Carles Riba (Barcelona, 1893-1959)
Carles Riba nació y murió en Barcelona. Fue profesor de literatura en la Escuela de Bibliotecarias y de griego en la Universidad de Barcelona; trabajó como traductor de la Fundació Bernat Metge, y como colaborador de Pompeu Fabra en el diccionario normativo que éste publicaría en 1932, bajo los auspicios del Institut d'Estudis Catalans, del que Riba sería también miembro numerario a partir del mismo año. Exiliado en Francia en 1939, se sintió impulsado, en aras de su magisterio entre la juventud catalana, a afrontar un regreso, acaso prematuro, lleno de dificultades. De 1952 a 1954 representó a los poetas catalanes en los congresos de Segovia, Salamanca y Santiago. Su poesía parte de una orientación novecentista —primer y segundo libro de "Estances" ("Estancias", 1919 y 1930), modelados con referencias a Ausiàs March y a la poesía petrarquista para adentrarse en la tradición simbolista en “Tres suites” (1937). La experiencia del destierro lo llevó a una honda reflexión sobre la propia identidad individual y la colectiva —“Elegies de Bierville” (Elegías de Bierville, 1942)—, para muchos, el libro más representativo del autor. “Del joc i del foc” (“Del juego y del fuego”, 1946), “Salvatge cor” (“Corazón salvaje”, 1952) y “Esbós de tres oratoris” (“Esbozo de tres oratorios”, 1957) reflejan las proyecciones experimentales, intimistas y religiosas de su última etapa. El mismo sentido creativo que en su obra poética se aprecia en sus traducciones: Homero, Sófocles, Plutarco, Hölderlin, Cavafis y otros. Sus comentarios críticos están recogidos en los volúmenes “Escolis” (“Escolios”, 1921), “Els marges” (“Los márgenes”, 1927), “Per comprendre” (“Para comprender”, 1937) y “...Mes els poemas” (“...Más los poemas”, 1957).
ELEGÍA II
¡Súnion! Te evocaré desde lejos con un grito de alegría, tú y tu sol leal, rey de la mar y del viento: por tu recuerdo, que me yergue, feliz de sal exaltada, con tu absoluto mármol, noble y antiguo yo como él. Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas que en el fondo de tu salto, bajo la onda riente duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura, por el marinero, que ve por ti bien dirigido su rumbo; por quien, ebrio de tu nombre, a través del matorral desnudo va a buscarte, extremo como la certidumbre de los dioses; por el desterrado que entre estas sombrías arboledas te vislubra súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal! y conoce por tu fuerza la fuerza que contra el azar le salva, rico de lo que dio y puro en su ruina.
Traducción de Alfonso Costafreda ”Carles RIBA, Obra poética”, Ed. Ínsula, Madrid, 1956
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