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BITÁCORA
Hockey sobre patinazos
Carlos Rivera
03/11/2004
Juguemos al hockey sobre patines, deporte eminentemente catalán. Hasta tal extremo que los jugadores de la selección española son todos, o casi todos, jugadores de los clubs más eminentemente catalanes. Igual ocurre con el hockey sobre hierba. Cierto que ese deporte denominado hockey ya se juega en otros lugares de España y que, incluso, en la pasada olimpiada de Atenas participaron, creo, uno o dos jugadores de Puente Genil. Pues, a lo que decía: juguemos al hockey. Somos tan buenos que en el próximo campeonato podemos tener dos selecciones participantes: la de España (los malos) y la de Cataluña (los buenos). Y uno no es que sea nacionalista de ningún signo, pero sería chocante que dos selecciones españolas se enfrenten entre ellas. Ya estamos otra vez con los delirios de los nacionalismos periféricos. Se comienza con el hockey, deporte minoritario, y se puede acabar en el fútbol, pasión de las pasiones de las masas políticas y apolíticas. ¿Se puede saber a qué estamos jugando? ¿Es que retornamos a los tiempos apostólicos y predemocráticos de aquel Mosén Xirinachs que consideraba que todos los pueblos españoles, incluido el madrileño, estaban esclavizados por la bota del Gobierno central? Pobres de nosotros, volviendo a las andadas. El día 28 de octubre se celebró en Madrid la primera conferencia de presidentes autonómicos de nuestra historia democrática. Un detalle de Zapatero. Aunque me temo que sus buenas intenciones, tan criticadas por el PP, no sean bien entendidas ni asimiladas por el paisaje político y el paisanaje que habemus . Puesto que ya nadie oculta las bazas que quiere jugar: Ibarrextche, la de la vía por donde circulan tantas dudas y el tripartito catalán, jugando al hockey sobre patines, está pegando el patinazo. Reinos de taifas, eso es lo que somos, con pequeños virreyes que no saben de qué va ni la letra ni la música de la Constitución que tenemos, que otra cuestión es que sea reformada para aumentar las posibilidades de autogobierno de los diversos virreinatos. Quitándose las máscaras, unos con la vía del tren del futuro, otros con el juego de la pelotita y el stick y otros mirando de reojo, incluido Fraga, a ver si van a convertirse en convidados de piedra de ese festín de la autodeterminación indeterminada. He tenido la oportunidad de leer un artículo de Savater titulado irónicamente "Orina pro nobis" . En otro plano de la realidad, no muy distinto al de este artículo, sostiene que "el peligroso fantasma que recorre Europa no es el etnocentrismo sino el etnologocentrismo". Dice bien el filósofo del "basta ya" al hablar del diferencialismo, patético a mi entender, de las comunidades de identidad indisoluble (¿O acaso indisalubre?). Aquí estamos jugando ya al hockey sobre patinazos, deporte que consiste en intentar atizarnos unos a otros con el palito ese del stick convertido en opinión económica, lingüística o étnica en aras de una determinada pretensión política, que, en el caso de vascos y catalanes, se llama "nacionalismo histórico" donde podría decir "segregación". Y por otra parte, que sería la más baladí, se va a proponer que cada autonomía se diferencie de las otras con sus nombres históricos o de nuevo cuño, como podrían ser el Reino de Navarra, el Reino de Murcia, la Nación Catalana, la Nación Vasca, el Principado de Asturias, etc.. Otra cosa sería retornar a los tiempos apostólicos de Xirinachs. Como esclavos que somos del Gobierno de Madrid, todos a manumitirnos y a diferenciarnos, que para eso ya está previsto en la Comunidad Europea el "plan estratégico de las regiones". Hemos comenzado por el deporte. Jugando al hockey sobre patinazos competiremos las Españas. Sólo queda saber si en la próxima olimpiada habrá diecisiete Españas compitiendo con el resto del extranjero que, en parte, seremos nosotros mismos. Y aunque la conferencia de presidentes autonómicos ha resultado positiva, me parece que estamos perdiendo, unos y otros, la razón política y que de esta invertebración, aunque sea deportiva, sólo puede salvarnos el sentido común de sentirnos habitantes de un Estado integrador con todas las posibilidades de autogobiernos posibles para sus comunidades autonómicas, pero no compitiendo unos contra otros, sea cual sea el juego de intereses, en el plano internacional.
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