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ALJUMA

Pura semántica

Carlos Rivera

12/01/2005

A propósito del desafortunado "Plan Ibarretxe", un verdadero despropósito político, se me ocurre que tal vez no haya otra salida semántica que la España con "denominaciones de origen", como con el jamón de Jabugo y el vino de Montilla-Moriles, por ejemplo. Y digo salida semántica, no soy político, me aburre la política y doctores tiene la iglesia del Estado que sabrán dar cumplida respuesta desde la derecha y desde la izquierda a un documento tan provocador.
De lejos viene esa historia tan desquiciadamente tribal acerca de esas múltiples Españas que ni son ni quieren ser ni saben lo que son ni lo que quieren ser en realidad. Fray Luis de León, un hombre muy sensato, ya habló en su tiempo de aquéllos que se consideraban, como él gustaba decir, "españoles a parte entera", y de aquellos otros que estos consideraban "ganado roñoso" y "generación de afrenta que nunca se acaba". Se refería Fray Luis a los españoles de las famosas "castas": la casta limpia y cristiana vieja y la de islámicos y hebreos, a la que se añadieron, con el correr del tiempo, la casta de los luteranos y las castas políticas de los buenos y los malos españoles, según pintara el pronóstico de derechas o de izquierdas. O sea que la tribu, nuestra tribu, no es que nunca haya estado bien avenida, es que lo llevamos en los genes eso de la dispersión y el desacuerdo, con desviaciones originales incluidas.
Luego, todo se fue simplificando. Los dedicados al estudio de nuestra convulsa historia convinieron en que sólo había dos Españas: la de la modernidad o progresista y la tradicional, antigua y negra. Todo muy confuso desde la mirada imparcial de nuestro tiempo. Porque hemos llegado hasta aquí y hemos de celebrar que convivimos después de haber perdido unos y otros la razón matándonos a tiro limpio, odiándonos con todas las fuerzas de nuestras almas y unificándonos, al fin, en el sentido común de tener un Estado disperso como nuestras emociones e integrado en un convenio colectivo superior: el que firmamos con el resto de Europa en 1986. Todo perfecto hasta que llegaron, aunque nunca se habían ido, los empeñados en la distinción semántica de las denominaciones de orígenes. Sólo que ahora no se trata de vender un jamón o un vino de La Rioja o de Montilla-Moriles sino ciertos difusos conceptos históricos de castas singulares que ya creíamos desaparecidos. Castas que niegan su españolidad basándose en la prueba del ADN y en la prueba económica del algodón de los tiempos oscuros. El tronco y las ramas no se ponen de acuerdo acerca de la propia dignidad de la función clorofílica y al viejo roble simbólico de Guernica, plantado como un desafío, sólo le queda la savia reaccionaria y anacrónica de un falso sueño, el de Sabino Arana, que transplantó a Vizcaya la semilla del nacionalismo que había adquirido en Barcelona.
Tal vez eso no lo sepan los vascos que apoyan ese plan descabellado que, de realizarse, aportará innumerables pérdidas y sólo la exigua ganancia del orgullo. Puestos a apostar, apostaremos por una situación a la ruleta rusa, para España y para los propios vascos. Ni Navarra ni Alava estarán dispuestas a ese juego suicida. En cuanto a España, sólo debe hacer cumplir el reglamento. Así de claras estarán las cosas para cuando lleguen esos nuevos idus de marzo de la presentación del "Plan Ibarretxe" en el Congreso de los Diputados y el documento sea devuelto a donde corresponde, al parlamento vasco.
Esta vez ni Bruto acabará asesinando a César ni habrá otra nueva situación que la del enroque del PNV en esa partida de ajedrez interminable. O bien pudiera darse aquella otra situación de la que escribía Salvador de Madariaga en su libro España acerca de lo que él llamaba "la cuestión vascongada" en tiempos de la Segunda República. Decía Madariaga : "Dándose cuenta de que peligraba el Estatuto de autonomía, de persistir en su actitud, los redactores del proyecto renunciaron".
Es lo más lógico: que se repita la historia. Que todo vuelva a su cauce. Y que el viejo roble de Guernica se quede como está, como el símbolo de un viejo sueño falso regado por tanta sangre inútil de vascos y españoles. Eso sí: respetando la denominación de origen del producto de lo que ellos llaman "patria vasca". Tan difusa en su concepto como todas. Pura semántica. Como la de las castas.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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