EL GENOMA DE LA HISTORIA
CARLOS RIVERA
La Historia que siempre se ha estudiado es la historia del Poder ( el origen de la propiedad, el ejército, la nobleza y el clero), más que la historia del Hombre. Todas las historias nacionales o nacionalistas no son sino cromosomas particulares de la célula principal, la historia del hombre, el verdadero genoma de la Historia. La historia del hombre se compone de tantos materiales de derribo que mejor es no contarla. Nadie se ha atrevido a hacerlo, en ningún país, con pelos y señales. Ni siquiera los licenciados en Historia conocemos la verdad. Se necesita más de un día para dar la vuelta a un hombre, dice un viejo proverbio ruso. Ni en millones de páginas de millones de libros cabría esa asignatura pendiente. Al fin y al cabo los hombres sólo se parecen en esa odiosa pretensión que tenemos de ser diferentes los unos a los otros. Ninguna historia de libro de texto contará la verdadera historia. Sólo batallitas, anales, episodios, minúsculos trocitos de la gran gesta de ceniza. Por lo demás, siempre nos quedará la duda de esa estafa de no conocernos ni muertos ni vivos en la misma secuencia de la misma película que cada uno cuenta a su manera. No nos escandalicemos por la pequeña historia particularista que cuentan los vascos, los catalanes, los gallegos, y, hasta nosotros, los andaluces. La polémica suscitada por Gonzalo Anés y sus inoportunas declaraciones es una polémica tan falsa como la historia que nos contaron. Para conocer una parte excluída de la verdad de la Historia de España, los futuros licenciados en Historia de los años setenta leíamos a los historiadores extranjeros. Pierre Vilar era de culto en Contemporánea. Lo mejor sobre nuestro siglo XVII es de J.H.Elliot. El compendio más simple de Historia Universal, aquella escena de “Un, dos, tres”, la película de Billy Wilder, en la que al ritmo enloquecido de la música iban cayendo de una pared de cartón piedra los retratos superpuestos de los líderes de la antigua URSS. Tal secuencia me la contó, en versión española, un viejo maestro de escuela de Pozoblanco, Don Manuel Luna, cuando yo era estudiante de Historia en la Facultad de Córdoba. Aquel viejo maestro había arrancado, sucesivamente, de una pared de su primera escuela, todos los retratos que se habían superpuesto, en el mismo marco, desde la época de la Restauración, para colocar el retrato de Azaña. Todo un genoma histórico de una escuela de pueblo que no explicaba ni los ayes ni los ayeres ni los amaneceres de los niños que habían pasado por sus pupitres bajo la mirada de Cánovas y Sagasta hasta la de Alcalá Zamora. Ya ven, un falso testimonio, como toda la Historia, en la que nunca ha constado, ni constará, la resignación del pobre, que es el fundamento del orden natural de casi todas las ideologías. Eso no se enseña en las escuelas del pensamiento único. La elegía reinante de los desposeidos no es un pensamiento utilitario. Es una estupidez, a mi entender, el intento de unificar la Historia, como pretende la docta academia que preside Don Gonzalo Anés. Aunque, si lo miramos desde una perspectiva intelectual, sería de utilidad contarles a los niños que todas las fuentes de la Historia están envenenadas. Que sólo hay una historia que contar, la del infinito mapa del genoma histórico del egoismo humano. El asalto de legiones de nieve a la pureza del vellocino de oro. Las cenizas de la verdad del paisaje de los esqueletos. La fé empirista de que somos y seremos un incontable cuento que se enseña en las escuelas y en las ikastolas según la conveniencia y el color del cristal de cada visionario. Nadie cuenta, en ningún caso, que el trigo de las lágrimas del pueblo es el pan del poder. Que el verdadero protagonista de la Historia es el que la sufre. Este es el tiempo, como ha escrito Maruja Torres, de la segunda expulsión de los moros. Sólo que Don Pelayo y Santiago Montado En Su Caballo Blanco han sido sustituídos por la Ley de Extranjería que muy pronto veremos reformada . No en vano, Dios está con las leyes del pensamiento único. Y Aznar es su profeta.
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