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"La novia de Matisse", de Manuel Vicent
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» "La novia de Matisse", de Manuel Vicent
"¿Por qué una Virgen puede hacer un milagro si le rezas ante el altar y no en la tienda de un anticuario, si es la misma imagen? ¿En qué cambiaría "La Piedad" de Miguel Angel si en lugar de venerarse en la basílica de San Pedro fuera admirada en el Louvre?"

(Página 203 de la novela "La novia de Matisse").


La novia de Matisse, de Manuel Vicent

Editorial Alfaguara


Sólo un esteta como Manuel Vicent podía escribir un tan encendido canto a la belleza como el que plantea en "La novia de Matisse". Con más de treinta años de oficio literario a las espaldas, Vicent, con la lucidez de los grandes artistas, introduce su bisturí en las entretelas del mundo del arte, lo disecciona, lo retrata, analiza las pasiones que se agitan en su seno y lo hace con la destreza magistral del finísimo observador que siempre ha sido. Vicent, en cierto modo, se asemeja al estoico que, impasible, se sienta en el umbral de su casa a ver pasar la vida, pero, al contrario que aquél, el escritor participa de lo lúdico, se extasía ante lo bello y, tras digerirlo y disfrutarlo, nos lo comunica con su decir luminoso y mediterráneo. Lo ha hecho siempre. Desde que inició su andadura como escritor, no ha cesado de brindarnos un espléndido catálogo de imágenes que, como perlas engarzadas a su prosa, nos azotan los sentidos y nos deslumbran. La pluma de Vicent es, por decirlo de algún modo, un pincel que revela con pulso tenue los más delicados matices de un atardecer o de un simple plato de ensalada. Ese estilo corre en ocasiones (hablo de otras obras) el riesgo de adormecerse en un simple esteticismo decadente y huero. Nada más alejado de la realidad. "La novia de Matisse" es una excelente muestra de mesura. En esta novela no hay alharacas, el barroquismo brilla por su ausencia y la lucidez es demoledora.
Tres personajes le sirven a Vicent para elaborar su personal análisis del arte y la belleza; apenas uno para plasmar su teoría, la teoría fundamental de esta novela. “La belleza te sana, te salva, te hace inmortal por sólo entregar tu vida a ella como hacen los místicos con Dios” (p. 204). La afirmación brota de los labios de uno de los personajes fundamentales de la novela, Michel Vedrano, marchante de arte, intermediario y principal proveedor de obras para el matrimonio que forman Luis Bastos y Julia. Bastos es un simple hombre de negocios que decide invertir en obras de arte en esa época en que “la especulación en obras de arte estaba a punto de alcanzar su cota máxima, y una legión de reventas, intrusos, nuevos galeristas y millonarios recientes con dinero negro se habían apoderado de ese negocio” (p. 207). Vicent, a través de los personajes de Vedrano y Bastos, nos retrata ese mundo en que el dinero se mezcla con el arte y en el que los cuadros tienen siempre un valor relativo e independiente de su belleza.
El descubrimiento de esa belleza, el aprendizaje de ella, la “educación de ese punto de la mirada que es por donde empieza el alma”, correrá a cargo de Julia, esposa de Bastos y protagonista principal de la novela, mujer con escasa preparación cultural y enferma de leucemia que, columpiándose entre la vida y la muerte, verá cómo cambia su vida y su modo de mirar el mundo cuando la belleza del arte irrumpe en ella para trastocarle sus principios. Vicent está magistral en el retrato de esa danza que Eros y Tánatos ejecutan en la pista de baile del alma de Julia. Escapando a lo melodramático y huyendo de la truculencia sexual en que podría derivar un triángulo amoroso tratado por otras manos, Vicent se contiene y busca la esencia de las palabras. De esa tarea de contención y comunicación nos queda un recuerdo lánguido pero imperecedero. Dejar pasar esta novela por nuestro lado sin leerla es desperdiciar una ocasión magnífica de comprender los mecanismos que se esconden no sólo en la contemplación artística, sino también en su creación.


Comentario de “Alberto Barrantes”

Citado de la Revista “El Ciervo”
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

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