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Venganza moruna
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Venganza moruna

Carlos Rivera

29/09/2004




Contar lo que ha contado Aznar en su primera lección en la Universidad de Georgetown es de un simplicismo impropio de una persona que ha sido presidente del gobierno de España. Que todo eso de la malignidad y consecuencias del terrorismo de Al Qaeda, como las de nuestro trágico 11 de marzo, viene del siglo VIII y de la invasión musulmana por el litoral de Tarifa, no sólo es impropio de un ex presidente español sino que da para pensar que si todas sus "clases" a los alumnos americanos son de ese nivel, mejor haría en quedarse calladito y limitarse a dar charlas sobre lo que debe dominar: el lenguaje fiscal, por su calidad de ex inspector de la Hacienda Pública. O de sus magníficas relaciones con Bush, para el que ya ha comenzado a ser un viejo y casual conocido durante una tertulia política en una remota isla de las Azores.
Porque, vamos, remontar los orígenes del terrorismo islamista a los tiempos de la batalla del Guadalete es saltarse a la torera siglos de historia, de civilizaciones unas veces encontradas y otras veces enfrentadas y reducirlo todo a un esquema maniqueísta de moros rencorosos que han dedicado todos esos siglos a preparar una venganza calculada contra unos cristianos como nosotros que habíamos bajado la guardia desde los tiempos de la Reconquista.
Es como si resumiéramos los acontecimientos históricos en un cuentecillo que podría llevar el mismo título de aquel de Blasco Ibáñez titulado Venganza moruna . Que no, señor Aznar, que no es eso. Vaya usted a los libros de Historia, refresque sus ideas y pondere todo lo que ha ocurrido desde entonces en este caótico mundo que sus peligrosas amistades políticas han envilecido y caotizado desproporcionadamente inventándose guerras preventivas como esa última de Irak que tanta sangre y desvelos está costando cada día. Sepa, señor ex presidente, que cuando Tarik y Muza alcanzaron nuestras costas ni siquiera existía esa entidad política llamada España que usted ha tenido el privilegio de gobernar a lo largo de ocho años.
Ellos, los árabes, se quedaron ocho siglos durante los cuales hubo de todo: desde tolerancia religiosa y cultural hasta luchas instentinas de poder entre los reinos fraccionados. Cuando, por fin, España alcanzó la unidad política y fueron expulsados judíos y moriscos tal vez perdimos la ocasión histórica de esa alianza de civilizaciones a la que se ha referido Zapatero en la ONU, tal vez ingenuamente, como afirman sus adversarios de la derecha y su corte mediática, pero en cualquier caso preferible por bienintencionada a la política de enfrentamiento entre Oriente y Occidente que algunos postulan.
Aquel periodo de convivencia español entre tres religiones, tres culturas, fue un posible y enriquecedor modelo histórico con el que dio al traste la intolerancia de una de las partes, no hace falta citarla. Aquellos moros, moriscos y judíos eran tan españoles como usted y como yo, señor ex presidente. Estaban integrados en pueblos y ciudades, cultivando los campos, creando riqueza. Y usted habla desde la sequedad de un castellano de Castilla, obviando de un plumazo tantos siglos de historia transcurridos y atribuyendo los orígenes del terrorismo islámico a un rencor inexistente.
"Nuestra tradicional amistad con los pueblos árabes" ha sido una coletilla política de nuestras vicisitudes como nación, gobernara quien gobernara, hasta que usted, señor Aznar, tuvo la peregrina idea de apoyar unilateralmente y sin el menor atisbo de consenso la malhadada guerra de Irak. No venga ahora a decirnos que Ben Laden es el rencoroso heredero directo de Tarik y Muza y que los atentados del 11 de marzo son la directa consecuencia de Covadonga, la batalla del Guadalete, la de Lepanto o la de las Navas de Tolosa. Ni un niño de primaria podría creer ese simplicísimo argumento con el que usted ha ilustrado, señor Aznar, sus tesis antiterroristas en la Universidad de Georgetown. Una de ellas, para ser más concreto. La "venganza moruna" del cuento de Blasco Ibáñez estaba referida a las pasiones humanas. La del cuentecillo del ex presidente sirve para excusar sus peligrosas decisiones del reciente pasado. Porque ya sería duro de creer, como dice Llamazares, que los conocimientos históricos de Aznar provengan sólo de la "científica" Enciclopedia Alvarez.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Bitácora (2004) » Respuesta

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