura del mejunje. O, en todo caso, sería una literatura inferior. Aunque la realidad es alarmante si vas por una calle de Manhatan y oyes a una muchacha de origen hispano terminar así una conversación telefónica : “Te llamo para atrás ¿okey?” por “te volveré a llamar”. O escuchas expresiones como “taipear” (escribir a máquina ) ; “vacunar la carpeta” (aspirar la alfombra) ; “el rufo del bildin” (el techo del edificio) o “parquear el carro” por aparcar el automóvil. O decir que una tienda “delibera groserías” ( “deliver grocery”, reparte la compra). Tales disparates linguísticos se escuchan a diario. Aunque ya estábamos advertidos del peligro del inglés como lengua dominante o invasora. En su poema “El Cisne” Rubén Darío lo presintió : “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros ?./ ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés ?./ ¿Ya no hay nobles hidalgos y bravos caballeros ?./ ¿Callaremos ahora para llorar después?”. El “rulfo del bildín” de la situación es que un hispano, Fernando Ferrer, aspira a la alcaldía de Nueva York. En otras palabras : “está corriendo para la oficina de mayor”. Dicho sea en puro “spanglish”.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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