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El año de Don Quijote
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ALJUMA

El año de Don Quijote

Carlos Rivera

05/01/2005




Tuvimos en Córdoba, a finales de los sesenta, una revista poética: "Aljuma". Acababa de morir Ricardo Molina y en su primer número le rendimos homenaje el que esto escribe, Manolo de César, Francisco Carrasco, Marcial Hernández, María del Pilar Gómez Astarloa y Enrique Garramiola. Aquella revista duró dos o tres números, no recuerdo exactamente. En su significado arábigo-castellano "aljuma" es "brote nuevo de la planta", aunque también recoge en su significado el nombre de la pinocha o rama verde del pino. Por derecho de nostalgia he tomado ese nombre de "aljuma" como cabecera de estos artículos para el año que acaba de comenzar y en el que deseo a amigos y no amigos toda especie de felicidades, o como dicen los taurinos, "que Dios reparta suerte" en el acontecer del nuevo año. Un año que será recordado como el año de un personaje alegórico de nuestra idiosincrasia, pues será el año de Nuestro Señor Don Quijote y del buen Sancho, su compañero de cuitas.
En el año de 1905, al hilo del anterior centenario, se publicaron libros "oportunos o tal vez oportunistas", como ha dicho Andrés Trapiello en un artículo de opinión. Aquellos libros fueron "Vida de Don Quijote y Sancho", de Miguel de Unamuno y "La ruta de Don Quijote" de Azorín. En este 2005, como es previsible, se acrecenterá la bibliografía quijotesca y cervantina, con desigual fortuna, como también es previsible. Tanto se ha escrito y se seguirá escribiendo acerca de tan antinómicas criaturas literarias, que la "aljuma" de este nuevo centenario aumentará la hermeneútica de las interpretaciones de la obra cervantina. Que si novela de humor, que si novela caballeresca, que ni Don Quijote estaba tan loco ni Sancho tan cuerdo. División de opiniones en torno a una obra magistral y a unas criaturas tan barrocas y asimétricas como las del atrabiliario Don Alonso Quijano y su no menos atrabiliario y fiel escudero. De mil maneras serán presentados en actos políticos, culturales y patrióticos a los españoles de ahora que, salvando las distancias y las nuevas fisonomías étnicas, son los mismos españoles divididos en dos clases, como dijo un viejo político del XIX : los tradicionalistas, que todo lo fían al milagro sobrenatural, y los racionalistas, que todo lo fían a la lotería en sus diversas suertes.
Quijotes y sanchos de un destino ya no tan común, con sus "maragales", "carods" e "ibarretxches", sus "chaves", sus "gallardones" y "bonos" descabezando y despertando viejos sueños muy propios de este teatro barroco que es la política de España. Ahí están montados en sus "rocinantes" alegóricos dispuestos a enredar y desenredar caminos en nombre de sueños nacionalistas, viejas esencias de la patria común y otras económicas y no económicas quimeras, mientras los "sanchos" del patio de butacas aplauden o tiran huevos al escenario de la antigua y nueva farsa. Sin olvidarme de los que todavía siguen representando autos sacramentales y en otro nombre, en el de Dios, se erigen en tribunales de la conciencia ajena en estos tiempos laicos. Todo un puro escenario quijotesco.
De todo habrá en este año del cuarto centenario del Quijote y conviene estar prevenidos. Advierte Trapiello en su artículo que "habrá quienes quieran preservar a Don Quijote en usufructo exclusivo en sus academias, gabinetes y departamentos universitarios". Nadie, ni los políticos, ni los bibliófilos, ni tan siquiera los manchegos, deberá tener el usufructo de obra tan singular en la que, como se decía en un poema que leí en la infancia, "España aprendió a leer y el mundo aprendió a pensar".
Una exageración patriótico-poética, evidentemente. Porque el libro y sus personajes no sólo son patrimonio de nuestra hermosa lengua castellana sino de todos los pueblos y lenguas del mundo. No en vano ha sido traducida a casi todos los idiomas y dialectos una obra literaria que habla sólo de una criatura, el hombre, como un personaje escindido en sus variantes más terrenales: la de la locura y la de la sensatez, la del idealismo y la del egoismo.
Dos almas tan gemelas como la humanidad que va a celebrar el cuarto centenario de un libro prodigioso. Porque mientras el mundo exista Don Quijote seguirá cabalgando como un imaginario perseguidor de sueños y utopías, por mucho que Sancho siga queriendo hacerlo entrar en razones.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Aljuma (2005 ) » Respuesta

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