.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
Agua que no has de beber
 Novedades
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales
- De "Madame Bovary" a "La orgia perpetua" (fragmento)
- Lo trágico en Georges Bataille
- Georges Bataille
- Otros poemas de Jorge Teillier
- Un poeta de la tierra de nunca jamás
- Mira la mar, de Olga País
- Algunos poemas de Juana Bignozzi
- La ley tu ley de Juana Bignozzi
- Fragmento de “La insoportable levedad del ser”


Inicio » Artículos de opinión (1998-2003)

  Versión Imprimible

» Agua que no has de beber
AGUA QUE NO HAS DE BEBER

CARLOS RIVERA

Desde el proyecto regenerador de Joaquín Costa – “escuela y despensa”- a la España invertebrada de Ortega y Gasset tenemos pendiente, en este país, un viejo sueño : el Plan Hidrológico Nacional. La meteorología y el paisaje son esa eterna dualidad metafísica y desproporcionada entre un norte verdecido por la suerte y un sur ( y un este ) cuyas isobaras de la felicidad penden del hilo de las cabañuelas que puedan anunciar el acontecimiento del hecho prodigioso de la lluvia. La asimétrica distribución de los humedales y los sequeros de este paisaje contradictorio que es España no tiene solución en ningún manual de geopolítica. A no ser que un cirujano de hierro – cuestión políticamente no deseable – acometa con delicado bisturí el corte por lo sano de un reparto del agua equilibrado y justo entre el país templado y húmedo y el riguroso y sediento. Hasta el momento, ningún político democrático ha tenido el valor de jugarse los votos por el cumplimiento de los trasvases necesarios. Cada comunidad autónoma es, en este sentido, un reino de taifas. Si a ello sumamos el coste fabuloso de la empresa y los tiquismiquis del impacto medioambiental, dudo que el viejo sueño solidario y vertebrador de Costa, de Ortega y de tantos otros bienintenciados reformistas, pueda cumplirse mientras haya votos a repartir a uno y otro lado de la orilla feliz y la orilla sedienta. Y es que al norte y al sur, al este y al oeste de la Meseta Central, la Península es de por sí una dualidad presencial diferenciada hasta la desproporción económica, que es la madre del cordero de ese desequilibrio hidrológico. Nadie quiere desprenderse del agua que le sobra, por muchas promesas de compensación que se le den. Agua que no has de beber, déjala correr, sin aprovechamiento, al despilfarro de los mares, piensa el paisanaje individualista de la húmeda, mientras, al sur y al este, el paisanaje individualista del secano reclama, con justicia de siglos, que el sobrante hídrico sea el elemento compensatorio de la injusticia del paisaje.
El problema es que todo depende del delicado bisturí sin condicionamientos electorales de una decisión política que dudo que tome este gobierno hasta las últimas consecuencias. Como no la tomó, en su día, el gobierno socialista. Ni ningún otro gobierno del pasado democrático y de la dictadura. Ahora, los presidentes de las autonomías afectados por la cuestión de los trasvases, se refugian en eufemismos que dilatan el debate y el incumplimiento del solidario sueño. En Aragón, por ejemplo, donde jamás se ha llevado a cabo política reformista alguna para el aprovechamiento del agua (teniendo, como tiene, el caso de los Monegros), su presidente socialista habla de conceptos alternativos como modelo de desarrollo de la España interior o reservas estratégicas. En otras comunidades de la España lluviosa sus presidentes hablan en los mismos o parecidos términos. Sin entrar a fondo en otro factor perturbador del debate, una Ley de Aguas no consensuada, entendida por este gobierno como un recurso de mercado a disposición del que mejor pueda pagarlo. O su posible privatización. Nada extraño en un goberno tan privatizador como este. Así, pues, entre dineros y votos anda el juego sin salida de la eterna cuestión de los trasvases. En tales dimes y diretes insolidarios, y dada la imposibilidad de conquistar la democracia de la lluvia, en el este y en el sur seguiremos teniendo el alma de secano. Y si la lluvia no acontece haremos como los campesinos de mi pueblo : sentarse en el umbral del alma a echar un cigarrillo, mirando hacia lo alto, conscientes de que la lluvia, en ciertas latitudes, es un escaso don del cielo por estar donde estamos, en mitad de un paisaje bienamado por los anticiclones. La gente del secano seguirá confiando en la divina providencia, aunque dudando, estoicamente, de que sus rogativas atraigan las borrascas. Más les valiera a tan crédulos ciudadanos encaminar sus oraciones al Congreso de los Diputados y a los Parlamentos autonómicos. A ver si alguna vez suena la flauta..
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1