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Cuidado con las palabras
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» Cuidado con las palabras
¡ CUIDADO CON LAS PALABRAS ¡.

CARLOS RIVERA

Por el camino verde van estos días las palabras como un querer demostrativo. Pero no se preocupen, son promesas inocuas para el hombre avisado, frondoso de preguntas, sin más garantía que su desilusión a prueba de políticos. De los labios ubérrimos de los actuales gobernantes salen jaculatorias útiles en forma de pesetas. El dios dinero es el que quita o da la confianza simbólica del voto. Es así como hay que demostrarle al hombre económico de hoy la majestad de las palabras. No cuesta nada rebajarlas a la especulativa necesidad de fé en la vida. Ni elevarlas a la altiva arrogancia de las grandes fusiones capitalistas. Dios dinero contempla al hombre corriente, asalariado, pequeño empresario, pensionista, ama de casa heroína del día a día, como un objeto de codicia al que se puede dar una expresión lingüística : consumidor. Es así como funciona el sistema. Unos manejan las palabras para el sumo bien de la riqueza privada. Otros son manejados por las palabras en su fórmula mágica de gran promesa vacía de contenido pero que suena como angélica música de fondo de la gran comedia-tragedia de la política. Considerada en frío la cuestión, la lingüística es la gran culpable. Al calor doctrinal de una vaga promesa electoral de exención o rebaja de tal o cual impuesto, las palabras van enredando en su propio laberinto al ciudadano que aún no ha perdido la fé del transeunte de la democracia. Es así como el poder político subvenciona al poder económico : con palabras para los necesitados que votarán, por necesidad coyuntural, el ayuntamiento contra natura del banquero prodigioso y la estrella de las telecomunicaciones. O el matrimonio de conveniencia oligopólica de los que suministran la gasolina para el coche y los que proporcionan el alimento doméstico del gas natural y de la luz eléctrica.
Este es el paisaje futurista que aparece en el horizonte, con Internet por medio, detrás de las palabras, de las bellas palabras que prometen eximir a las pequeñas empresas del IAE, de ceder a los municipios el IRPF o el IVA. Este es el gran significado de la palabra liberalización. Para quien administra la peseta diaria, todo un dilema. Porque, si eso sucede, si el Estado promete tanta rebaja impositiva ¿ quien pagará los platos rotos?. ¿ O es que los gastos sociales y las infraestructuras, competencias de un Estado que cede tantos impuestos, van a pagarlos los capitalistas generosos unidos en la gran ceremonia reinante de las fusiones y las confusiones, que tienen, como único objetivo, rendir al alienado consumidor a sus pies ?. Antes de que se termine tanta dicha fingida para el hombre corriente, es de obligatoria necesidad advertir sobre los peligros de la semántica en vísperas de elecciones, no vayan a pensar que somos todos inocentes criaturas analógicas idiotizadas. Cuidado, pues, con las palabras vertiginosas, con los infinitivos del gran sermón de la montaña sin ideas, lleno de bienaventuranzas linguísticas para la inquieta conciencia del bolsillo del pobre. Huyamos de los cantos subjuntivos de las sirenas aritméticas, de las grandes declaraciones de bondad para el contribuyente, sutilmente diabólicas.
Por el camino verde de las palabras engañosas se pueden ganar unas elecciones, dado que las palabras sirven para ocultar el pensamiento de quien las pronuncia en forma de promesas económicas de difícil cumplimiento, si nos atenemos a los hechos de una sociedad desigual, con un Estado de derechas que pretende liberalizarlo todo, para que pase, por ejemplo, lo que ha pasado con el tema de los carburantes. Se nos dijo que al existir más competencia se abaratarían los precios. Y el resultado está a la vista : un gran oligopolio fragmentado, nominalmente, pero unido en el único objetivo de la sumisión del consumidor a sus normas de encarecimiento contínuo. Un claro ejemplo de cómo las palabras saben a donde van, pero no adonde nos llevan. “Liberalización” era la clave oculta, un simple ideologema estratégico para que los tiburones del proceloso mar de las finanzas se vuelvan insaciables.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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